De acuerdo con el último informe de Deuda Pública del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), al cierre de diciembre de 2025 el saldo de la deuda pública del Sector Público Total alcanzó los US$ 20.408,6 millones. De ese total, el 80,6% estaba denominado en dólares estadounidenses, reflejando la estrategia de financiamiento adoptada desde 2013, basada principalmente en préstamos con organismos multilaterales y bilaterales, así como en emisiones soberanas en los mercados internacionales en esa moneda.
El pasado martes, Paraguay emitió bonos en guaraníes por un monto equivalente a US$ 1.000 millones, a un plazo de 12 años y con una tasa históricamente baja del 8,50%. En la misma operación, el Gobierno realizó además la reapertura de un bono en dólares por US$ 300 millones, con vencimiento en 2055.
Tras la colocación, el ministro del MEF, Carlos Fernández Valdovinos, informó a través de sus redes sociales que la participación de la deuda en moneda local alcanzó un máximo histórico del 22% del total. “Se ha logrado un significativo proceso de desdolarización”, destacó.
Con esta nueva estructura, la proporción de deuda en dólares se reduce al 75,8%, mientras que el 2,2% restante corresponde a obligaciones en otras monedas.
¿Qué implica?
El economista y exministro de Hacienda César Barreto señaló que el beneficio central está en reducir la exposición al riesgo cambiario. Cuando un país genera la mayor parte de sus ingresos en moneda local, pero debe pagar intereses y capital en dólares, cualquier salto brusco del tipo de cambio impacta directamente en el flujo de caja del Estado. En escenarios de volatilidad, el peso financiero puede multiplicarse rápidamente.
“Si la deuda estaba dolarizada en un 100%, como ocurría anteriormente, el impacto en el flujo de pagos que tiene que hacer el Estado, tanto por los intereses como por el capital de esos bonos, genera saltos muy sustanciales que afectan el flujo de caja del Gobierno y, eventualmente, si el país está en una situación muy ajustada en las finanzas públicas, puede afectar su capacidad de pago”, advirtió.
Emitir en guaraníes alinea mejor ingresos y obligaciones. Se elimina el componente del riesgo cambiario sobre esa porción de la deuda y se suaviza la exposición a shocks externos. Si bien hoy el dólar atraviesa una etapa de debilidad relativa, el análisis no puede basarse en la coyuntura. La deuda pública es de largo plazo y debe diseñarse considerando ciclos completos.
Pero el movimiento va más allá de la cobertura cambiaria. Para Germán Rojas, economista y también exministro de Hacienda, uno de los puntos más relevantes es que se está consolidando una tasa soberana de referencia de largo plazo en guaraníes.
En un mercado financiero donde la mayoría de las operaciones domésticas se concentran entre cinco y siete años, contar con una referencia a doce años permite desarrollar curvas de rendimiento más profundas. Esto mejora el análisis de riesgo, la fijación de tasas privadas y la sofisticación del mercado.
“Creo que es una necesidad que se estaba sintiendo y es un paso importante para que ya se sepa que, en Paraguay, la tasa de referencia a doce años o a cinco años en adelante, basada en el soberano —que son los bonos—, pueda incorporarse al análisis que se hace sobre la tasa de interés, junto con las demás variables, como las calificaciones de las agencias de rating o los riesgos que analizan los distintos interesados en invertir en Paraguay, y que finalmente se traducen en la prima que se aplica sobre esa tasa”, añadió.
Además, la emisión en guaraníes registró una demanda 1,5 veces superior a la oferta y con una tasa menor a la obtenida en emisiones previas en el país (9,5% en comparación con el actual 8,5%). Esto envía dos señales: existe apetito por riesgo paraguayo en moneda local y el guaraní comienza a ganar espacio en portafolios internacionales.
Barreto lo definió como un avance simbólico y estructural. El guaraní sigue siendo una moneda “exótica” para muchos fondos internacionales, pero su estabilidad histórica, la disciplina monetaria del Banco Central y la mejora en las calificaciones de riesgo abren la puerta a una diversificación gradual del portafolio de los inversores.
¿Hasta dónde desdolarizar?
¿Existe un porcentaje ideal? Barreto sostuvo que no hay un techo formal, pero desde la teoría financiera lo óptimo sería que la deuda esté en la misma moneda en la que el Estado recauda. En la práctica, depender exclusivamente del mercado local no es sencillo, sobre todo para economías que aún necesitan financiamiento internacional.
El desafío es entonces seguir ampliando emisiones en guaraníes cuando los costos sean razonables y desarrollar el mercado local de capitales para reducir progresivamente la dependencia de inversionistas externos.
Este proceso es estructural y de largo plazo. No se logra en pocos años, sino mediante consistencia macroeconómica y profundidad financiera.
Impacto en la sostenibilidad fiscal
La desdolarización ayuda, pero no resuelve por sí sola la sostenibilidad fiscal.
Rojas señaló que financiar una mayor parte del déficit en moneda local es una herramienta que mejora el manejo del riesgo, pero el verdadero desafío sigue siendo equilibrar ingresos y gastos.
En particular, la discusión sobre la sostenibilidad de la Caja Fiscal permanece como un tema estructural pendiente. La composición de la deuda puede optimizar riesgos, pero si el desequilibrio fiscal persiste, la presión sobre el financiamiento continuará.
Como ya se mencionó, una deuda altamente dolarizada implica exposición directa a la volatilidad del tipo de cambio. En el caso paraguayo, este riesgo no es percibido por Rojas como crítico en el corto o mediano plazo, dado que el país cuenta con un nivel importante de reservas internacionales que actúan como respaldo ante eventuales fluctuaciones del mercado cambiario.
No obstante, cuanto menor sea la proporción de deuda en moneda extranjera, menor será también la necesidad de intervención ante episodios de tensión cambiaria.