Según explicó Antonio Huertas, presidente de Mapfre, el nuevo branding no responde a una decisión estética aislada, sino a una evolución estratégica alineada con el propósito de la compañía. “Cuidamos lo que importa, nuestro nuevo branding refleja todos nuestros valores fundamentales: solvencia, integridad, servicio, innovación y un equipo multicultural y diverso. Es una reafirmación de quiénes somos hoy y de hacia dónde queremos ir”, señaló.
El histórico color rojo, uno de los sellos más reconocibles de Mapfre, se mantiene, aunque con una actualización que lo vuelve más vibrante y luminoso. “El rojo simboliza energía, pasión y confianza, valores que guían nuestra relación con clientes y colaboradores”, indicó Huertas. A esto se suma una nueva iconografía y un ecosistema sonoro que refuerzan la accesibilidad y la conexión emocional, proyectando una imagen más cercana, empática y contemporánea dentro del sector asegurador.
Uno de los cambios más visibles es el uso del logo en minúsculas, una decisión que apunta a transmitir modernidad, diálogo y proximidad. “Hoy somos una empresa que conversa de forma directa con las personas y con las empresas, y queremos que nuestra marca refleje exactamente eso”, explicó el ejecutivo. En la misma línea, el tradicional trébol de Mapfre fue reinterpretado, sus formas orgánicas representan crecimiento constante, unidad, sostenibilidad y dinamismo, sin perder la fortaleza que históricamente caracterizó a la marca.
Desde la compañía subrayan que este proceso no implica una ruptura con el pasado, más bien es una evolución coherente. “No necesitábamos una revolución, sino una evolución. Nuestra marca ha funcionado bien durante décadas, pero ya no reflejaba del todo la enorme transformación que hemos vivido como empresa”, dijo Huertas. En ese sentido, el rediseño busca equilibrar tradición y modernidad, manteniendo intactos los valores esenciales mientras se adapta a las nuevas expectativas del mercado.
El impacto esperado del cambio de marca va más allá de lo visual. Mapfre apunta a consolidar su identidad global, fortalecer la confianza y mejorar la conexión con públicos más jóvenes, sin descuidar a sus clientes históricos. “Todas las compañías tradicionales enfrentamos el desafío de conectar con nuevas generaciones, cuyos patrones de consumo son diferentes. Este cambio refuerza nuestra estrategia de innovación, digitalización y desarrollo de nuevos servicios”, sostuvo el presidente.
En cuanto a la inversión, Huertas fue claro. “Una marca mejor posicionada no es un coste, es una inversión”. En el contexto de una compañía que factura más de 30.000 millones de euros al año, el foco no está en la cuantía, sino en el valor estratégico del proyecto. El despliegue de la nueva identidad se realizará de forma gradual y programada en los próximos trimestres en los 38 países donde Mapfre opera con su marca, respetando particularidades locales y evitando cambios abruptos.
Para asegurar una implementación coherente, la empresa desarrolló un Manual de Marca y actualizó su Espacio de Marca digital, facilitando a corredores, partners y colaboradores todos los recursos necesarios. Además, se activó una estrategia de comunicación y acompañamiento para garantizar una adopción uniforme.