Este desempeño refleja no solo la estabilidad institucional del país charrúa, sino también el éxito de su modelo de economía diversificada, que combina una agroindustria de alta productividad con un creciente sector de servicios y tecnología. El caso uruguayo demuestra cómo las economías más pequeñas pueden superar a los gigantes regionales cuando logran especializarse en sectores de alto valor agregado y mantener políticas consistentes a lo largo del tiempo.
En el segundo y tercer lugar del podio regional se ubican Panamá y Costa Rica, con un PIB per cápita de US$ 20.754 y US$ 20.134, respectivamente, ambos países con sólidos sectores estratégicos que impulsaron su desarrollo. Panamá continúa aprovechando su posición geográfica privilegiada y la fortaleza de su centro logístico y financiero, mientras que Costa Rica supo construir una economía atractiva para la inversión extranjera en tecnología y servicios avanzados, complementada con un turismo ecológico de primer nivel. Estas tres naciones ejemplifican cómo la combinación de estabilidad, apertura comercial y apuesta por sectores dinámicos puede traducirse en mayores niveles de bienestar para la población.
En el extremo opuesto de la tabla, las disparidades regionales se hacen más evidentes, con Haití ocupando el último lugar con un PIB per cápita de apenas US$ 2.444, seguido por Venezuela con US$ 2.972 y Nicaragua con US$ 3.084. El caso venezolano resulta particularmente llamativo, pues se trata de un país con inmensas reservas de recursos naturales que, sin embargo, no ha logrado traducir esa riqueza potencial en bienestar para sus ciudadanos debido a años de crisis institucional y económica.
Haití, por su parte, continúa enfrentando desafíos estructurales que limitan su desarrollo, desde la fragilidad institucional hasta la recurrencia de desastres naturales que dificultan cualquier intento de despegue económico sostenido.
Paraguay se ubica en el puesto 13 del ranking latinoamericano con un PIB per cápita de US$ 7.324, una posición que lo sitúa por encima de sus vecinos sudamericanos Bolivia y Venezuela, aunque todavía distante de los líderes regionales. El dato adquiere relevancia al analizarlo en perspectiva histórica, pues evidencia el camino recorrido por la economía paraguaya en las últimas dos décadas.
Mientras países como Argentina enfrentan crisis recurrentes que estancan su crecimiento durante más de medio siglo, Paraguay logró mantener una trayectoria ascendente que le permite acercarse paulatinamente a los niveles de ingreso de naciones tradicionalmente más desarrolladas en la región.
El economista Jorge Garicoche, de Mentu, ofrece claves para interpretar estos números más allá de su valor superficial, explicando que el PIB per cápita constituye un gran indicador de crecimiento económico porque mide cómo se expande la economía y resulta interesante para analizar el desarrollo, aunque advierte que no es el mejor de todos los indicadores disponibles. “De manera esperada, puede verse que quienes tienen el PIB per cápita más alto también gozan de más derechos básicos, aunque siempre queda la pregunta sobre si el sistema educativo genera países con ingresos más altos o si es a la inversa, una discusión larga que admite múltiples interpretaciones”, reflexionó el especialista.
Garicoche profundizó en las limitaciones del indicador, señalando que “uno se encuentra con situaciones donde el PIB per cápita es interesante, pero después observa una profunda desigualdad en los ingresos para diferentes estratos sociales, como en el caso de Zimbabue, donde encontraron petróleo y el PIB se disparó, pero eso no generó bienestar para la población”. Esta advertencia resulta particularmente relevante para América Latina, una región caracterizada por altos niveles de inequidad, donde el crecimiento económico no siempre se traduce en mejoras tangibles para los sectores más postergados. El desafío para los países de la región no es solo crecer, sino hacerlo de manera inclusiva.
¿Cómo estamos por casa?
En el caso específico de Paraguay, el análisis adquiere matices alentadores, según el economista, quien destacó que hace poco tiempo se cuentan con datos confiables sobre este tipo de mediciones y que, al observarlos, se evidencia que en los últimos 20 años el país experimentó un crecimiento importante, especialmente si se lo compara con Argentina, que viene atravesando dificultades desde hace cinco décadas. Garicoche subrayó que, al medir el PIB per cápita, se observa que Paraguay mantiene un indicador en ascenso y recién ahora comienza a acercarse a los niveles argentinos, lo que significa que está disminuyendo brechas históricas. Este proceso de convergencia, aunque todavía incipiente, representa una señal positiva para un país acostumbrado a mirar desde atrás el desarrollo de sus vecinos más grandes.
La fotografía del PIB per cápita latinoamericano en 2026 muestra, en definitiva, una región de contrastes donde coexisten economías que han logrado insertarse exitosamente en cadenas de valor globales con otras que permanecen atrapadas en trampas de bajo crecimiento. Para Paraguay, los números indican que va por el camino correcto en términos de crecimiento, pero el verdadero desafío será sostener ese ritmo en el tiempo mientras se asegura que la riqueza generada llegue a todos los estratos sociales.
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