Tensiones geopolíticas encarecen la logística global y ponen en riesgo el crecimiento económico

La economía global muestra una resiliencia moderada, pero enfrenta un crecimiento que se proyecta desacelerar al 2,7% en 2026, por debajo de los niveles prepandemia, en un entorno plagado de incertidumbre, tensiones comerciales y una presión fiscal sin precedentes. 

Esta es la fotografía que presenta el informe "Situación y Perspectivas de la Economía Mundial 2026" de las Naciones Unidas, un diagnóstico que advierte sobre los riesgos de quedar atrapados en una senda de bajo crecimiento si no se fortalece la coordinación de políticas globales. En este contexto, las economías avanzadas como Estados Unidos y la Unión Europea mantendrán un ritmo moderado, mientras que economías como China e India, impulsadas por su demanda interna, presentan una dinámica más robusta. 

Sin embargo, el telón de fondo es preocupante, si se tiene en cuenta la montaña de deuda pública que, según el FMI, supera ya el 100% del PIB en varias grandes economías y continúa creciendo, limitando drásticamente el espacio fiscal para inversiones públicas cruciales.

El panorama comercial mundial, si bien mostró un desempeño mejor de lo esperado durante 2025, se enfrenta a múltiples obstáculos. Los aranceles aplicados por la administración Trump han generado daños, pero la capacidad de consumo y otros elementos permitieron a las economías soportar estos incrementos con cierta resiliencia. 

No obstante, como advirtió Jorge Garicoche, economista de Mentu, los desafíos van más allá de los aranceles. Las presiones sobre la logística global, derivadas de un mundo en conflicto, están elevando costos y complejizando el comercio. Los ejercicios militares de China en el estrecho de Taiwán, las tensiones en el Mar Mediterráneo y el Mar Negro, y los cierres intermitentes en canales críticos como el de Suez y Panamá, generan inseguridad y tarifas de flete más caras, impactando directamente en los costos finales para regiones importadoras como Latinoamérica.

Estas disrupciones en las arterias del comercio mundial no son menores. La congestión en puertos clave como Singapur, Ámberes y Róterdam, sumada al desvío de buques por el Cabo de Buena Esperanza para evitar el Mar Rojo, añade semanas a los tiempos de tránsito y millones en costos adicionales por combustible y seguros.

Este escenario confirma la apreciación de Garicoche sobre cómo la geopolítica se convirtió en un factor de costo tangible para las cadenas de suministro, donde la incertidumbre y la necesidad de planificar con antelación son la nueva norma.

América Latina se inserta en este panorama con luces y sombras. La región muestra signos de recuperación en la inversión, con países que, como Paraguay, registran crecimientos positivos. Sin embargo, el crecimiento regional se proyecta en un modesto 2,3% para 2026, un ritmo que, si bien estable, sigue estando muy por debajo del 7% anual que la OCDE identifica como necesario para que los países de ingresos medianos puedan converger con los niveles de vida de las economías avanzadas en las próximas décadas. 

El limitado espacio fiscal, una constante en el informe de la ONU, restringe severamente la capacidad de los gobiernos latinoamericanos para apuntalar este crecimiento y amortiguar shocks externos, dejándolos en una posición vulnerable ante las turbulencias globales.

Jorge Garicoche complementó este análisis global con una observación aguda sobre las asimetrías incluso dentro de grupos de países. Señala que, aunque se proyectaba que las naciones sin litoral crecerían por encima del 5%, economías ricas como Luxemburgo y Suiza probablemente sólo alcanzarán alrededor del 315%. Esto subraya que, más allá de los promedios regionales, las condiciones específicas de cada país, su estructura económica y su exposición a los cuellos de botella logísticos mencionados, terminan definiendo destinos económicos muy diversos.

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