Para Leiva, la clave de este enfoque está en el entendimiento del contexto local de cada obra: “Como parte de nuestra política ambiental y social, tenemos la implementación de las especificaciones técnicas ambientales generales”, explicó, subrayando que la educación ambiental no es facultativa, sino obligatoria en todos los proyectos que lleva adelante la institución.
La coordinadora ambiental destacó que estas actividades formativas no solo se dirigen al personal técnico y obrero, sino también a las comunidades cercanas a las intervenciones. “Tenemos el programa de educación ambiental, que es obligatorio, y se hace en el marco de todas las obras que forman parte del MOPC”, afirmó, resaltando la importancia de involucrar a los vecinos en la gestión ambiental.
Leiva detalló que los contenidos de las capacitaciones varían según el proyecto y sus necesidades específicas, e incluyen temas como gestión de residuos, protección de cursos hídricos, uso del suelo y patrimonio cultural. En sus palabras, “el rol del especialista ambiental es identificar los aspectos prioritarios para sensibilizar y concienciar al respecto”, lo que permite adaptar las acciones a cada realidad territorial.
En este sentido, la ingeniera explicó que existen dos grandes líneas de trabajo: “las capacitaciones dirigidas al personal forman parte de la mitigación de impactos directos, mientras que las actividades con la comunidad corresponden a la mitigación de impactos indirectos”. Esta diferenciación busca garantizar que tanto quien ejecuta la obra como quien la habita comprendan su papel en la protección del entorno.
Aunque recientemente varios actores públicos han recordado la importancia de la educación ambiental en fechas simbólicas, desde el MOPC insisten en que este enfoque trasciende un día del calendario y se integra de forma constante en las obras. Leiva lo sintetizó así: “A través de la educación ambiental nosotros podemos dejar un impacto positivo a largo plazo”, destacando que el aprendizaje y la concienciación no terminan cuando concluye el trabajo físico.
La coordinadora también hizo hincapié en el carácter socioambiental de este enfoque. “Si bien se llama educación ambiental, es un programa socioambiental”, dijo, precisando que la gestión de infraestructura debe incluir la participación activa de las comunidades para que comprendan los beneficios de los proyectos y adopten prácticas de cuidado ambiental.
Este enfoque implica que cada obra se analice según sus características particulares y que se apliquen medidas específicas para atender los impactos que genera. De esta manera, la construcción pública incorpora criterios ambientales y sociales en su planificación y ejecución, involucrando tanto a los equipos técnicos como a las comunidades del área de influencia.