Paraguay atraviesa un momento de mayor dinamismo en materia de inversiones industriales. Al cierre de julio, el Régimen de Atracción de Inversiones —ex Ley N.º 60/90— acumuló US$ 448 millones en capital proyectado, un crecimiento del 32% frente a los US$ 338 millones registrados en el mismo periodo de 2025. En paralelo, fueron aprobados 116 proyectos, un 15% más que un año atrás, con una expectativa de generación de 2.621 nuevos puestos de trabajo.
Para Javier Viveros, viceministro de Industria del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), el crecimiento responde a una combinación de condiciones que están fortaleciendo el posicionamiento de Paraguay como destino productivo.
“Paraguay está atravesando un momento de mucha confianza. Tenemos estabilidad macroeconómica, energía, una estructura tributaria simple y competitiva y, lógicamente, acceso a un mercado”, explicó.
A su criterio, el país dejó de competir únicamente como una plaza de bajos costos para avanzar hacia un concepto más amplio: “una plataforma de producción competitiva de la región”.
El crecimiento del 32%, sostuvo, refleja una mayor decisión por parte de las empresas para avanzar con sus proyectos. Sin embargo, Viveros pone el foco en el siguiente paso: que las inversiones aprobadas efectivamente se ejecuten, generen empleo y amplíen la capacidad productiva del país.
Uno de los datos que más llama la atención en el acumulado a julio es la composición del capital. De los US$ 448 millones proyectados, US$ 334 millones corresponden a capital nacional, mientras que US$ 114 millones provienen del extranjero. Esto representa incrementos interanuales del 35% y 26%, respectivamente.
En otras palabras, cerca de tres de cada cuatro dólares proyectados bajo el régimen corresponden a empresarios paraguayos.
Para Viveros, este comportamiento demuestra que el sector privado local también está aprovechando las condiciones para ampliar plantas, expandir operaciones y mirar hacia nuevos mercados.
“Eso demuestra que los empresarios locales tienen también la oportunidad de ampliar sus plantas por todo el país, empezando también el proceso de neutralización, crecimiento y expansión a la región”, señaló.
Entre los sectores que actualmente muestran mayor dinamismo aparecen alimentos, textiles, metalurgia, químicos y farmacéuticos, y plásticos, actividades que concentran buena parte de los nuevos empleos proyectados. De hecho, cinco rubros reúnen el 64% de los puestos previstos: alimentos (20%), confecciones y textiles (17%), metales y sus manufacturas (9%), químicos y farmacéuticos (9%) y plásticos y sus manufacturas (9%).
El dato quizás más relevante para la política industrial es que el 73% del capital proyectado corresponde al sector secundario, que comprende manufacturas, construcción y electricidad. El 27% restante se concentra principalmente en el sector primario.
Viveros interpreta esta composición como una señal del proceso de transformación productiva que busca profundizar el país.
“Históricamente Paraguay fue un productor de materias primas. El desafío que ahora tenemos es que esas materias se puedan transformar y agregar valor en el país”, afirmó.
En ese sentido, destacó que la manufactura de origen industrial (MOI) registró un crecimiento interanual del 35%, lo que, según explicó, evidencia una mayor diversificación de la oferta exportadora paraguaya.
La estrategia, dijo, consiste en consolidar aquellas industrias en las que el país ya es competitivo, pero, al mismo tiempo, desarrollar actividades que anteriormente tenían poca presencia local y que ahora podrían encontrar condiciones para instalarse.
Entre los factores que juegan a favor mencionó la disponibilidad de energía, materia prima, estabilidad, una población joven, regímenes de incentivos y el acceso a los mercados regionales.
El crecimiento de la cantidad de proyectos y del capital proyectado abre también una pregunta sobre la calidad y sofisticación de las inversiones que están llegando.
Viveros sostuvo que el promedio ronda los USD 4 millones por proyecto y unos 25 nuevos empleos, mientras que la mayor complejidad de las industrias también está elevando las exigencias de capacitación. En esa línea, indicó que el MIC trabaja en coordinación con el Ministerio de Trabajo para incorporar mayores capacidades técnicas.
“Queremos seguir creciendo en los sectores tradicionales, pero tenemos que empezar a disputar inversiones de mayor contenido tecnológico”, afirmó.
Entre los sectores que el Gobierno busca captar mencionó dispositivos médicos, farmacéutica, electrónica, autopartes de mayor complejidad, industria forestal con valor agregado, fertilizantes y nuevas industrias vinculadas a la disponibilidad energética del país.
La apuesta, en definitiva, ya no pasa únicamente por sumar fábricas. “No queremos medir nuestra política industrial solamente por cuántas fábricas abrimos. También tenemos que medirla por lo que producimos, qué tecnología incorporamos, cuánto conocimiento queda en Paraguay y cuánto valor agregado generamos”, remarcó.
El salto de los capitales proyectados a la inversión efectivamente ejecutada aparece como uno de los principales desafíos. Según Viveros, por lo general, los proyectos que llegan a esta instancia ya se encuentran en fase de construcción y algunos incluso están operando.
La consolidación de este proceso será clave para que los US$ 448 millones proyectados se traduzcan en mayor capacidad instalada, empleos y producción.
El viceministro también reconoció que Paraguay no puede confiar únicamente en sus ventajas actuales frente a la competencia regional. Brasil, Argentina, Uruguay y otros mercados están buscando captar las mismas inversiones.
“Tenemos muchas ventajas, pero no podemos quedarnos con eso”, advirtió.
En su visión, el país debe seguir avanzando en infraestructura, logística, formación de capital humano, digitalización del Estado, simplificación de trámites y previsibilidad regulatoria.
Sobre las perspectivas para el cierre de 2026, Viveros evitó realizar una proyección concreta. “No me gustan las proyecciones”, respondió, aunque dejó una expectativa clara: “Claramente deberíamos superar lo alcanzado en 2025”.
Con siete meses del año ya acumulados, el desafío para Paraguay será, entonces, transformar el mayor apetito inversor en una nueva etapa industrial: más producción local, más integración regional y, especialmente, inversiones capaces de dejar tecnología, conocimiento y mayor valor agregado dentro del país.
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