Cada 20 de septiembre, Paraguay recuerda el Día del Ingeniero Agrónomo, una fecha que llega como preludio de la primavera y que, además, homenajea la fundación de la primera Asociación de Ingenieros Agrónomos del Paraguay. Este año, la celebración encuentra a una profesión que cambió al mismo ritmo que el agro: hoy ya no alcanza con conocer el suelo y los cultivos, sino que también entran en juego la tecnología, la biotecnología, la agricultura de precisión y la sostenibilidad.
La transformación también se refleja en la cantidad de profesionales. La Asociación de Ingenieros Agrónomos del Paraguay (AIAP) reúne actualmente a cerca de 9.000 ingenieros agrónomos, distribuidos en diferentes áreas de la actividad productiva y vinculados tanto al trabajo de campo como a empresas, gestión, tecnología y comercialización.
“Hoy el ingeniero agrónomo cumple un rol estratégico, en donde entra a transformar el conocimiento y la tecnología en soluciones concretas para todo lo que se va presentando en el campo”, explicó a InfoNegocios Víctor Miranda, presidente de la AIAP.
El perfil profesional fue ampliándose a medida que el sector productivo incorporó nuevas herramientas. Para Miranda, el agro paraguayo necesita hoy combinar conocimiento técnico con tecnología, investigación y asistencia al productor.
Entre los desafíos que identifica el gremio aparecen la necesidad de mayores inversiones en investigación, infraestructura, asistencia técnica y tecnología, además de políticas públicas claras y previsibles.
En ese escenario, el agrónomo tiene un papel cada vez más vinculado a la toma de decisiones. Su trabajo consiste no solo en recomendar qué producir, sino también en ayudar a determinar cómo hacerlo de manera más eficiente y sostenible.
Y justamente la sostenibilidad pasó a ocupar un lugar central en la agenda profesional. “Tenemos bastante claro el desafío de producir con sostenibilidad, de manera a poder proteger también al mismo tiempo los recursos naturales, no solamente pensando en el presente, sino pensando ya también aquí a 10, 20, 30 años”, sostuvo Miranda.
La evolución del agro también abrió nuevas posibilidades de especialización. La profesión abarca actualmente áreas como producción vegetal, suelos, protección de cultivos, semillas, biotecnología, agricultura de precisión y mecanización.
A este abanico se suman campos relacionados con la economía rural, la administración y la comercialización, lo que amplía el espacio que puede ocupar un ingeniero agrónomo dentro de una empresa agropecuaria o de servicios vinculados al sector.
Miranda señaló, además, que el crecimiento de la oferta universitaria, con la incorporación de universidades privadas acreditadas, contribuyó al aumento de la cantidad de egresados de la carrera.
El desafío, en este caso, pasa por cómo insertar a las nuevas generaciones en un mercado que también está modificando sus requerimientos.
Desde la AIAP identifican el primer empleo como uno de los principales desafíos para quienes terminan la carrera. La recomendación del gremio apunta a aprovechar los espacios de capacitación, actualización y contacto profesional.
“El primer empleo es el que cuesta realmente conseguir, que se presente, que se dé la oportunidad”, afirmó Miranda.
Para el titular de la asociación, el sector continúa generando oportunidades, pero los jóvenes profesionales deben asumir un rol activo en la búsqueda de esas posibilidades. “Las oportunidades no van a ir a la casa, hay que salir a buscarlas”, remarcó.
La actualización permanente aparece así como una de las herramientas para mantenerse vigente en un agro que incorpora tecnología y demanda perfiles cada vez más especializados.
Desde la AIAP consideran que la profesión tiene, además, una responsabilidad que trasciende el trabajo individual. “Tenemos una enorme responsabilidad en el presente y el futuro del Paraguay”, expresó Miranda, quien llamó a los profesionales a mantenerse unidos, participar activamente y defender una actividad que, desde distintos frentes, acompaña buena parte del movimiento productivo del país.