Las experiencias de inundaciones anteriores dejaron una lección: cuando el agua avanza, los animales también necesitan un plan de evacuación. Con esa premisa, un grupo de rescatistas independientes puso en marcha la campaña “Un amigo no se abandona”, una iniciativa que busca anticiparse a una eventual crecida y organizar la asistencia de mascotas y animales en situación de calle.
El operativo tendrá como primer paso un censo que comenzará la próxima semana en los barrios Bañado Sur y Santa Ana. El objetivo es conocer cuántas mascotas tienen las familias de estas zonas y cuántos animales permanecen en las calles, para dimensionar la cantidad de recursos que serán necesarios ante una emergencia.
La meta es completar el relevamiento durante septiembre y utilizar la información obtenida para diseñar la logística de un refugio transitorio. La organización prevé instalar caniles y disponer de espacios adecuados de acuerdo con la cantidad y el tipo de animales que puedan necesitar ser trasladados.
“Cuando el agua comienza a crecer, nosotros ya sabemos qué animal de esta zona está en peligro y vamos a traerlo a un lugar seguro”, explicó Mónica Arbuelo, vocera del grupo, en entrevista con InfoNegocios. La estrategia apunta justamente a evitar que el rescate comience cuando la emergencia ya esté instalada y a contar previamente con un mapa de los animales que requieren asistencia.
El antecedente es contundente. Durante inundaciones anteriores, numerosos perros, gatos, caballos, chanchos y gallinas quedaron atrapados o fueron abandonados por sus propietarios ante la imposibilidad de trasladarlos. Esta vez, los rescatistas buscan cambiar esa dinámica mediante prevención, identificación y una estructura de respuesta.
Para poner en funcionamiento el refugio, el grupo solicita donaciones de balanceados, medicamentos, chapas, terciadas, jaulas, trampas, transportadores y camitas. La particularidad de la campaña es que no apunta principalmente a recaudar dinero, sino a conseguir los insumos concretos que permitan montar y operar el espacio de emergencia.
El modelo también contempla qué ocurrirá después del rescate. Los animales que tengan dueño podrán regresar con sus familias una vez superada la situación de riesgo, mientras que aquellos que se encuentren en situación de calle serán derivados hacia hogares que puedan recibirlos en adopción.
Más allá del componente solidario, la iniciativa plantea una cuestión de organización ante emergencias: conocer previamente la cantidad de animales, identificar los puntos críticos y contar con infraestructura e insumos antes de que llegue el agua. En ese esquema, el censo se convierte en la primera herramienta para dimensionar el operativo y evitar improvisaciones.
La campaña “Un amigo no se abandona” busca así construir una red de respuesta que permita que perros, gatos y hasta animales de mayor porte no queden fuera de los planes de evacuación. La apuesta es sencilla, pero requiere logística: que cuando llegue la crecida, el rescate ya esté planificado.