Hace aproximadamente seis años decidió dejar el trabajo de oficina que tenía y apostar de lleno por el arte. Aunque estudió Diseño Industrial y siempre tuvo una inclinación artística —su mamá también pinta—, durante mucho tiempo no tuvo claro cómo convertir esa pasión en una actividad profesional.
“Siempre tuve la vena artística. Desde chica siempre pinté, siempre supe que me quería dedicar a algo que sea el dibujo o la pintura”, contó Solana en conversación con InfoNegocios.
El primer impulso llegó de manera bastante natural. Amigos y conocidos sabían que pintaba y comenzaron a pedirle murales. Uno de esos primeros trabajos, realizado por encargo de un conocido, le permitió descubrir que aquello que hacía por gusto también podía convertirse en un negocio.
Al principio no tenía demasiada experiencia y reconoce que algunos de esos primeros trabajos probablemente hoy los haría de otra manera. Pero se animó. A medida que los clientes quedaban conformes, las recomendaciones fueron haciendo el resto.
“Me di cuenta de que también a la gente le gustó, como que era una posibilidad de que yo me pudiera dedicar a eso”, explicó.
Con el tiempo, los pedidos fueron creciendo y también se diversificaron. Lo que comenzó con murales terminó llevándola a trabajar en eventos, pintar en vivo, intervenir vidrieras y realizar trabajos sobre distintas superficies. También llegaron proyectos para empresas, bares y otros espacios comerciales.
En ese camino, una buena parte de su trabajo se construyó a través del boca a boca y de las redes sociales. Instagram se convirtió en una vidriera para mostrar lo que hacía y, al mismo tiempo, en una herramienta para conseguir nuevos clientes.
Un mural no es solo pintar una pared
Para Solana, uno de los aspectos más interesantes del muralismo es que no existen dos trabajos iguales. El cliente puede llegar con una idea muy definida o darle mayor libertad creativa, pero cada proyecto termina siendo diferente.
La pared puede ser interior o exterior, estar ubicada en altura o no, tener determinadas características y requerir materiales o herramientas específicas. A eso se suma el diseño, que puede ir desde algo sencillo hasta una intervención mucho más elaborada.
Por eso, explica que no trabaja con un precio único por metro cuadrado. El presupuesto se arma en función del proyecto completo y de todos los factores que implica realizarlo.
“Cada proyecto es súper personalizado. No te puedo decir un monto así, esto por metro cuadrado, porque varía mucho”, señaló.
Incluso una pared grande no necesariamente significa un trabajo más costoso si el diseño es sencillo, mientras que una superficie menor puede requerir mucho más tiempo y trabajo artístico.
Entre sus trabajos recientes recuerda especialmente un mural realizado para una carnicería boutique, una experiencia que destaca por el resultado, y por la idea que plantearon los propietarios y por la libertad que tuvo para desarrollarla.
El desafío de recuperar la libertad creativa
Después de años de trabajar principalmente por encargo, Solana atraviesa ahora una nueva etapa. Además de continuar con los murales y otros proyectos comerciales, comenzó a desarrollar cuadros y obras de autoría propia.
La decisión responde a una necesidad que, según explica, aparece con el tiempo en quienes trabajan como artistas por encargo: recuperar parte de la libertad creativa.
“Como artista, uno siempre tiene la necesidad de esa libertad creativa que, de repente, cuando uno ya se va de trabajo en trabajo, se va perdiendo”, comentó.
Aunque en un mural puede poner su sello personal, existe una idea, una necesidad o un pedido del cliente que debe respetar. Encontrar el equilibrio entre lo que busca quien contrata el trabajo y lo que quiere expresar la artista se convirtió así en parte de su oficio.
Por eso, su objetivo ahora es combinar ambos mundos: continuar con los proyectos personalizados que construyeron su carrera y, al mismo tiempo, abrir espacio para sus propias obras.
Empezar sin una gran inversión
Para quienes quieren ingresar al mundo del arte, Solana tampoco considera que exista una cifra determinada que necesariamente haya que reunir para comenzar.
En su caso, la inversión inicial fue relativamente pequeña porque los primeros trabajos llegaron a través de personas que ya conocían lo que hacía. Con el tiempo, sí fue incorporando herramientas y materiales, entre ellos una buena escalera y elementos para dibujar y pintar, pero explica que muchos de esos gastos posteriormente se contemplan dentro del presupuesto de cada proyecto.
Su principal recomendación para quien tiene ganas de probar es mucho más sencilla: empezar.
“Podés hacer una pared de tu casa donde tengas y animarte y probar. No te sale bien, pintás de vuelta de blanco y probás, probás, probás”, sostuvo.
También considera que las redes sociales redujeron una de las barreras de entrada para quienes quieren mostrar su trabajo. Publicar, generar contenido y encontrar a las personas interesadas puede hacerse sin necesidad de realizar una gran inversión.
“Lo que uno necesita es animarse a hacer y a mostrar el trabajo y no tener vergüenza”, afirmó.
Asunción, San Bernardino y trabajos a medida
Actualmente, Solana concentra buena parte de sus trabajos en Asunción y Central. Durante el verano también suele recibir proyectos en San Bernardino, mientras que ocasionalmente trabaja en Ciudad del Este. También recibe consultas desde otros puntos del país, aunque no todos los presupuestos terminan concretándose.
Su propuesta, bajo el nombre de Solana Murales & Co, abarca desde murales personalizados hasta intervenciones en eventos, vidrieras, espacios comerciales y otras superficies. En paralelo, continúa desarrollando su faceta como artista con cuadros y obras propias.
Más que vender una medida o un producto estándar, su trabajo parte de una idea y se adapta al espacio, al cliente y al resultado que se busca.