La idea surgió en 2023, a partir del interés de ambos por conocer y poner en valor aquellas edificaciones que no suelen formar parte de los circuitos turísticos tradicionales. Albornoz y Talavera se conocieron a través de Twitter, donde Talavera compartía fotografías, investigaciones y hasta “chismes” vinculados a edificios históricos de la ciudad.
“Belluras del CHA nace desde la curiosidad, desde querer conocer un poco más sobre el patrimonio que había en el Centro Histórico de Asunción, no solamente el que ya es promocionado por las autoridades públicas, sino también ese otro patrimonio que no se mostraba y del que no se sabía mucha información”, explicó Albornoz.
La propuesta busca que caminar por Asunción se convierta en una forma de leer la historia. Casas, palacios, palacetes y edificios históricos forman parte de los recorridos, pero el objetivo, además de observar, es entender qué ocurrió alrededor de ellos, quiénes los habitaron, qué actividades funcionaron allí y cómo fueron cambiando con el paso del tiempo.
El criterio de selección comienza, muchas veces, simplemente caminando. “Nosotros caminamos por la ciudad y decimos: ‘Che, ¿qué pasa con este edificio? ¿Por qué está así?’”, contó Agustín. La arquitectura de las fachadas, sus estilos, ornamentos y el estado de conservación se convierten en pistas para iniciar una investigación.
En ese proceso, Talavera aporta su formación como licenciado en Historia del Arte e investigador, lo que permite acceder a información que no siempre está disponible públicamente. Aun así, buena parte del trabajo consiste en reconstruir historias a partir de distintas fuentes y conectar los datos con el espacio físico.
Uno de los diferenciales de Belluras del CHA es precisamente que los recorridos no se limitan a observar los edificios desde la calle, sino que buscan ingresar a construcciones privadas e institucionales para mostrar también sus interiores. “Nosotros decíamos: ¿qué pasa adentro? ¿Por qué adentro no se puede mostrar? Y logramos hacer ese diferencial: acá entramos a estos lugares”, dijo Albornoz.
A través de sus redes sociales, especialmente Instagram, comenzaron a mostrar las edificaciones desde la perspectiva del peatón, enfocándose en detalles que normalmente pasan desapercibidos, como águilas, rostros, bustos, figuras y otros elementos presentes en las fachadas.
La respuesta del público fue inmediata, ya que las imágenes despertaron recuerdos familiares y anécdotas. “Acá venía a trabajar mi abuelo”, “mi padre compraba cosas acá” o “esto antes era un almacén” son algunas de las historias que comenzaron a aparecer en los comentarios y conversaciones.
Así, el patrimonio dejó de ser solo arquitectura y pasó a convertirse también en memoria colectiva. Desde su primera edición, Belluras del CHA fue ampliando su convocatoria. Comenzaron con alrededor de 40 personas y, posteriormente, los recorridos llegaron a reunir entre 60 y 80 participantes por edición. Hasta ahora realizaron aproximadamente 24 recorridos, con la expectativa de acercarse a los 30.
Pero el impacto buscado va más allá de organizar caminatas. Uno de los objetivos centrales es demostrar que el patrimonio puede tener nuevos usos y volver a formar parte de la vida activa de la ciudad.
Un ejemplo concreto es el edificio Staudt, ubicado sobre Mariscal Estigarribia e Iturbe. Belluras comenzó a mostrarlo cuando se encontraba en estado de abandono. Tres años después, el inmueble funciona como centro cultural, tras ser alquilado y puesto en valor por la Secretaría Nacional de Cultura.