El ajo paraguayo busca una nueva oportunidad en el mercado local. En General Artigas, Itapúa, productores de la agricultura familiar están logrando multiplicar sus rendimientos mediante un esquema de asistencia técnica impulsado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), que combina capacitación, mejores prácticas agrícolas e incorporación de tecnología.
La nueva fórmula productiva empieza a reflejarse en los números: agricultores que anteriormente obtenían entre 3.000 y 4.000 kilos por hectárea hoy alcanzan rendimientos de entre 8.000 y 9.000 kilos por hectárea, un salto que prácticamente duplica la productividad y cambia las perspectivas del cultivo.
El acompañamiento técnico se convirtió en una pieza clave para ordenar el manejo del cultivo, desde la preparación del suelo hasta la cosecha. Técnicos del MAG realizan un seguimiento permanente de las parcelas, brindando recomendaciones sobre fertilización, control sanitario, manejo del agua y otros factores que impactan directamente en la calidad y cantidad del producto obtenido.
Uno de los principales cambios fue la incorporación de sistemas de riego y herramientas que permiten reducir los riesgos climáticos. La disponibilidad de agua en momentos críticos del ciclo del cultivo permite mejorar el desarrollo del bulbo y obtener ajos con mejores características comerciales.
Además, el programa contempla el acceso a insumos como semillas certificadas, fertilizantes y defensivos agrícolas, elementos que anteriormente representaban una limitación para muchos pequeños productores. Con estos recursos, la producción comenzó a transitar hacia un modelo más tecnificado y orientado al mercado.
Actualmente, productores organizados de los comités Santa Librada y Eraty forman parte de esta iniciativa que busca consolidar nuevamente a General Artigas como una zona referente para la producción de ajo en el país.
El desafío detrás del crecimiento productivo es ganar participación frente al ajo importado. Paraguay depende en gran medida de las compras externas para abastecer la demanda interna, por lo que aumentar la oferta nacional aparece como una oportunidad para generar ingresos dentro de las comunidades rurales y fortalecer una cadena productiva local.
La estrategia no apunta solamente a producir más, sino también a mejorar la calidad y la comercialización. El objetivo es avanzar hacia sistemas que permitan almacenar, clasificar y acondicionar el producto para ofrecerlo durante más tiempo en el mercado, evitando que la producción quede limitada únicamente al periodo de cosecha.
La experiencia de Itapúa muestra cómo la combinación entre conocimiento técnico, inversión e infraestructura puede cambiar el resultado económico de un cultivo. Para los productores, el ajo deja de ser una alternativa secundaria y empieza a posicionarse como un negocio con mayor potencial de rentabilidad.
Con mejores rendimientos y una producción más organizada, el ajo nacional busca recuperar terreno en las mesas paraguayas y convertirse en una opción competitiva frente al producto que llega desde el exterior.