Los resultados serán presentados en la reunión anual de la American Academy of Neurology, uno de los encuentros científicos más relevantes del mundo en el campo de la neurología. El trabajo se basa en datos del UK Biobank, una de las bases de información biomédica más grandes del planeta.
Los ACV representan uno de los principales problemas de salud pública a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se registran alrededor de 12 millones de casos, lo que convierte a esta enfermedad en una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo.
En este contexto, los investigadores analizaron la relación entre la edad biológica —una medida que refleja cómo envejece realmente el organismo— y la edad cronológica, que simplemente indica los años que han pasado desde el nacimiento.
Para estimar la edad biológica, los científicos evaluaron 18 biomarcadores presentes en la sangre, entre ellos niveles de colesterol, volumen promedio de glóbulos rojos y recuento de glóbulos blancos. Estos indicadores permiten identificar distintos procesos fisiológicos del cuerpo y calcular una aproximación del ritmo de envejecimiento de cada persona.
El estudio incluyó 258.169 participantes cuya edad biológica promedio al inicio era de 54 años, mientras que la edad cronológica media alcanzaba los 56 años. Un subgrupo de más de 6.000 personas fue evaluado nuevamente seis años después, lo que permitió observar cómo evolucionaba esa diferencia con el paso del tiempo.
Durante un período de seguimiento de aproximadamente 10 años, los investigadores registraron la aparición de accidentes cerebrovasculares y analizaron distintos indicadores de salud cerebral. Para ello, también utilizaron resonancias magnéticas y realizaron pruebas cognitivas enfocadas en memoria y fluidez mental.
Los resultados mostraron que las personas con envejecimiento biológico acelerado —es decir, aquellas cuyo organismo parecía más envejecido que su edad real— presentaban mayores signos de daño cerebral y peores resultados en las pruebas cognitivas.
Las resonancias magnéticas revelaron en estos casos una mayor presencia de lesiones en la sustancia blanca del cerebro, un tipo de alteración asociada con deterioro del tejido cerebral y mayor riesgo de enfermedades neurológicas.
En contraste, quienes lograron reducir la diferencia entre su edad biológica y cronológica durante el seguimiento mostraron resultados más favorables. En este grupo, el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular fue 23% menor, y además se observó hasta un 13% menos de daño cerebral por cada mejora registrada en esa brecha.
Para Cyprien Rivier, profesor de la Universidad de Yale y autor principal del estudio, estos hallazgos abren nuevas perspectivas para la prevención. “Modificar nuestra edad biológica podría representar una vía para preservar la salud cerebral”, explicó.
Sin embargo, los investigadores advierten que el estudio muestra asociaciones estadísticas, pero no demuestra una relación causal directa. Aun así, los resultados refuerzan la importancia de adoptar hábitos que favorezcan un envejecimiento saludable.
Entre las estrategias que los especialistas suelen recomendar se encuentran mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regularmente, dormir lo suficiente y controlar factores de riesgo como la presión arterial.
Aunque todavía se necesitan más investigaciones para confirmar estos efectos, el estudio aporta nuevas evidencias de que la forma en que envejece el organismo podría ser clave para proteger el cerebro y reducir el riesgo de enfermedades neurológicas a lo largo del tiempo.