La operación se realizó por vía terrestre, con salida desde el punto de inspección de Chaco’i, transitando por Argentina hasta llegar a Uruguay. Para el sector, el hecho trasciende el volumen inicial despachado y se posiciona como una señal de validación sanitaria y comercial para un rubro que aún se encuentra en etapa de expansión productiva.
En diálogo con nuestro medio, Carmen Berni, directora general técnica del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), explicó que Uruguay es un mercado particularmente exigente. “Además de los requisitos de calidad e inocuidad, este destino contempla la ausencia de Perrilla virgata, una plaga cuarentenaria que no está presente en Paraguay, y cuya verificación pone en valor los programas de vigilancia que desarrolla el Senave”, señaló.
Según la funcionaria, el cumplimiento de estos requisitos es posible gracias a los sistemas permanentes de monitoreo y vigilancia fitosanitaria, orientados a conocer el estatus de plagas de interés comercial. En el caso de la pitahaya, uno de los principales focos está puesto en la mosca de la fruta, considerada una de las mayores trabas al comercio internacional por su impacto transversal sobre múltiples cultivos frutales.
Aunque se trata de un rubro aún incipiente, Berni destacó el alto potencial exportador de la pitahaya. “Es una fruta que crece naturalmente en el país, pero que no es tan conocida. Desde hace tiempo se viene promoviendo su cultivo y hoy empezamos a ver resultados concretos”, indicó. No obstante, aclaró que el Senave no maneja datos precisos sobre superficie o volumen productivo, ya que su rol se centra en la certificación sanitaria, la calidad y la inocuidad.
En cuanto a la estructura productiva, la directora precisó que ya existen varios productores registrados, localizados en departamentos como Alto Paraná, Minga Guazú y Guayaibí. Precisamente desde esta última zona provino la carga exportada, a cargo de Visionero SA, una empresa con experiencia en otros rubros frutícolas como banana y piña, y con planes de avanzar en aguacate y otras frutas con potencial exportador.
Más allá de la pitahaya, desde el Senave confirmaron que otros productos no tradicionales también muestran perspectivas de exportación, entre ellos mango, mamón, aguacate y arándanos, además del kaki, que ya cuenta con envíos en curso. En todos estos casos, la sanidad vegetal y el control de plagas continúan siendo factores determinantes para el acceso a mercados externos.
Berni explicó que los programas de vigilancia se sostienen durante todo el ciclo del cultivo, especialmente cuando existen destinos potenciales identificados. “Algunos países exigen demostrar que el cultivo está libre de determinadas plagas o solicitan ensayos laboratoriales y monitoreos continuos. Para eso necesitamos sistemas activos y trazables”, afirmó.
Respecto a los próximos mercados, el interés inicial se concentra en países de la región, con Argentina y Uruguay como principales focos. A medida que los exportadores avancen en gestiones comerciales, el Senave trabaja en intercambiar información fitosanitaria con sus pares internacionales, un paso clave para la apertura de nuevos destinos.
Finalmente, la directora hizo un llamado a los productores interesados en exportar a contactarse de forma anticipada con la institución. “No se trata solo de fitosanidad. También hay reglamentos de calidad e inocuidad que cumplir y buenas prácticas agrícolas que consolidar, tanto para los productos de exportación como para el mercado interno”, concluyó.
El debut exportador de la pitahaya confirma que los cultivos emergentes comienzan a encontrar oportunidades concretas fuera de las fronteras, con respaldo técnico y sanitario, y con un horizonte de negocio que empieza a tomar forma.