Actualmente, más de 1,9 millones de paraguayos confían en el sistema cooperativo, accediendo a créditos, productos de ahorro y servicios de producción, comercialización, cobranza de servicios públicos y provisión de agua potable.
Durante 2025, el desempeño general del sector cooperativo puede calificarse como positivo con moderación, en un contexto económico que exigió prudencia y ajustes en la gestión. Según el análisis de Fabia Cáceres, miembro del consejo directivo del Instituto Nacional de Cooperativismo (Incoop), el sistema evidenció un crecimiento sostenido tanto en créditos como en ahorros, acompañado de una reducción gradual de la cartera morosa, aunque persisten desafíos vinculados a la recuperación de créditos y a la volatilidad del entorno económico.
Uno de los pilares de este desempeño fueron las cooperativas tipo A, que concentran más del 95% del volumen total de activos del sector. Estas entidades registraron un crecimiento interanual cercano al 5%. A esto se suma que el sector mantiene niveles promedio de solvencia cercanos al 20%.
“Un hito normativo relevante en 2025 fue la entrada en vigencia de la nueva ley y su decreto reglamentario para las cooperativas de trabajo, que amplía y formaliza el apoyo a los socios trabajadores”, remarcó la directora.
Composición de la cartera
La composición de la cartera crediticia confirma el rol del sector dentro del sistema financiero. Durante 2025, los créditos para consumo, vivienda y microempresas concentraron más del 75% del total. En particular, los créditos de consumo representaron el 51% de la cartera, los destinados a vivienda el 14% y los orientados a microemprendimientos el 13%.
Este perfil muestra a las cooperativas como una fuente de financiamiento para hogares y pequeños emprendimientos, segmentos que muchas veces encuentran mayores barreras en el sistema financiero tradicional.
¿Qué aprendizaje dejó el año para el sector?
Cáceres afirmó que uno de los principales aprendizajes del año fue la necesidad de fortalecer la gestión integral de riesgos. Si bien la morosidad mostró una tendencia a la baja, sigue siendo un indicador que requiere monitoreo permanente. A ello se suma la importancia de una adecuada administración de la liquidez, considerando que las cooperativas gestionan los ahorros de sus propios socios.
Además de los riesgos crediticios tradicionales, el sector enfrenta nuevos desafíos asociados a riesgos ambientales, tecnológicos y cibernéticos, tanto en cooperativas de ahorro y crédito como en las de producción. En este contexto, los niveles de solvencia se consolidan como un amortiguador frente a eventuales choques macroeconómicos.
Un 2026 de crecimiento, pero con prudencia
De cara a 2026, las expectativas apuntan a la continuidad del dinamismo en los créditos de consumo y en el financiamiento a las mipymes. “Este último podría experimentar un mayor crecimiento si se fortalecen los programas de educación financiera, se profundiza la digitalización de los procesos y se reducen los tiempos de otorgamiento del crédito”, añadió.
En cuanto a la base social, al cierre de 2024 el sector superó los 1.930.000 socios y se proyecta un crecimiento moderado cercano al 0,5% anual para los próximos dos años. Esta evolución estará condicionada por factores como el empleo, los ingresos, la competencia con la banca tradicional y, especialmente, la capacidad de atraer a jóvenes de entre 18 y 29 años.
“Las cooperativas constituyen un complemento fundamental del sistema financiero tradicional, promoviendo la inclusión financiera y el acceso al crédito para amplios sectores de la población”, expresó la directora. Sin embargo, el crecimiento sostenible del sector exige avances continuos en gobernanza, innovación tecnológica y gestión de riesgos como pilares esenciales para preservar y fortalecer la confianza del público.