¿En qué consiste el Plan Nacional de Industria y cuáles son sus bases y ejes de trabajo principales?
El Plan Nacional de Industria es una estrategia integral que estamos impulsando para transformar estructuralmente la economía paraguaya a través de la industrialización. No es solamente un plan sectorial; es una política pública que articula financiamiento, inversión, capacitación, desarrollo territorial y acceso a mercados. Es una política de Estado alineada con la visión de Paraguay 2X, que busca duplicar el tamaño de la economía mediante mayor productividad, inversión y exportaciones industriales.
Uno de sus ejes centrales es colocar a las micro, pequeñas y medianas empresas en el centro del modelo industrial. La industria paraguaya está compuesta mayoritariamente por mipymes y, si no fortalecemos esa base, no hay transformación posible. Por eso el plan incorpora el desarrollo de parques industriales, la formación de clústeres, la integración a cadenas de valor y, fundamentalmente, el acceso a financiamiento formal competitivo. También incluye un fuerte componente de formalización productiva, porque la formalidad es la puerta de entrada al crédito, a mercados más grandes y a procesos de mayor productividad.
Asimismo, el plan promueve la asociatividad productiva como mecanismo para fortalecer a pequeños productores e industrias, facilitar su integración en cadenas de valor y mejorar su acceso al financiamiento y a mercados más amplios.
Estamos trabajando en mejorar la productividad, incorporar tecnología y ordenar territorialmente el crecimiento industrial para que llegue a todo el país y no se concentre en pocos puntos. El objetivo es que la productividad sea medible y sostenible: no solo crecimiento nominal, sino mejora real en eficiencia y competitividad.
¿Cuáles son los objetivos centrales que persigue este plan?
El objetivo principal es aumentar el valor agregado nacional. Paraguay debe transformar más lo que produce. Queremos que nuestras exportaciones tengan mayor contenido industrial y que la industria gane peso en el PIB y en el empleo formal. También buscamos corregir la brecha en la balanza comercial de productos manufacturados dentro del Mercosur, donde hoy tenemos un déficit importante frente a socios regionales.
Un segundo objetivo es democratizar el acceso al financiamiento productivo. Hemos sido claros en que no puede haber revolución industrial si las mipymes están atrapadas en esquemas de financiamiento informal o usurero. Cuando hablamos de guerra total a la usura, estamos hablando de proteger al sector productivo y garantizar créditos dignos, sostenibles y competitivos para quienes generan empleo. La formalización y el acceso a crédito productivo competitivo son condiciones estructurales para que Paraguay pueda escalar su industria.
También buscamos aumentar la productividad, mejorar la competitividad regional y consolidar una política industrial que trascienda coyunturas. Queremos que el MIC sea un motor real de generación de riqueza y empleo, articulando inversión privada con políticas públicas eficientes.
Durante la presentación se habló de impulsar una revolución industrial. ¿A qué se refiere específicamente ese concepto dentro del contexto del plan?
La revolución industrial a la que nos referimos es un proceso de transformación estructural de la matriz productiva del Paraguay. Significa pasar de una economía con fuerte concentración en productos primarios a una economía que transforma, industrializa, incorpora tecnología y genera mayor valor agregado de manera sistemática. No se trata simplemente de producir más, sino de generar con mayor complejidad, mayor productividad e inserción internacional.
Esta transformación requiere condiciones habilitantes claras. En primer lugar, un entorno financiero adecuado. No podemos pedirles a las mipymes que sean más productivas si el sistema de crédito las asfixia. Por eso, el combate a la usura y el fortalecimiento del crédito formal son parte central de esta revolución. La industrialización necesita capital productivo accesible, estable y orientado a la inversión.
Además, implica integrar la producción local con el mercado global, aprovechar nuestra energía competitiva, fortalecer el capital humano y desarrollar infraestructura industrial adecuada. Implica también promover la asociatividad empresarial para generar escala, eficiencia y una mayor integración de las mipymes en cadenas de valor. Es una revolución porque busca modificar la estructura productiva del país y no simplemente aumentar volúmenes de producción.
