“El país tiene recursos enormes y uno de los proyectos de titanio más importantes del mundo”, afirmó Víctor Fernández, presidente de la Cámara Paraguaya de Minería (Capami), al describir el estado actual del sector minero metálico en Paraguay. Actualmente, el único metal que ya se encuentra en fase de explotación es el oro, particularmente en la zona de Paso Yobai, mientras que el resto de los minerales avanza en etapas de exploración y evaluación.
El proyecto de titanio, considerado el más ambicioso del país, se localiza en el departamento de Alto Paraná, en una franja que se extiende aproximadamente desde Hernandarias hasta la zona de Katueté. Según datos del sector, el yacimiento cuenta con recursos estimados en unas 3.600 millones de toneladas de mineral, con una concentración cercana al 13% de titanio, además de hierro y vanadio. “Estamos hablando de volúmenes que no tienen comparación con otros proyectos en el mundo”, sostuvo Fernández.
Este potencial no es nuevo. En noviembre de 2010, un artículo de BBC Mundo ya advertía sobre el descubrimiento de lo que podría ser el mayor yacimiento de titanio del planeta en Paraguay. En aquella publicación, el medio internacional señalaba que estudios preliminares realizados por geólogos extranjeros ubicaban al país como un actor capaz de influir en el mercado global del titanio, tanto por volumen como por calidad del mineral. La nota también mencionaba la posibilidad de inversiones millonarias y una vida útil del yacimiento que podría extenderse por varias décadas, posicionando a Paraguay como un proveedor estratégico a largo plazo.
Quince años después, esas proyecciones históricas comienzan a alinearse con un escenario más concreto. De acuerdo con Fernández, el proyecto de titanio se encuentra finalizando la fase de exploración en varios bloques y se encamina hacia la etapa de evaluación técnica. “Estimamos que en unos cuatro años podríamos iniciar la fase de desarrollo y comenzar la construcción de la infraestructura necesaria, siempre que los permisos y concesiones avancen con normalidad”, explicó.
La administración de este emprendimiento, así como de dos proyectos de uranio en Paraguay, está a cargo de Uranium Energy Corp, una firma estadounidense con amplia trayectoria en minería de uranio en Estados Unidos y Canadá. En el país, la empresa gestiona además dos proyectos uraníferos ubicados en los departamentos de Caazapá y Caaguazú, ambos próximos a culminar la fase exploratoria.
En términos de impacto económico y social, el proyecto de titanio se perfila como un fuerte generador de empleo. Fernández estimó que la futura planta minera demandará entre 700 y 900 puestos de trabajo directos, además de una importante cantidad de empleos indirectos durante las etapas de construcción y operación. “Esto va a requerir capacitación, formación técnica y mano de obra calificada en distintos oficios”, indicó, mencionando electricistas, técnicos, choferes y personal especializado.
Más allá del empleo, desde Capami destacan el efecto macroeconómico que podría tener la minería metálica. “Estos proyectos van a permitir diversificar la economía, desarrollar infraestructura y contribuir al equilibrio de la balanza comercial”, afirmó Fernández. Por el volumen proyectado de producción y exportación, el titanio podría convertirse en uno de los principales generadores de divisas del país en el mediano y largo plazo.
Si bien Paraguay cuenta desde hace años con explotaciones de minerales no metálicos —como caleras, canteras de granito, arena y piedra triturada— destinadas principalmente al sector de la construcción, el avance del titanio y otros metales marca un punto de inflexión. De concretarse los plazos previstos, el país podría pasar del hallazgo histórico señalado por la prensa internacional a un megaproyecto industrial que lo posicione como líder global del mercado del titanio hacia 2030.
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