Qué es el powershoring y cómo el país puede convertir la energía en una industria

Durante décadas, Paraguay construyó buena parte de su ventaja competitiva sobre un activo estratégico: la energía eléctrica. Abundante, renovable y competitiva en costos, fue vista como un insumo básico para el bienestar, la exportación y la generación de rentas. Hoy, ese mismo recurso se perfila como algo más ambicioso: una palanca para atraer inversiones de alto valor agregado y sentar las bases de un proceso de industrialización moderna.

Este enfoque comenzó a tomar forma con la promulgación de los Decretos N.º 5306 y 5307, que establecen un nuevo marco para orientar el uso estratégico de la energía en Paraguay. El primero introduce la figura de las industrias convergentes, orientadas a atraer inversiones intensivas en electricidad, pero con alto valor agregado, como inteligencia artificial, centros de datos y servicios tecnológicos. El segundo impulsa la estrategia de Energía a X (Power to X), que busca transformar la energía renovable en nuevos productos y vectores energéticos, como el hidrógeno verde y otros derivados obtenidos a partir de fuentes limpias.

Ese es el corazón del concepto de powershoring, una estrategia que busca atraer industrias intensivas en energía hacia países con oferta eléctrica competitiva, confiable y limpia. En el caso paraguayo, esta lógica adquiere especial relevancia frente al auge de sectores como la inteligencia artificial, los centros de datos de alto rendimiento y la industria del hidrógeno verde.

“El gran desafío es dejar de pensar la electricidad solo como un recurso que genera renta y empezar a verla como un motor de desarrollo”, explicó el ingeniero Arturo González, experto en desarrollo económico e industrialización. “Paraguay tiene recursos naturales, capacidad económica y talento humano. Lo que todavía no explotamos plenamente es el potencial de la energía como generadora de valor agregado”.

De insumo a plataforma de desarrollo

Tras la promulgación de los Decretos N.º 5306 y 5307, se da un paso más hacia la incorporación de nuevos subsectores económicos, entre ellos las llamadas industrias convergentes, las industrias de alto requerimiento tecnológico y las industrias electroquímicas.

Este giro normativo marca un punto de inflexión. “Con esta política, la electricidad deja de ser solo un elemento que brinda bienestar o genera ingresos con poco esfuerzo, y pasa a convertirse en un factor productivo que crea valor agregado”, resaltó González. “Es la receta que siguieron todos los países que hoy son desarrollados: primero industrialización, después bienestar”.

En términos prácticos, se trata de atraer empresas que utilicen grandes volúmenes de energía para procesamiento de datos, computación avanzada, inteligencia artificial y almacenamiento en la nube, sectores que hoy están en plena expansión a nivel global.

Inteligencia artificial, datos y exclusión de la criptominería

El decreto que impulsa esta política es claro en un punto clave: no se trata de consumir energía sin retorno productivo. Por ese motivo, actividades como la criptominería quedaron explícitamente excluidas del programa.

“La diferencia está en la cadena de valor”, explicó González. “Estas nuevas industrias requieren equipos de alto valor tecnológico, personal altamente calificado y generan capacidades locales. No solo traen inversión; traen conocimiento, pagan impuestos y dinamizan otras actividades económicas”.

Centros de datos, infraestructura para inteligencia artificial y servicios digitales avanzados demandan energía constante y confiable, pero también generan empleos especializados, transferencia tecnológica y encadenamientos con proveedores locales. Allí es donde el powershoring cobra sentido como estrategia de desarrollo, y no solo como política energética.

Energía abundante, pero no infinita

Paraguay hoy produce más electricidad de la que consume. Sin embargo, esa brecha no será eterna. La demanda va a crecer y, en algún momento, la curva de consumo alcanzará a la oferta. “Por eso es clave usar el excedente actual para generar valor hoy y, con esa renta, financiar la diversificación energética del mañana”, advirtió el especialista.

Esa diversificación incluye desde la optimización de las fuentes hidroeléctricas existentes hasta inversiones en energías renovables alternativas, como la solar, además de fuentes térmicas y, a largo plazo, incluso la energía nuclear, que González considera indispensable comenzar a analizar desde ahora en ámbitos académicos y estratégicos.

Aunque el powershoring es un fenómeno relativamente reciente, existen aprendizajes valiosos a nivel internacional. González citó el caso de los países nórdicos, que supieron transformar rentas energéticas en fondos soberanos destinados a infraestructura, educación e innovación.

“Si hoy Paraguay vende energía barata para atraer industrias, el verdadero retorno no está solo en la tarifa eléctrica”, explicó. “Está en los impuestos, en la compra de equipos, en la formación de trabajadores locales y en la posibilidad de crear fondos estratégicos que financien el desarrollo futuro”.

Un puntapié inicial

Para González, esta nueva política representa un punto de partida. “Hoy tenemos la regla del juego. Falta armar la cancha y formar a los jugadores”, resumió. “La energía es fundamental, pero no suficiente por sí sola. Sin planificación, políticas públicas coherentes y desarrollo de capacidades locales, no hay industrialización posible”.

El powershoring aparece así como una oportunidad para que Paraguay deje de exportar únicamente electricidad y empiece a exportar valor, conocimiento y tecnología. El desafío ahora es sostener la visión, anticiparse a los cuellos de botella y convertir este primer paso en una estrategia de desarrollo de largo plazo.

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