Quinta Dulce Refugio: un rincón para desconectarse, respirar calma y disfrutar de una vista privilegiada desde Mbatoví

En medio del paisaje verde y la calma del campo, Quinta Dulce Refugio se alza en Cerro Mbatoví, Paraguarí, como un espacio pensado para desconectarse del ruido y volver a lo esencial. Su propietaria, Leidi Giménez, contó que el proyecto nació del amor por la naturaleza y del sueño compartido de Lela Jadiyi Esgaib y Lelo Lui Gómez, quienes imaginaron un lugar donde la familia pudiera reunirse, descansar y disfrutar de la tranquilidad. De esa visión familiar surgió una quinta que, con el paso del tiempo, se transformó en un verdadero refugio para el alma.

Desde sus inicios, Quinta Dulce Refugio creció sin perder su espíritu original. Leidi explicó que la misión del lugar consiste en crecer cada día, pero manteniendo intacta su esencia natural y familiar. “Soñamos con que Quinta Dulce Refugio siga siendo ese rincón donde las personas puedan encontrar descanso, alegría y unión con los suyos”, afirmó. Esa filosofía guió cada decisión y cada detalle, convirtiendo la quinta en un destino que combina comodidad y calidez en medio de un entorno natural.

El concepto del espacio refleja ese mismo espíritu. No se trata solo de una quinta para eventos, sino de un lugar pensado para compartir. Aquí se celebran cumpleaños, aniversarios, fiestas de fin de año o simples días de descanso con amigos y familia. “Más que un lugar de eventos, es un refugio para el alma”, destacó Leidi, convencida de que cada visita deja recuerdos y emociones que perduran más allá de la jornada.

El estilo de Quinta Dulce Refugio también habla de su identidad. Su estética combina lo rústico y lo natural con un toque acogedor. Los jardines amplios, los árboles frondosos, los materiales nobles y los tonos cálidos componen una atmósfera que invita a respirar profundo y disfrutar del presente. “Cada detalle está pensado para transmitir serenidad”, expresó Leidi, quien supervisa personalmente que cada rincón conserve la armonía que caracteriza al lugar.

El mantenimiento del espacio representa otro de los pilares que sostienen la experiencia de los visitantes. “Contamos con una persona dedicada especialmente al cuidado de los jardines y las instalaciones”, explicó. Cada jornada de limpieza y preparación se realiza con esmero, porque (según Leidi) “nos gusta que cada visitante llegue y sienta que todo está preparado con amor”. Esa atención personalizada se nota en cada detalle, desde los caminos impecables hasta los espacios comunes siempre listos para recibir a los huéspedes.

En cuanto al perfil de quienes visitan Quinta Dulce Refugio, Leidi observó que la mayoría son familias, grupos de amigos o parejas que valoran el contacto con la naturaleza. Buscan un entorno donde puedan relajarse, disfrutar del aire libre y compartir momentos sencillos pero significativos. “Nos visitan personas que quieren desconectarse del ruido y reconectarse con lo importante”, afirmó, resaltando que muchos visitantes regresan cada año, fortaleciendo así una comunidad que creció en torno al lugar.

Mirando hacia el futuro, Quinta Dulce Refugio se prepara para nuevos desafíos. Leidi comentó que el objetivo principal consiste en seguir creciendo sin perder la esencia que los diferencia. “Queremos seguir mejorando, sumar nuevas experiencias para los visitantes y mantener siempre ese espíritu de refugio natural que nos identifica”, sostuvo. Cada nuevo paso busca conservar el equilibrio entre desarrollo y autenticidad, entre modernización y respeto por la naturaleza.

Quinta Dulce Refugio se consolidó como un espacio donde el descanso se convierte en experiencia, y la naturaleza se vuelve parte de la memoria emocional de quienes la visitan. En tiempos donde la rutina acelera los días, este rincón invita a detenerse, respirar y reconectarse. Leidi Giménez y su familia construyeron más que una quinta: levantaron un refugio donde el amor, la paz y la naturaleza conviven en perfecta armonía.

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