En 2026, el calendario chino entra en el Año del Caballo de Fuego, símbolo de energía, libertad, movimiento y transformación, una combinación que, según la tradición, anuncia un período activo y dinámico.
Si bien en Paraguay esta festividad no se celebra con el mismo arraigo que en China o en comunidades chinas fuera de Asia, su significado y trascendencia cultural y económica han cobrado protagonismo en el marco de una creciente relación entre China y Latinoamérica. En este contexto, InfoNegocios conversó con Jessica Chenu, gerente de la Cámara Paraguaya China de Industria y Comercio, sobre el vínculo actual entre China, la región y Paraguay.
Un acercamiento indirecto, pero con potencial estratégico
Chenu explica que, pese a que Paraguay no mantiene relaciones diplomáticas con la República Popular China, existen canales indirectos de acercamiento comercial e institucional. Estos se dan a través de cámaras binacionales, intermediarios regionales y empresas privadas que operan desde terceros países como Brasil o Uruguay.
“El mayor potencial se concentra en sectores como agronegocios (carne y soja), energía limpia, infraestructura, tecnología, manufactura ligera y comercio electrónico, donde el mercado chino representa una oportunidad estratégica por su escala, demanda y capacidad de inversión”, afirmó.
Este enfoque pragmático pone de relieve el interés de Paraguay por aprovechar sus ventajas competitivas, incluso sin lazos diplomáticos formales con Beijing.
En ausencia de relaciones oficiales, la Cámara Paraguaya China de Industria y Comercio se posiciona como un puente económico y casi de naturaleza diplomática. Según Chenu, su labor consiste en facilitar contactos, organizar misiones comerciales, brindar asesoría legal y colaborar en las negociaciones entre empresas.
“Principalmente se acercan compañías tecnológicas, automotrices y de telecomunicaciones —por el peso de las importaciones—, además de importadores mayoristas y de e-commerce”, detalló. Sin embargo, agregó que, en una etapa más estratégica, “crece el interés de firmas agroindustriales, logísticas y manufactureras que ven a Paraguay como plataforma productiva y de acceso regional dentro del Mercosur”.
Una relación regional cada vez más estratégica
Desde una perspectiva regional, Chenu subraya que la relación entre China y América Latina “se ha fortalecido notablemente en los últimos años, pasando de ser principalmente comercial a volverse estratégica”. China es hoy el principal o segundo socio comercial de gran parte de la región, y el intercambio bilateral alcanzó cifras récord en 2024, con alrededor de US$ 518.000 millones, con crecimiento sostenido incluso en 2025, según datos que circulan en foros económicos internacionales.
Además, esta relación ya no solo implica el intercambio de materias primas por productos manufacturados. Incluye inversiones en sectores como energía renovable, minería, transporte, manufactura y tecnología, con una creciente interdependencia económica.
Hacia adelante: estrategias para Paraguay
Mirando al futuro, Chenu sostiene que la influencia económica de China en la región probablemente seguirá creciendo, impulsada por la demanda estructural de alimentos, energía, infraestructura e inversión. En ese contexto, Paraguay tiene oportunidades, pero también desafíos.
“La estrategia ideal para Paraguay —explicó— es ser pragmático y equilibrado: aprovechar su energía barata para atraer industria y capital asiático, posicionarse como una plataforma productiva para el Mercosur y ampliar canales comerciales indirectos, todo sin romper su relación diplomática con Taiwán”. En su visión, una diplomacia económica multivectorial permite maximizar oportunidades sin asumir “costos geopolíticos innecesarios”.
Un rol personal en un escenario global
Chenu también compartió una experiencia personal que refleja el rol creciente de Paraguay en estos vínculos: participó como representante del país en un evento internacional en Filipinas, donde fue tratada como invitada especial y homenajeada por su apoyo a la difusión de las relaciones comerciales entre Paraguay y China.
Este reconocimiento, más allá de lo simbólico, ilustra cómo las conexiones económicas y culturales trascienden las barreras diplomáticas formales y cómo el Año Nuevo Lunar, más que una celebración, se convierte en un momento propicio para reflexionar sobre relaciones globales en constante transformación.