La Dra. Violeta Jiménez, especialista en endocrinología, explica que la insulina es la hormona producida por el páncreas que permite que la glucosa sea utilizada por los órganos como fuente de energía. Cuando aparece la resistencia a la insulina, los tejidos del cuerpo dejan de responder adecuadamente a esta hormona, por lo que el organismo se ve obligado a producir cada vez más insulina para compensar esa deficiencia. Durante años, este mecanismo puede mantener niveles normales de azúcar en sangre, pero con el tiempo puede derivar en prediabetes o diabetes.
Según la especialista, el aumento de los casos está estrechamente relacionado con factores vinculados al estilo de vida. La falta de actividad física, el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y una dieta rica en carbohidratos favorecen el desarrollo de esta condición. También influyen el exceso de grasa corporal y los antecedentes familiares de diabetes.
“La resistencia a la insulina no tiene una única causa. Generalmente es el resultado de la combinación de una predisposición genética y factores ambientales relacionados con la alimentación, el peso corporal y la actividad física”, señala Jiménez. Además, destaca que el descanso adecuado también cumple un rol protector, mientras que dormir pocas horas o mantener horarios irregulares puede aumentar el riesgo.
Uno de los desafíos es que la resistencia a la insulina no presenta síntomas específicos. Sin embargo, existen algunas señales que pueden orientar el diagnóstico. Entre ellas se encuentran el oscurecimiento de la piel en zonas como la nuca, las axilas y las ingles, conocido como acantosis nigricans, y la aparición de pequeños acrocordones o verrugas en el cuello.
También pueden aparecer fatiga, somnolencia después de las comidas y algunos indicadores de laboratorio, como triglicéridos elevados, colesterol HDL bajo, niveles de glucosa en el límite o presencia de hígado graso.
La endocrinóloga explica que existe una relación muy estrecha entre el exceso de tejido adiposo, la resistencia a la insulina y el desarrollo de diabetes tipo 2. No obstante, aclara que no todas las personas con sobrepeso desarrollarán diabetes ni todas las personas con resistencia a la insulina presentan obesidad. Factores como la genética, la distribución de la grasa corporal, la masa muscular y el nivel de actividad física también influyen en la evolución de cada caso.
Además, se trata de un proceso que puede extenderse durante años. En algunos pacientes pueden transcurrir más de 10 años entre el inicio de la resistencia a la insulina y la aparición de diabetes tipo 2.
Contrariamente a lo que muchas personas creen, no existe una prueba única y definitiva para diagnosticar la resistencia a la insulina. La Dra. Jiménez señala que las guías internacionales recomiendan evaluar el contexto clínico completo del paciente, incluidos los antecedentes familiares, el peso corporal, los signos físicos y los estudios complementarios.
Entre las herramientas que pueden utilizarse se encuentran la medición de glucemia e insulina en ayunas para calcular el índice HOMA, así como la prueba de tolerancia oral a la glucosa. Sin embargo, estos estudios deben ser interpretados por un especialista y siempre en conjunto con la evaluación clínica.
La buena noticia es que la resistencia a la insulina puede revertirse o controlarse mediante modificaciones en el estilo de vida. Para la especialista, la alimentación equilibrada, la actividad física regular y el descanso adecuado son las herramientas más efectivas para evitar que la condición progrese hacia la diabetes.
Reducir el consumo excesivo de carbohidratos, priorizar alimentos naturales, combinar los carbohidratos con fibra y proteínas, realizar ejercicios aeróbicos y de fuerza y mantener una rutina de sueño ordenada son algunas de las recomendaciones.
Incluso pequeñas reducciones de peso generan beneficios importantes. “En una persona con obesidad, perder entre 5 y 7 kilos ya puede producir cambios favorables que disminuyen la resistencia a la insulina”, destaca Jiménez.
Para quienes pasan muchas horas sentados por trabajo, la recomendación es incorporar pausas activas durante la jornada, caminar después del almuerzo, utilizar escaleras y realizar rutinas cortas de ejercicio en casa. “No hace falta disponer de una hora diaria para entrenar; pequeños cambios sostenidos pueden generar grandes resultados a largo plazo”, concluye la especialista.