¿Llamas y alpacas en Paraguay? El tráfico de especies no solo afecta a la fauna, también pone en riesgo la producción

(Por SR) La detección de una oferta de llamas y alpacas en redes sociales reavivó las alertas del Mades sobre el tráfico de especies. La institución advierte que el ingreso ilegal de fauna y flora exóticas amenaza la biodiversidad, la sanidad animal y sectores productivos clave para el país.

Una publicación en redes sociales en la que se ofrecían llamas y alpacas en Paraguay fue suficiente para activar los protocolos del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades). Lo que inicialmente parecía un caso aislado de comercialización de animales exóticos terminó poniendo nuevamente sobre la mesa un problema mucho más amplio: el tráfico de especies de fauna y flora, una actividad ilegal que representa una amenaza para la biodiversidad, la producción agropecuaria y el estatus sanitario del país.

Tras detectar la publicación, técnicos de la Dirección de Vida Silvestre revisaron la base de datos institucional y no encontraron registros de autorización para la tenencia de esos animales. A partir de esa constatación, el Mades anunció inspecciones para verificar la documentación y determinar si hubo infracciones a la normativa ambiental vigente.

Para Carlos Monges, director de Biodiversidad del Mades, el caso sirve para recordar que la introducción de especies exóticas sin control puede generar impactos que van mucho más allá de la posesión irregular de un animal.

“La introducción de especies que no corresponden a nuestro ecosistema representa un peligro para las especies nativas”, afirmó en entrevista con InfoNegocios.

El tráfico de especies es considerado uno de los delitos ambientales más lucrativos del mundo. Aunque Paraguay suele ser identificado como un país de origen de especies silvestres traficadas hacia mercados internacionales, las autoridades también observan con preocupación el ingreso de animales y plantas exóticas que no cuentan con los permisos correspondientes.

La principal preocupación ambiental radica en que una especie introducida puede adaptarse rápidamente al nuevo entorno, competir por alimento y espacio con la fauna nativa, alterar cadenas ecológicas e incluso modificar ecosistemas completos. En algunos casos, las especies invasoras terminan desplazando a poblaciones locales o provocando la desaparición de determinadas plantas y animales.

Monges explicó que cada especie interactúa de manera distinta con el ambiente en el que se introduce. En el caso de las llamas, por ejemplo, su mayor altura les permite alimentarse de vegetación que normalmente no forma parte de la dieta de la fauna local, lo que modifica el equilibrio natural.

“Siempre existe alguna interacción que puede terminar afectando a nuestro ecosistema. Por eso evaluamos cuidadosamente cada solicitud para introducir especies que no corresponden a nuestra biodiversidad”, señaló.

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Pero el riesgo no se limita al ambiente. El ingreso ilegal de animales exóticos también puede comprometer uno de los principales activos del sector pecuario paraguayo: su estatus sanitario.

Las llamas y alpacas pertenecen al grupo de los ungulados, al igual que los bovinos, ovinos y caprinos. Esa característica hace que puedan convertirse en portadoras de enfermedades que actualmente no existen en el país y cuya aparición tendría consecuencias económicas importantes para la producción ganadera y las exportaciones.

Por esa razón, el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) participa junto con el Mades en el control de este tipo de especies.

“Senacsa resguarda mucho la situación sanitaria de estos animales. Son ellos quienes manejan todo lo relacionado con el sistema sanitario nacional y el control de enfermedades”, explicó Monges.

Actualmente, ambas instituciones trabajan bajo un protocolo conjunto para analizar las solicitudes de importación y exportación de especies, verificando tanto los aspectos ambientales como los sanitarios antes de emitir una autorización.

El director de Biodiversidad recordó que la legislación paraguaya no prohíbe de manera absoluta la introducción de especies exóticas. Cualquier persona puede presentar una solicitud de tenencia, pero esta debe superar evaluaciones técnicas y cumplir con todos los requisitos establecidos por las autoridades competentes.

“Nosotros analizamos cada caso y explicamos los riesgos ambientales que implica la introducción de estas especies. También recomendamos a los interesados coordinar con Senacsa porque ambas instituciones participan del proceso”, indicó.

En países vecinos como Bolivia, Perú y Chile, las llamas y alpacas forman parte de sistemas productivos desarrollados, principalmente para la obtención de fibra, carne y, en menor medida, leche. Allí son consideradas especies domesticadas y constituyen una actividad económica importante para numerosas comunidades del altiplano.

En Paraguay, sin embargo, el escenario es diferente. La única especie de camélido presente de forma natural es el guanaco, cuya distribución se limita a sectores del norte del Chaco. Por ello, cualquier proyecto que busque incorporar llamas o alpacas con fines productivos requiere estudios previos y autorizaciones específicas.

Para Monges, el desarrollo de nuevos sistemas productivos con especies exóticas puede evaluarse en el futuro, siempre que existan garantías de que no representarán un riesgo para la biodiversidad ni para la sanidad animal.

Mientras tanto, las redes sociales se han convertido en una herramienta clave para detectar posibles casos de tráfico o tenencia irregular. Muchas de las investigaciones del Mades comienzan, precisamente, a partir de publicaciones realizadas por particulares, denuncias ciudadanas o alertas internas.

El caso de las llamas demuestra que detrás de una simple oferta publicada en internet puede esconderse un problema con implicancias ambientales, sanitarias y económicas. Para las autoridades, prevenir el tráfico de especies no solo significa proteger la fauna y la flora silvestres, sino también preservar la competitividad de sectores estratégicos como la ganadería, cuya reputación sanitaria es uno de los pilares de las exportaciones paraguayas.

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