Farías Sosa calificó como “muy positivo” el tercer encuentro realizado en 2025, que reunió a más de 300 productores provenientes no solo de Alto Paraná, sino también de Caaguazú, San Pedro, Cordillera, Misiones, el Chaco e incluso del exterior. El evento se llevó a cabo pese a una intensa lluvia que superó los 150 milímetros en el primer día, lo que no impidió la participación masiva ni el intercambio técnico. “La piscicultura es un rubro que viene creciendo de forma sostenida y ya no se limita a una sola región del país”, destacó.
Según datos manejados por APROM, Paraguay cuenta con cerca de 3.000 piscicultores activos, aunque el perfil productivo es todavía mayoritariamente de autoconsumo. “Más del 90% produce para consumo familiar o ventas muy puntuales, especialmente en Semana Santa. Sin embargo, ese 5% que produce de manera comercial concentra cerca del 75% del volumen que llega al mercado, con mayor inversión en tecnología y escala”, explicó la dirigente. A este grupo se suman pequeños emprendimientos de pesque-pague y ferias locales, una modalidad que viene ganando aceptación en distintas ciudades.
El crecimiento del sector no solo se mide en toneladas, sino también en impacto social. Farías Sosa subrayó que muchos productores comenzaron con volúmenes mínimos —50 o 100 kilos— y hoy venden hasta 200 kilos semanales, generando una renta adicional que mejora de forma tangible la calidad de vida de las familias rurales. “La piscicultura está transformando realidades. No es solo economía: es empleo, arraigo y seguridad alimentaria”, sostuvo.
En términos productivos, la tilapia lidera ampliamente la oferta, representando cerca del 60% de la producción comercial. Su rápido crecimiento —listo para consumo en menos de seis meses—, buena conversión alimenticia y versatilidad culinaria la convierten en la especie más demandada por restaurantes, hoteles y consumidores. Le siguen el pacú, el mandi’i, las carpas, además de especies como dorado, boga y surubí, mientras que el salmón de agua dulce comienza a explorarse de manera incipiente, aunque con desafíos de costo y tiempo de engorde.
La presidenta de APROM remarcó también el rol ambiental de la piscicultura, al reducir la presión sobre la pesca extractiva y contribuir a la preservación de la fauna íctica de los ríos. En paralelo, se observa un cambio cultural en el consumo: algunas escuelas del Alto Paraná ya incorporaron pescado en el menú semanal, y cada vez más restaurantes suman platos a base de pescado por sus beneficios nutricionales, especialmente por su aporte de Omega 3 y Omega 6.
De cara al cuarto Encuentro de Piscicultores, las expectativas son altas. La organización confirmó la presencia de especialistas internacionales en calidad de agua, manejo de altas densidades y tecnología productiva, junto a técnicos nacionales con amplia experiencia. “Queremos profesionalizar aún más el sector y mostrar que Paraguay tiene condiciones para seguir creciendo”, afirmó Farías Sosa.
Con pasos “cortos pero constantes”, como definió la dirigente, la piscicultura paraguaya avanza hacia una mayor escala productiva, diversificación y consumo interno. “No solo estamos sembrando peces —concluyó—, estamos sembrando el futuro de la alimentación y del desarrollo rural del país”.