José Decoud, propietario de JDM, explicó que este tipo de situaciones no son nuevas y que muchas personas creen que la única alternativa es volver a pintar el vehículo. Sin embargo, existen productos específicos que permiten remover la pintura agregada sin atacar la superficie original.
“Muchas personas piensan que lo único que se puede hacer es pintar, pasarle virulana y destruir la pintura”, señaló Decoud.
Según explicó, existen soluciones automotrices formuladas específicamente para remover pinturas, restos de asfalto, adhesivos y otras suciedades difíciles. En el caso de los productos que comercializa JDM, mencionó una fórmula a base de solvente orgánico que encapsula la pintura para facilitar su remoción y que, aplicada correctamente, puede retirarse con un paño de microfibra.
La recomendación, en estos casos, es no improvisar y trabajar siempre sobre la superficie a la sombra. También es importante evitar métodos abrasivos que puedan afectar la capa protectora del vehículo.
El barniz es el que hay que cuidar
Moisés Centurión, chapista y propietario de Moi Garage, taller de chapería y pintura ubicado en Yaguarón, explicó que el resultado dependerá de cuánto se haya adherido la pintura y de las condiciones de la superficie.
La clave está en entender que la carrocería no es simplemente una capa de pintura. Por encima de los pigmentos existe una capa de barniz o clear, que aporta brillo y funciona como protección. Por eso, al intentar retirar el aerosol de manera agresiva, también se puede terminar afectando esa capa.
“El barniz o clear es el que protege la pintura que está abajo y da brillo”, explicó Centurión.
Cuando el aerosol no puede retirarse mediante productos específicos, una de las alternativas profesionales es realizar una corrección de pintura. El proceso puede incluir lijas de grano fino, desde 1.500 hasta números superiores, para eliminar progresivamente las marcas, seguido de una pulida técnica.
Centurión detalló que, en una corrección de este tipo, normalmente se trabaja en varios pasos: primero, con un compuesto de corte más abrasivo para eliminar las marcas generadas durante el lijado; luego, se continúa con una etapa de pulido para recuperar el brillo y, finalmente, se realiza el lustre.
“Por lo general, en estos casos se hace una pulida técnica para corregir la pintura”, indicó.
La elección entre una limpieza química, una pulida o incluso un trabajo más profundo dependerá entonces del estado del vehículo. No es lo mismo una capa superficial de aerosol que una pintura que permaneció durante mucho tiempo sobre la carrocería o que fue aplicada de manera agresiva.
¿Detailing, chapista o pulido?
La respuesta depende del daño. Si la pintura agregada está superficialmente adherida, un profesional del detailing puede evaluar la utilización de productos específicos para removerla. Si ya existe daño en el barniz o en la pintura original, puede ser necesaria una corrección mediante pulido y, en casos más severos, la intervención de un chapista y pintor.
El detailing, explicó Centurión, está justamente orientado a corregir y mantener la pintura de un vehículo, por lo que no todos los casos de aerosol significan automáticamente que haya que repintar una pieza.
En definitiva, antes de intentar borrar el “recuerdo” de una venganza con elementos de limpieza de la casa, lo más importante es determinar qué hay realmente sobre la pintura y cuánto se puede remover sin afectar la capa original.
Porque sí, sacar el aerosol puede ser mucho más sencillo —y barato— que reparar el daño causado por intentar sacarlo a la fuerza.