Un estudio realizado en el Reino Unido mostró que las mujeres de entre 18 y 44 años destinan, en promedio, £ 554 al mes (equivalente a unos US$ 9.000 al año) a tendencias de belleza y bienestar. El gasto incluye desde suplementos como colágeno y sérums con ácido hialurónico hasta tratamientos clínicos como inyecciones para perder peso o rellenos estéticos. Este fenómeno está impulsado por la publicidad dirigida, la influencia constante de redes sociales como Instagram y TikTok, y la proliferación de productos virales que prometen soluciones rápidas.
La saturación de opciones en el mercado europeo también genera una reacción crítica entre los consumidores: más de la mitad de quienes participan en estas tendencias admiten sentirse abrumados por la complejidad de las rutinas de bienestar modernas, y muchos reconocen que gastan más de lo que deberían tratando de verse jóvenes y saludables. Este desgaste ha provocado un retorno nostálgico hacia prácticas más básicas, como dormir bien, beber agua y pasar tiempo al aire libre.
Mientras tanto, en América Latina, millennials y generación Z no solo aumentan el consumo de productos y experiencias relacionadas con la salud y el bienestar, sino que están transformando el concepto mismo de lo que significa cuidarse. Un informe global de McKinsey & Company revela que estas generaciones están ampliando los límites del mercado hacia áreas como salud mental, nutrición funcional, estética con propósito, longevidad y bienestar emocional.
Según los datos del estudio, millennials y Gen Z ya representan una parte importante del gasto en bienestar en mercados avanzados como Estados Unidos y tienen un impacto similar en Latinoamérica, adoptando soluciones innovadoras y personalizadas a través de plataformas digitales. La salud mental, impulsada por mayores niveles de estrés, y la búsqueda de formas más eficaces de autocuidado son prioridades crecientes en toda la región.
En América Latina, el autocuidado se traduce no solo en adquirir productos, sino en integrar prácticas que atienden cuerpo y mente. Desde aplicaciones de meditación hasta nutrición a medida, muchos jóvenes prefieren experiencias que generan un impacto real en su calidad de vida. Además, la expansión del turismo de bienestar y la adopción de prácticas preventivas subrayan que la industria está dejando atrás las categorías tradicionales y se orienta hacia un enfoque integral.
El contraste entre Europa y Latinoamérica también se observa en las percepciones culturales: mientras en Europa prevalece una mezcla de fascinación y agotamiento frente a la sobrecarga de tendencias, en América Latina el enfoque se desplaza hacia la utilidad y la personalización. Las marcas que triunfan en el mercado latinoamericano entienden que el bienestar ya no es un lujo, sino una práctica cotidiana que responde a aspiraciones profundas de salud, equilibrio emocional y propósito.
Las implicancias para las empresas son claras: en Europa, los consumidores demandan claridad, simplicidad y autenticidad ante un mercado saturado de “lo último de lo último”; en Latinoamérica, la clave está en ofrecer soluciones integradas que combinen productos, servicios y herramientas digitales respaldadas por evidencia científica. En ambos casos, millennials y Gen Z lideran el cambio, definiendo no solo cómo se gasta el dinero, sino cómo se concibe y se vive el bienestar en el siglo XXI.