La provisión de alevines fue realizada por la Entidad Binacional Yacyretá, directamente a la Asociación de Piscicultores de Coronel Bogado. Sin embargo, el seguimiento productivo, la capacitación y la asistencia técnica permanente están a cargo del Viceministerio de Ganadería, a través del Departamento de Acuicultura del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).
En entrevista con InfoNegocios, Simón Ponce, coordinador del rubro de piscicultura del Viceministerio de Ganadería, explicó que el foco institucional no está únicamente en la entrega de peces, sino en asegurar que esos alevines se conviertan en producción comercializable. “Nuestro trabajo es enseñar cómo sembrar, cuánto alimentar, con qué balanceado trabajar y cómo manejar la calidad del agua durante todo el ciclo productivo”, señaló.
En la ciudad de Coronel Bogado, la piscicultura tiene un perfil bien definido. Entre el 80% y el 90% de la producción local está concentrada en el pacú, una especie nativa de los ríos de la región que se destaca por su buena aceptación en el mercado y su potencial de crecimiento. En condiciones adecuadas, el pacú alcanza en promedio 1 kilo de peso por año, aunque ese rendimiento depende directamente del manejo del estanque, la alimentación y la oxigenación del agua.
La Asociación de Piscicultores de Coronel Bogado reúne a unos 45 productores registrados. La mayoría cuenta con estanques propios, aunque también existen esquemas de uso compartido, donde algunos socios producen utilizando la infraestructura de otros. Cada estanque suele estar diseñado para albergar entre 300 y 500 peces, lo que explica por qué la entrega de 3.100 alevines, si bien significativa, no cubre toda la capacidad instalada y debe ser reforzada con compras adicionales.
Desde el punto de vista productivo, el nivel de conocimiento técnico es alto. “Es una asociación bien afianzada, con experiencia en limpieza de estanques, procesos sanitarios y manejo del engorde”, indicó Ponce. El principal cuello de botella hoy pasa por el costo y la disponibilidad del balanceado, un insumo clave que impacta directamente en la rentabilidad del productor. Ante esa situación, algunos recurren a restos de horticultura u otros insumos alternativos para reducir costos, siempre bajo recomendaciones técnicas.
Más allá de la producción primaria, uno de los grandes diferenciales del modelo de Coronel Bogado es el valor agregado. El pacú entero con vísceras se comercializa entre G. 35.000 y G. 40.000 por kilo, mientras que el pescado limpio puede alcanzar hasta G. 45.000 por kilo. Sin embargo, el verdadero salto económico se da en los productos procesados: empanadas, hamburguesas y chorizos de pescado, que llegan a venderse a valores cercanos a G. 160.000 por kilo.
Estos productos se comercializan en ferias permanentes en la zona, en Encarnación y también en Asunción, especialmente en fechas clave como la Semana Santa, considerada el principal pico de demanda del año para la piscicultura. En ese período, se activa una cadena que involucra a productores, centros de pesca y pague, transporte, procesamiento y venta final.
En Itapúa existen al menos tres centros de pesca y pague identificados, que durante la temporada alta suelen abastecerse de pequeños productores que no cuentan con infraestructura turística propia. De esta manera, el ingreso generado por el consumo de pescado se distribuye a lo largo de toda la cadena productiva.
Con una mortandad promedio estimada en torno al 20% durante el ciclo de engorde —considerando factores sanitarios, depredadores y traslado—, el sector mantiene márgenes atractivos. El desafío hacia adelante pasa por reducir costos de producción, especialmente del balanceado, y seguir fortaleciendo la industrialización, para que el pacú continúe consolidándose como un negocio que corre y gana terreno en la acuicultura nacional.