Según datos de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), el país exportó US$ 597 millones FOB en granos de maíz durante 2025, con un volumen total de 3,5 millones de toneladas. Estas cifras reflejan un salto notable respecto al año anterior: los ingresos aumentaron 85%, mientras que el volumen exportado creció 89%, confirmando el buen momento del rubro en un contexto internacional desafiante para otros productos agrícolas.
El desempeño del maíz resulta especialmente relevante si se observa su peso dentro del comercio exterior. En 2025, el cereal explicó aproximadamente el 5,4% de las exportaciones totales del país y cerca del 21% de las exportaciones del complejo agrícola, consolidándose como uno de los productos de mayor dinamismo dentro de la canasta exportadora paraguaya.
Desde el punto de vista productivo, el buen resultado estuvo estrechamente vinculado a la expansión del maíz de segunda. Durante la campaña 2024/2025, en la Región Oriental se registraron cultivos de maíz en siete departamentos, con una superficie estimada de 55.400 hectáreas en la zafra principal. Sin embargo, la zafriña fue la gran protagonista, al extenderse a 12 departamentos y alcanzar alrededor de 1.099.197 hectáreas, lo que marcó un fuerte incremento del área destinada al cultivo.
En conjunto, ambos ciclos productivos totalizaron unas 1.154.605 hectáreas sembradas con maíz, en línea con la estrategia de diversificación de los cultivos de verano y la búsqueda de mayor eficiencia en el uso del suelo. Esta expansión también respondió a condiciones climáticas favorables y a la adopción de prácticas productivas que permitieron maximizar rendimientos y reducir riesgos.
Un factor clave en este esquema es la amplia utilización de la siembra directa sobre rastrojos de maíz, una práctica habitual en Paraguay. Este sistema contribuye a mejorar la estructura y la salud del suelo, reduce la erosión y disminuye la necesidad de insumos fitosanitarios, generando beneficios tanto económicos como ambientales para los productores.
Más allá del impacto exportador, el maíz mantiene un rol estratégico en el mercado interno. Su versatilidad productiva permite abastecer el consumo humano —a través del choclo y la harina de maíz—, además de cumplir una función central en la alimentación animal y en la producción de silaje. De esta manera, el cereal contribuye a optimizar los costos de suplementación en los sistemas ganaderos, avícolas y porcinos, fortaleciendo la competitividad de toda la cadena agroindustrial.
El buen desempeño del maíz en 2025 también adquiere relevancia en un contexto en el que otros productos primarios enfrentaron menores precios internacionales. En ese escenario, el cereal actuó como un amortiguador para el ingreso de divisas y reforzó la estabilidad del sector agrícola, demostrando su capacidad para adaptarse a distintos ciclos económicos y productivos.
Con estos resultados, el maíz se consolida como uno de los cultivos más dinámicos del agro paraguayo, combinando escala, eficiencia productiva y fuerte inserción en los mercados externos. De cara a los próximos años, el desafío será sostener estos niveles de rendimiento, profundizar las buenas prácticas agrícolas y seguir potenciando su aporte al crecimiento económico y a la generación de divisas.