Marecos citó datos compartidos por el ingeniero José Huidobro, presidente del Centro de Industriales Metalúrgicos, para dimensionar la magnitud del sector. Con miles de empresas activas y una presencia transversal en múltiples cadenas productivas, la metalurgia ocupa un lugar clave en la estructura industrial paraguaya y consolida su protagonismo más allá de los números.
Dentro de Record Electric, la metalurgia también marca el pulso del negocio. Marecos estimó que más del 25% de las actividades de la firma se vinculan directa o indirectamente con este segmento. “Es un sector muy familiar para nosotros”, sostuvo. La empresa trabaja con una red de especialistas, vendedores y asesores comerciales que atienden diariamente las demandas del rubro en distintas sucursales del país.
El especialista remarcó que Paraguay mantiene una base productiva históricamente agrícola y ganadera, pero explicó que incluso ese pilar depende en gran medida de la metalurgia. La fabricación de maquinaria, la infraestructura para el procesamiento de granos y la intervención en procesos industriales del agro requieren soluciones metalúrgicas constantes. “No me imagino un Paraguay sin industria metalúrgica”, afirmó, al advertir que su ausencia generaría un fuerte retroceso en el desarrollo nacional.
La transformación tecnológica ya impacta de lleno en el sector. Marecos relató el caso de un cliente que producía 200 piezas por semana mediante un proceso manual. Tras incorporar un equipo de corte mecanizado provisto por la empresa, logró fabricar esas mismas 200 piezas en un solo día. “Hablamos de una aceleración enorme en los tiempos de producción”, explicó. La adopción de tecnología multiplica la capacidad operativa y redefine la competitividad de las industrias locales.
Frente al temor de que la automatización desplace al trabajador metalúrgico, Marecos ofreció una mirada distinta. Reconoció que la tecnología modifica estructuras internas, pero sostuvo que las empresas redistribuyen el talento en lugar de eliminarlo. Cuando una máquina optimiza un proceso, surgen nuevos desafíos en logística, comercialización y expansión productiva. “El talento se redistribuye y la empresa crece”, aseguró.
De cara a los próximos cinco o diez años, el especialista proyectó un escenario de mayor exigencia tecnológica. Paraguay deberá preparar infraestructura física para responder a nuevas demandas vinculadas a centros de datos y computación de alto nivel. Esa expansión requerirá estructuras metálicas, instalaciones industriales y soluciones especializadas, donde el sector metalúrgico jugará un rol determinante. “Tenemos que acompañar de cerca ese proceso y hacerlo mejor como industria nacional”, enfatizó.
Marecos también subrayó la versatilidad del oficio. La metalurgia abarca desde trabajos pesados con grandes estructuras hasta piezas de alta precisión y valor estético, como fachadas arquitectónicas o artículos decorativos. El sector combina fuerza, técnica e ingenio. “Hacer tangible una idea que antes solo estaba en un plano resulta muy satisfactorio y útil para la sociedad”, destacó.
En cuanto a la capacitación, sostuvo que la barrera de entrada tecnológica se reduce cada vez más. Los equipos de soldadura y corte —MIG, TIG, electrodo, plasma y láser— incorporan interfaces digitales similares a las de una computadora. Con conocimientos básicos y disposición para aprender, cualquier persona puede operar tecnología de punta. “Hoy es más accesible que nunca, y mañana será aún mejor”, afirmó.
Como mensaje por el Día del Metalúrgico, Marecos invitó al sector a mantener la creatividad y la iniciativa. “Siempre existe una manera de mejorar lo que ya hacemos y de mirar adelante para encontrar nuevas oportunidades”, concluyó. En un país que busca diversificar su matriz productiva, la metalurgia no solo sostiene estructuras: construye futuro.