La desesperación, los pensamientos negativos y las preocupaciones ocupan todo el espacio, y hasta las situaciones más cotidianas pueden sentirse difíciles de manejar. La ansiedad puede aparecer en medio de períodos de incertidumbre, cambios o situaciones de mucha presión y, cuando alcanza niveles elevados, puede afectar el descanso, la concentración y la manera en que nos relacionamos con los demás.
Aunque sentir ansiedad es una respuesta natural del organismo ante situaciones que percibimos como amenazantes, el problema aparece cuando esa sensación se vuelve difícil de controlar o comienza a interferir con la vida diaria. Augusto González, psicólogo clínico con casi 10 años de experiencia, explicó que su aparición puede responder a distintos factores, entre ellos, una predisposición genética, el estrés, las experiencias traumáticas y determinados hábitos de consumo.
“Las personas ya tienen una tendencia o predisposición genética a padecer ansiedad, pero esa predisposición puede activarse con cuestiones de la vida, situaciones de estrés y traumas”, comentó. También señaló que sustancias como la cafeína, las bebidas energizantes y el alcohol pueden influir en estos estados, por lo que recomienda prestar atención a su consumo, especialmente durante períodos de mucha tensión.
Qué hacer cuando la ansiedad se vuelve intensa
Cuando la ansiedad aumenta y sentimos que estamos perdiendo el control, uno de los primeros pasos es intentar bajar el ritmo y prestar atención a lo que está pasando en nuestro cuerpo. “Hay que trabajar con la respiración, realizar respiraciones profundas y tomarse unos minutos para recuperar la calma, evitar el contacto con noticias sobre el tema hasta estabilizarse”, mencionó González.
Reconocer que estamos atravesando un episodio de ansiedad también puede ayudar a no alimentar el miedo que generan sus propias sensaciones. En esos momentos, buscar un espacio tranquilo, disminuir los estímulos y apoyarse en alguien de confianza puede ser útil para atravesar el episodio.
Sin embargo, el profesional destaca que no todo debe resolverse individualmente. Cuando las preocupaciones se vuelven constantes, afectan el sueño o impiden desarrollar las actividades habituales, es importante acudir a un psicólogo. La atención profesional permite comprender qué está generando ese malestar y desarrollar herramientas para manejarlo.
“Buscar ayuda para poder tener herramientas para saber cómo lidiar con esto”, recomendó, al insistir también en la necesidad de dejar atrás los prejuicios que todavía existen sobre la salud mental.
Una alternativa es realizar ejercicios de conexión con el presente. Una técnica sencilla consiste en identificar cinco cosas que se pueden ver, cuatro que se pueden tocar, tres que se pueden escuchar, dos que se pueden oler y una que se pueda saborear. Este ejercicio permite desviar la atención de los pensamientos que generan preocupación y concentrarse en lo que sucede alrededor.
La actividad física suave, como caminar unos minutos, estirar el cuerpo o realizar movimientos tranquilos, también puede contribuir a liberar tensión. Del mismo modo, mantener una rutina de descanso, alimentarse adecuadamente y procurar momentos de desconexión durante el día ayudan a cuidar el bienestar emocional.
Es importante recordar que estas medidas pueden servir como apoyo en un momento de ansiedad, pero no reemplazan la atención profesional.
Otro aspecto importante es diferenciar aquello que está a nuestro alcance de lo que no podemos cambiar. Según González, permanecer atrapados en pensamientos constantes sobre situaciones cuyo desenlace no depende de nosotros puede aumentar el malestar y dificultar la búsqueda de soluciones.
Por eso, aprender a reconocer las emociones, evitar refugiarse en estimulantes y pedir acompañamiento cuando sea necesario forman parte del proceso de cuidado.
Atravesar momentos de ansiedad no significa ser débil ni tener que poder con todo. A veces, detenerse, hablar de lo que nos pasa y aceptar que necesitamos ayuda es el primer paso para recuperar el equilibrio. Cuidar la salud mental también implica darse permiso para no tener todas las respuestas y buscar apoyo antes de que el malestar termine ocupando cada espacio de la vida.