Según detalló Bejarano, el Gobierno trabaja dentro de un esquema de cooperación con el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF). En ese marco, el Viceministerio prepara los términos de referencia para contratar a un consultor que se encargue de alinear jurídicamente las regulaciones de ambos países vecinos. “Antes de hablar de plazos, necesitamos que el negocio sea viable desde el punto de vista técnico y legal”, sostuvo.
El viceministro remarcó que durante todo el último año las autoridades mantuvieron reuniones técnicas orientadas a destrabar los aspectos clave del proyecto. Ese proceso incluye no solo la adecuación normativa, sino también obras internas en Argentina y negociaciones todavía abiertas con compradores en Brasil y vendedores en el mercado argentino. “Es un trabajo previo indispensable para que la obra pueda avanzar”, señaló.
Recién una vez completada esa etapa preparatoria, Paraguay podrá avanzar hacia la construcción del gasoducto. Bejarano estimó que, cuando el proyecto entre en fase de obra, la ejecución demandará alrededor de dos años y medio. El diseño inicial contempla un gasoducto de gran escala, con caños de entre 30 y hasta 72 pulgadas, pensado para responder a una demanda creciente en la región.
El viceministro subrayó que el proyecto se financiará íntegramente con inversión privada y que su sostenibilidad dependerá de los contratos de compra de gas. Por ese motivo, el Estado prioriza hoy la seguridad jurídica y técnica del emprendimiento. “Esto se va a financiar con la venta del gas, por eso primero hay que ordenar el negocio”, explicó.
En cuanto al interés empresarial, Bejarano aseguró que el proyecto despertó una fuerte atención internacional. Empresas y grupos inversores de Argentina, Brasil y Paraguay manifestaron su interés, pero también actores de Estados Unidos, Europa y Emiratos Árabes Unidos. “La lista de interesados es muy larga y sigue creciendo”, afirmó, al destacar el atractivo que representa el mercado brasileño para el gas natural.
Respecto a los posibles impactos geopolíticos, el viceministro descartó tensiones regionales y planteó una mirada opuesta. Para Bejarano, el gasoducto surge de una necesidad concreta: abastecer a un mercado brasileño que demanda cada vez más energía y, al mismo tiempo, fortalecer la matriz energética paraguaya. “No lo veo como un problema geopolítico, sino como una oportunidad de integración”, enfatizó.
En ese sentido, Paraguay impulsa el proyecto dentro de una agenda más amplia de integración energética regional. Bejarano destacó el rol del Mercosur, actualmente bajo presidencia pro témpore paraguaya, y la articulación con Chile para avanzar hacia una red gasífera que conecte ambos océanos. Ese trabajo se desarrolla en el ámbito de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), con apoyo financiero de la CAF.
Finalmente, el viceministro resaltó que la interconexión gasífera permitirá no solo atender la demanda energética futura, sino también atraer inversiones industriales a la región. “La competitividad se construye ofreciendo energía”, afirmó, al señalar que el objetivo es abastecer tanto a los mercados externos como al consumo residencial e industrial de cada país. En ese escenario, Paraguay busca posicionarse como un nodo estratégico de integración energética en Sudamérica.