Para Larissa Chase, directora ejecutiva de ICA y economista, el principal hallazgo es contundente: “Todavía hay una valoración muy fuerte de la democracia y de los procesos electorales como mecanismo de resolución política, incluso en un contexto de orden global cambiante”.
Uno de los datos más relevantes del estudio, -compuesto por una muestra de 4.032 encuestados-, es la posición de Paraguay frente a una eventual transición política en Venezuela. El 62% de los encuestados considera que debe ser el propio pueblo venezolano el que lidere el proceso a través de elecciones, un porcentaje que coloca al país entre los que más respaldan una salida democrática.
En contraste, solo el 5% de los paraguayos cree que Estados Unidos debería liderar esa transición, incluso por debajo del promedio regional. “Ese dato habla de una defensa de la soberanía y de la capacidad de los países para resolver sus propios procesos políticos”, explicó Chase.
Sin embargo, esa defensa no es absoluta.
Narcoterrorismo y dictaduras: las líneas que cambian la opinión
Cuando la encuesta avanza sobre las circunstancias en las que Estados Unidos podría justificar una intervención en América Latina, el panorama se vuelve más complejo. En Paraguay, cerca del 40% considera válida una intervención para frenar el narcoterrorismo, y un 23% la justificaría por intereses económicos estratégicos.
“Ahí aparece una multiplicidad de causales que no se ve con tanta fuerza en otros países. Paraguay es uno de los casos donde más se acepta la idea de un ‘corrector externo’ en situaciones extremas”, señaló Chase. El contraste más fuerte se da con México, donde el rechazo a cualquier intervención estadounidense es mayoritario incluso frente a dictaduras o crimen organizado.
Impacto económico: aliados, comercio y reposicionamientos
Más allá de la lectura política, el estudio también abre una ventana al impacto económico. Según Chase, un fortalecimiento del liderazgo estadounidense en la región podría consolidar a sus aliados estratégicos, entre ellos Israel y Taiwán, países con los que Paraguay mantiene vínculos comerciales relevantes.
“Eso puede traducirse en ventajas comerciales y diplomáticas, pero también plantea desafíos, como la necesidad de equilibrar relaciones dentro del Mercosur, especialmente con Brasil”, advirtió.
En un contexto donde aún no hay reglas claras del nuevo tablero global, Chase prefirió hablar de un “orden cambiante” antes que de un nuevo orden mundial. “Todavía se está discutiendo qué modelo de comercio, de alianzas y de liderazgo va a prevalecer”, sostuvo.
Medir para decidir
Para ICA, el mensaje de fondo es metodológico pero profundamente político: en tiempos de alta incertidumbre, los datos importan más que nunca. “Los tomadores de decisión necesitan saber qué piensa la gente. Escuchar a la ciudadanía es clave para diseñar políticas sostenibles”, concluyó Chase.
Así, Paraguay parece moverse entre dos convicciones: defender la democracia como principio, pero sin cerrar la puerta a soluciones pragmáticas cuando la seguridad y la economía entran en juego.