La advertencia surge del análisis del Matías Garcete, docente e investigador de la carrera de Derecho de la Universidad Americana, quien recientemente abordó el fenómeno en su artículo “La instrumentalización de los influencers para el lavado de activos” y, en conversación con InfoNegocios, explicó que la lógica del lavado parte justamente de ocultar el origen ilegal de determinados bienes o activos para luego incorporarlos a la economía y darles una apariencia lícita.
“Esto consiste en ocultar todo ese origen irregular, ilegal, criminal de los bienes y buscar incorporarlos a la economía y darle apariencia lícita”, señaló.
En ese esquema, aclaró que la actividad de un influencer es lícita por sí misma. El problema surge cuando esos ingresos, productos u operaciones comienzan a vincularse con activos de procedencia ilícita. Además, por tratarse de una economía digital, el dinero puede incluso tener origen en operaciones realizadas fuera del país y posteriormente ingresar a través de una actividad desarrollada localmente.
Cuando la publicidad no es lo que parece
Uno de los mecanismos que plantea Garcete es la posibilidad de una publicidad ficticia: una empresa supuestamente contrata a un influencer, realiza una transferencia y genera la apariencia de que existe una prestación comercial detrás de ese dinero, cuando, en realidad, la operación podría ser inexistente o no guardar relación con el monto pagado.
Algo similar puede ocurrir con las ventas de productos propios. Un influencer puede tener una tienda, una línea de ropa o cualquier otro artículo asociado a su marca personal. En un escenario de lavado, fondos de origen ilícito podrían utilizarse para generar o incrementar ese stock y posteriormente comercializarlo de manera aparentemente normal.
El punto es que el producto puede efectivamente terminar llegando a un comprador real. La persona compra una remera, un calzado u otro artículo de buena fe e incluso recibe su comprobante. Sin embargo, el origen del dinero utilizado para generar esos productos puede estar oculto detrás de la operación comercial.
“Esos activos ilícitos se incorporan, diríamos, a sus ingresos, a los ingresos propios que ellos tienen, a través de los pagos comerciales”, explicó.
Para el especialista, justamente ahí aparece una de las dificultades: una vez que el dinero atraviesa distintas operaciones comerciales, puede perderse de vista su origen inicial. La venta posterior puede ser completamente normal, pero haber servido para transformar un activo irregular en un ingreso aparentemente legítimo.
¿Qué pasa con los pagos que llegan del exterior?
Que un creador de contenido reciba dinero desde otro país no significa que exista una irregularidad. La cuestión pasa por poder explicar el origen y respaldar la operación.
Garcete señaló que las recomendaciones internacionales apuntan a un mayor control sobre las actividades comerciales de los influencers, bajo una lógica similar a la que se aplica a otros actores económicos: demostrar de dónde provienen los activos que ingresan al sistema y cuál es la actividad que los justifica.
En ese sentido, una de las señales que podría generar atención son los montos elevados que no cuentan con respaldo real o que no guardan relación con la capacidad económica, la audiencia o los productos que ofrece una determinada persona.
También planteó que la formalización tributaria, por sí sola, no necesariamente despeja todas las dudas. Una operación puede tener factura y, aun así, requerir un análisis sobre el origen previo de los fondos.
“Ahí puede ser que el fisco se esté beneficiando, pero, sin embargo, ya esa es una forma de regularizar el activo ilícito. Entonces, no es que ahí ya sea el punto final. Antes tiene que estar el control”, sostuvo.
Rifas, sorteos y el dinero que circula en redes
Las rifas y los sorteos promocionados en redes sociales también aparecen entre las actividades que pueden requerir mayor atención. No porque realizar un sorteo sea irregular, sino porque, según explicó, estas operaciones pueden utilizarse para justificar determinados movimientos de dinero.
El análisis debería considerar cómo se generó la recaudación, cuál era el origen del producto o premio, si el sorteo efectivamente se realizó y cómo se distribuyeron posteriormente los fondos. Para Garcete, estas actividades deberían avanzar hacia mayores niveles de formalización y control, considerando el alcance que hoy tienen las personas que las promocionan.
La digitalización cambió, además, la escala del fenómeno. Antes, para desarrollar determinadas operaciones comerciales era necesario contar con una empresa formal, estructura y documentación. Hoy, una persona con una audiencia importante y un teléfono puede generar una actividad económica de considerable alcance.
“Son vehículos de lavado. Es como que están cambiando los tiempos y también la forma de lavar activos”, afirmó.
Seguir el dinero
Para detectar este tipo de situaciones, Garcete plantea que no alcanza con mirar solamente el ingreso final. Se debe reconstruir la operación hacia atrás: de dónde vino el dinero, quién lo aportó, qué servicio o producto supuestamente lo generó, cómo se documentó y qué ocurrió posteriormente con esos fondos.
En su artículo, justamente plantea la necesidad de contrastar la operación declarada con la efectivamente realizada y observar también la trazabilidad de los recursos.
El influencer puede quedar en medio de esa cadena: primero, como parte de una actividad comercial utilizada como cobertura y, luego, como vía para que los fondos aparezcan como ingresos legítimos. En algunos casos, el mecanismo puede continuar con la adquisición de vehículos, inmuebles u otros bienes e incluso con posteriores operaciones de compraventa.
Por eso, el tamaño de la audiencia, el volumen de productos, los ingresos declarados y el crecimiento patrimonial son elementos que pueden ser observados en conjunto, aunque ninguno de ellos, por sí solo, determine la existencia de un delito.
“Dinero de origen delictivo, ilícito, irregular; la operación comercial que es utilizada como una cobertura, ahí ya ingresa el influencer, porque es el vehículo de lavado y después el ingreso ya aparentemente legítimo”, resumió Garcete.