Meza expresó que aproximadamente unos 4.000 productores están trabajando de forma directa, pero que mediante la cadena de valor se multiplica esta cifra, incluso llegando a 25.000 personas.
“La cadena tiene un efecto multiplicador, porque detrás de los productores se encuentran las familias, que los ayudan en sus deberes cotidianos, y si existen superficies mayores de cultivo, se da trabajo a otros residentes de la zona, es así cómo incrementa la cantidad de personas involucradas”, expresó Meza.
Refirió que la zona de Caaguazú es líder en producción de tomates, con cerca de 700 hectáreas cultivadas. Seguida de otros departamentos como Central, Paraguarí, San Pedro, Cordillera, Concepción, Itapúa y Alto Paraná. Entre todas estas zonas, se tiene una superficie de cultivo superior a las 1.300 hectáreas.
“Toda la producción tiene como destino el mercado interno. Nuestra prioridad es mejorar la calidad del tomate, abastecer en todas las estaciones y ofrecer un precio conveniente al consumidor final. El consumo promedio es de 250.000 kilos por día, pero en esta temporada de frío, disminuye a los 200.000 kilos en promedio”, reveló Meza.
Rendimiento
Según Meza, es posible cultivar 20.000 plantas por hectárea, y cada ejemplar puede dar entre 7 a 8 kilos, en cultivos bajo infraestructura, es decir, cubiertos por un toldo, que los ayuda a ser más resistente a las distintas condiciones climáticas. En el caso de los cultivos a la intemperie, es probable que el rendimiento disminuya.
“Lo que sí debe realizarse es un consenso entre todos los miembros de esta cadena de valor, porque en ocasiones mencionan que los precios son elevados, no obstante, del establecimiento sale con un valor de G. 5.000 por kilo, pero en góndolas se vende a G. 11.000 o más por kilo. Entonces, estamos en contacto con las autoridades gubernamentales y empresarios para mejorar las ofertas para el consumidor”, aseguró Meza.
Además, Meza reflexionó que con el control del ingreso de mercaderías de contrabando, y los permisos de importación de tomate –que genera una merma en el ingreso–, el productor deja de preocuparse por estos temas y se dedica a mejorar su producción con la inversión constante y un esquema de trabajo mensual, que le asegura cosechas durante todos los meses.
“Casi la totalidad de nuestros productos son comercializados en los principales mercados del país, así como en las góndolas de supermercados o tiendas de conveniencia, para el consumo en fresco. Hasta ahora, no trabajamos de cerca con industrias que se encargan de producir en base al tomate”, resaltó.
A criterio de Meza, para seguir desarrollando este segmento se debe otorgar créditos a largo plazo y con tasas accesibles, para prosperar en rendimiento y calidad.
Caso de industrialización
Frutika fabrica una amplia gama de productos, entre ellos están los extractos, concentrados, puré y salsas de tomate.
“Frutika es líder en la categoría de tomatados en el mercado nacional. Asimismo, trabajamos constantemente para introducir este producto en el mercado externo”, mencionó Julio González, jefe de Marketing & Trade de la firma.
Todos estos productos se producen en el departamento de Itapúa, distrito de Carlos Antonio López, en la colonia llamada Kressburgo, a unos 25 km de la Ruta 6.
“Para la línea de tomates se destina unas 50 hectáreas de irrigación por goteo. Contando también con un invernadero de 1,5 hectáreas para la producción de tomates de mesa y un vivero para los plantines”, manifestó González.
Por día, las llenadoras pueden producir unas 70 toneladas de extracto de tomate, pudiendo llegar así a una producción anual de unos 180 millones de unidades, acotó.
“En Frutika es fundamental la selección de frutas para elaborar nuestras salsas, concentrados y extractos, las mismas son obtenidas por un proceso minucioso de extracción del jugo y la pulpa. Para la producción se requieren tomates frescos, maduros, sanos y limpios para ofrecer un producto de calidad, sin colorantes, conservantes ni aditivos”, dijo González.