La IA ya compra por nosotros: más del 70% de los latinoamericanos la usa para decidir qué y cómo comprar

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una herramienta concreta en el día a día del consumo. En América Latina, más del 70% de los compradores ya recurre a sistemas de IA para tomar decisiones de compra, desde comparar precios hasta elegir productos según sus preferencias. El dato, relevado por Visa, confirma un cambio estructural en la forma en que los consumidores se relacionan con el comercio.

La tendencia no se limita a la región. En Estados Unidos, cerca del 47% de los consumidores ya utiliza inteligencia artificial como apoyo durante el proceso de compra, lo que muestra que la adopción avanza a gran velocidad y atraviesa distintos niveles socioeconómicos. El patrón es claro: menos tiempo buscando, más decisiones automatizadas y mayor peso de la recomendación algorítmica.

El punto de inflexión es más profundo de lo que parece. De acuerdo con los análisis del sector, 2025 podría marcar el cierre de una etapa histórica: la del consumidor que compra y paga de manera completamente autónoma. A partir de ahora, los llamados “agentes de IA” comienzan a asumir tareas que antes eran exclusivamente humanas, incluyendo la comparación de opciones, la selección de productos y la ejecución del pago.

Este nuevo modelo conocido como comercio agéntico redefine el rol del consumidor, que pasa de ser un decisor activo a un supervisor de procesos automatizados. En lugar de recorrer tiendas online o físicas, el usuario delega en la IA la tarea de encontrar la mejor alternativa según precio, calidad, hábitos previos y contexto.

En la práctica, la inteligencia artificial ya está integrada en múltiples etapas del proceso de compra. Los consumidores la utilizan para comparar precios en distintas plataformas, recibir recomendaciones personalizadas, encontrar productos específicos con mayor rapidez y acceder a atención al cliente en tiempo real mediante chatbots o asistentes virtuales. También crecen las herramientas que permiten activar alertas de descuentos, armar listas inteligentes de compra y agilizar pagos con procesos cada vez más invisibles.

El avance de la IA no solo impacta en el consumidor final, sino también en las empresas. Comercios electrónicos, marcas y plataformas de pago están incorporando sistemas inteligentes para reducir fricciones, mejorar tasas de conversión y optimizar la experiencia del cliente. En el segmento corporativo, la automatización de pagos y compras B2B ya empieza a modificar procesos administrativos tradicionales.

Para mercados como Paraguay, el fenómeno abre una doble lectura. Por un lado, plantea desafíos en términos de infraestructura, seguridad digital y adaptación regulatoria. Por otro, ofrece una oportunidad concreta para que empresas locales compitan en mejores condiciones, utilizando tecnología para conocer mejor a sus clientes y vender de manera más eficiente.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta de apoyo, pues empieza a tomar decisiones. En ese contexto, delegar el acto de comprar en un algoritmo deja de parecer una excentricidad para convertirse en una ventaja competitiva.

 

El e-commerce local se acerca a US$ 3.000 millones y al 5% del PIB (apunta a llevar las ventas a mercados internacionales)

(Por MV) El comercio electrónico paraguayo entra en una nueva etapa. Con un mercado que este año podría superar los US$ 3.000 millones y acercarse al 5% del PIB, el sector busca seguir consolidando las ventas digitales dentro del país y avanzar hacia un modelo de comercio electrónico transfronterizo que permita a las empresas locales colocar sus productos en mercados regionales e internacionales.

Ciudad del Este ya no es la ciudad que el país cree conocer

(Por Carlos Gómez Núñez) Me fui de Ciudad del Este a los doce años y volví siendo adulto, con una convicción que en ese momento no era fácil de explicar en Asunción: que esta ciudad iba a ser mucho más que la ciudad de las compras. Hoy, cuando en la capital todavía se habla de Alto Paraná como un mercado secundario, me da la sensación de que la conversación pública va bastante atrás de lo que está pasando en la calle. Y esa distancia, a mi criterio, es la oportunidad.