¿Qué sectores productivos han sido definidos como prioritarios para impulsar la industrialización?
El enfoque no es seleccionar sectores aislados, sino fortalecer cadenas de valor estratégicas donde Paraguay ya tiene ventajas. La agroindustria con mayor procesamiento es una prioridad evidente. También sectores como alimentos procesados, forestal-maderero, metalmecánica, ensamblaje industrial y manufacturas vinculadas a la energía. Estos sectores tienen potencial para sustituir importaciones regionales y aumentar exportaciones con mayor contenido industrial.
Pero, más allá de sectores específicos, el foco está en que las mipymes de todos estos rubros puedan integrarse en cadenas productivas más complejas y acceder a financiamiento competitivo. La prioridad es la transformación productiva con valor agregado. La estrategia es sofisticar lo que ya producimos y escalarlo con tecnología, productividad y acceso a mercados.
¿Qué mecanismos se contemplan para fortalecer el encadenamiento productivo y articular a las empresas en cadenas de valor?
Estamos trabajando en varios frentes. En primer lugar, en el desarrollo de parques industriales y polos regionales que faciliten infraestructura compartida y promuevan encadenamientos efectivos entre empresas. Para ello, es fundamental articular con las gobernaciones y los municipios en la planificación y zonificación industrial, de manera de ordenar el territorio, otorgar previsibilidad y brindar mayor seguridad jurídica a las inversiones.
En segundo lugar, impulsamos la conformación y el fortalecimiento de clústeres sectoriales que permitan generar escala, especialización y mayor integración productiva, elevando la competitividad de las cadenas de valor.
En este proceso, la asociatividad entre productores y empresas cumple un rol fundamental, ya que permite generar escala, compartir capacidades, reducir costos y facilitar la integración de pequeñas unidades productivas en cadenas más amplias.
En tercer lugar, priorizamos el acceso a crédito formal y competitivo, porque sin capital de trabajo ni inversión no es posible integrarse de manera sostenible en cadenas productivas. El fortalecimiento del sistema financiero orientado a la producción es un habilitador estratégico para acelerar la industrialización y garantizar condiciones equitativas para las mipymes.
Finalmente, estamos avanzando en la mejora del entorno normativo y en la simplificación de trámites, con el objetivo de reducir costos y tiempos para producir y exportar. La eliminación de barreras internas y la mejora de condiciones para el comercio exterior son claves para una inserción más sólida en el mercado regional e internacional.
¿Cómo evalúa la situación actual de la industria paraguaya frente al desafío de una “revolución industrial”?
Paraguay parte de una base sólida. Contamos con estabilidad macroeconómica, energía eléctrica competitiva y abundante, ubicación estratégica en el corazón del Mercosur y regímenes de incentivo que han demostrado capacidad para atraer inversión productiva. La industria ha mostrado crecimiento y resiliencia en los últimos años, especialmente en segmentos vinculados a la agroindustria y la manufactura bajo regímenes especiales.
Sin embargo, todavía enfrentamos desafíos estructurales. Nuestra matriz exportadora mantiene una concentración significativa en materias primas y productos con bajo nivel de transformación. Además, existe una brecha en productividad promedio, acceso a financiamiento competitivo y nivel de sofisticación tecnológica, especialmente en el segmento de las micro, pequeñas y medianas empresas. También debemos mejorar nuestra integración en cadenas regionales de valor y reducir el déficit en manufacturas frente a socios comerciales.
El desafío, por tanto, no es comenzar desde cero, sino acelerar y profundizar la transformación. Necesitamos consolidar crédito productivo formal y competitivo, elevar estándares tecnológicos, fortalecer el capital humano, mejorar la infraestructura logística e industrial y articular de manera más eficiente a nuestras empresas dentro de cadenas de valor nacionales e internacionales.
La revolución industrial que planteamos no es un eslogan. Es una decisión estratégica de modificar progresivamente la estructura productiva del país, aumentar el valor agregado nacional y posicionar a Paraguay como una economía industrial más diversificada, competitiva e integrada al mercado global.