Lo que antes quedaba en las fincas por no cumplir con los estándares de tamaño o apariencia, o se perdía durante el transporte y la comercialización, ahora busca convertirse en un producto con valor agregado. La Asociación de Productores Orgánicos (APRO) avanza en el desarrollo de una línea de pastas orgánicas y libres de gluten elaboradas a partir de excedentes agrícolas.
La iniciativa forma parte de un proyecto apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), denominado “Rescate de alimentos desperdiciados en campo y las mermas en la comercialización para su transformación en harinas especiales y otros productos con valor agregado”. El proyecto contempla una inversión de G. 100 millones destinada a equipamiento, infraestructura y capacitación.
Pablino Ferreira, gerente de APRO, explicó a InfoNegocios que la idea nació de una problemática que los productores arrastran desde hace años: una parte importante de la cosecha queda fuera del circuito comercial pese a mantener condiciones adecuadas para el consumo.
“De primera calidad solamente se trae lo que el mercado necesita. Gran parte de la producción queda en finca por la forma o el tamaño”, señaló. A esto se suman las mermas generadas por el manipuleo en supermercados, el transporte y otros puntos de la cadena comercial.
La organización comenzó a trabajar en el aprovechamiento de estos excedentes en 2021, inicialmente con la elaboración de harinas. En el proceso llegó a desarrollar cerca de 20 tipos de harinas a partir de frutas, tubérculos y hortalizas. Posteriormente, APRO identificó que el desafío no era solamente producir la harina, sino también encontrar formatos que resultaran sencillos para el consumidor.
De allí surgió el siguiente paso: convertir esas materias primas en pastas.
La base de la nueva línea estará compuesta por mandioca y batata, incorporando diferentes vegetales para generar variedades nutritivas y visualmente atractivas. Entre las materias primas utilizadas se encuentran zanahoria, remolacha, locote rojo, cúrcuma, jengibre, espinaca y perejil.
La organización incluso experimenta con combinaciones como remolacha y rosella, zapallo y calabaza, además de pastas verdes a base de espinaca, perejil y otras hojas. La intención es desarrollar hasta cinco colores y variedades, con especial atención al público infantil.
El proyecto también incorpora tecnología para mejorar la conservación de los alimentos. Las hortalizas pasan por un proceso de escaldado a 95 °C durante unos 30 segundos y posteriormente son enfriadas en agua con hielo. Este procedimiento permite conservar mejor el color y el sabor, además de mejorar el proceso de deshidratación.
Además, determinados productos son congelados a -18 °C, lo que permite almacenar excedentes durante los períodos de mayor producción para utilizarlos posteriormente en épocas de menor oferta. De esta manera, APRO busca también reducir la estacionalidad y mantener disponibles determinadas hortalizas durante todo el año.
La inversión del Conacyt permitió incorporar un equipo para el proceso de escaldado, una cámara frigorífica y una estructura para la elaboración y el moldeado de las pastas, además de capacitación especializada. Se estima que unas cuatro personas estarán involucradas directamente en esta etapa productiva.
APRO nuclea actualmente a unos 200 productores, con organizaciones de base en Central, Cordillera, San Pedro y Caaguazú. La sede y el centro de acopio se encuentran en Itauguá.
El proyecto ya completó las primeras pruebas de industrialización y calidad. Actualmente, la organización trabaja en el packaging y en los permisos sanitarios necesarios para la comercialización. La expectativa es comenzar a vender las pastas en sus propios locales a partir de septiembre, mientras que el ingreso a supermercados está proyectado para 2027, bajo la marca Ecoagro.
Para Ferreira, el negocio no termina en las pastas. La evolución natural apunta hacia alimentos cada vez más elaborados, como sopas, cremas y preparaciones congeladas o liofilizadas.
“Antes pensábamos que tener materia prima era lo principal, pero después la gente quería productos ya listos”, explicó. Con esa lógica, APRO busca que el excedente agrícola deje de ser un costo o una pérdida y se convierta en una fuente adicional de ingresos para el productor.
El objetivo, en definitiva, es cerrar el círculo: menos desperdicio en el campo, mayor aprovechamiento de la producción, más valor agregado y nuevas alternativas de consumo.