¿Cuánto cuesta podar un árbol? El servicio arranca en G. 800.000 y puede llegar hasta G. 20 millones

(Por NL) Podar un árbol pequeño puede costar desde G. 800.000 y, dependiendo de su tamaño, ubicación y nivel de riesgo, el trabajo puede llegar a varios millones de guaraníes. Incluso hubo casos en los que una sola poda alcanzó los G. 20 millones. Detrás de este particular rubro está Poda y Tala, un emprendimiento impulsado por Marcos Franco junto a un grupo de amigos, que hoy reúne a siete personas dedicadas a la poda, tala y retiro de residuos en Asunción, Central y otros puntos del país.

El precio no se define solamente por el tamaño del árbol. También se tiene en cuenta qué hay debajo, como viviendas, quinchos, techos u otras estructuras que podrían resultar dañadas durante el trabajo, además de la ubicación.

Según Franco, una poda pequeña, sin retiro de residuos, puede partir de G. 800.000 a G. 1 millón. En tanto, los trabajos habituales en árboles de mediano porte rondan entre G. 2 millones y G. 2,5 millones. A esto se suma la posibilidad de contratar el retiro de ramas y residuos, un servicio para el cual el emprendimiento cuenta con camiones propios.

Los árboles que más trabajo dan

Después de varios años en el rubro, Franco ya tiene identificados algunos de los árboles que, desde su experiencia, requieren mayor mantenimiento en Asunción.

El lapacho ocupa el primer lugar de su lista. Lo describe como un árbol nativo y atractivo, pero que puede generar problemas cuando se encuentra demasiado cerca de construcciones, principalmente por sus raíces superficiales y sus ramas quebradizas.

Según relató, tuvo casos de viviendas en las que las raíces llegaron a levantar el piso. En uno de ellos, incluso, una propietaria tenía dificultades para abrir la puerta de su casa debido a que el piso se había elevado.

Las palmeras aparecen en segundo lugar, principalmente por el peso de sus hojas. Franco explicó que algunas pueden pesar entre 10 y 20 kilos y que, al desprenderse, pueden ocasionar daños si caen sobre un vehículo, una vivienda o una persona.

En tercer lugar ubicó al yvyra pytã, que puede quebrarse y sufrir daños durante las tormentas. Luego mencionó al yvapovo, cuyo crecimiento y frondosidad pueden hacer que una poda se vuelva más costosa si se deja avanzar demasiado.

El quinto lugar corresponde al mango, especialmente durante la temporada de frutos. Las frutas pueden caer sobre los techos y romper tejas, mientras que las hojas también pueden obstruir canaletas.

Por eso, desde su experiencia, Franco recomienda no esperar a que un árbol llegue a representar un problema. El mantenimiento, señaló, puede realizarse cada uno o dos años, dependiendo del ejemplar y de dónde esté ubicado.

El lapacho no está prohibido, pero necesita autorización

Uno de los puntos que, según Franco, más dudas genera entre los clientes es la poda o tala del lapacho. Existe la creencia de que este árbol no puede tocarse, pero explicó que sí puede podarse e incluso retirarse cuando corresponde, siempre que se cuente con la autorización municipal.

“La gente piensa que podar el lapacho está prohibido. No está prohibido podar, solamente que se hace con una autorización”, afirmó.

Según explicó, la Municipalidad envía fiscalizadores para evaluar el lugar donde está ubicado el árbol, los posibles daños que representa y su estado. También se analiza si es un ejemplar añoso, si presenta partes secas, una inclinación pronunciada o algún daño estructural.

Cuando existe un riesgo para las personas o las construcciones, puede autorizarse incluso el corte total del árbol.

Franco considera que esta evaluación también ayuda a determinar qué tipo de poda corresponde y qué partes del árbol deben intervenirse.

Un trabajo que también tiene riesgos

Más allá de la maquinaria y las herramientas, la poda de árboles implica trabajar en altura y controlar ramas que pueden caer sobre estructuras, vehículos o personas.

Para Franco, justamente ese componente de riesgo explica parte de los precios que se manejan en el sector.

También cuestiona la idea de que mantener un árbol significa necesariamente dañarlo. Según contó, en ocasiones reciben críticas de personas que los ven podando y consideran que las ramas deberían dejarse crecer.

“Yo veo que la gente critica mucho el mantenimiento de los árboles y creo que es muy necesario para evitar muchos tipos de accidentes”, sostuvo.

En ese sentido, señaló que un árbol que crece sin control acumula más peso en sus ramas y puede quedar más expuesto ante vientos fuertes. Su recomendación para Asunción es realizar controles y mantenimiento cada uno o dos años.

El negocio empezó con un problema en casa

La historia de Poda y Tala comenzó con un problema doméstico. Franco, de 32 años, se encontró con árboles que necesitaba intervenir en su propia vivienda y comenzó a buscar personas que pudieran hacer el trabajo.

Fue entonces cuando detectó una oportunidad. Según relató, encontró poca oferta profesional y observó que varios de los trabajadores que se dedicaban al rubro utilizaban herramientas manuales y trabajaban de una manera que él consideraba precaria para una actividad de riesgo.

“El poco profesionalismo de la gente que se dedicaba a este rubro es lo que me sorprendió al empezar”, recordó.

Después de investigar durante varios meses los precios y el equipamiento necesario, decidió probar por cuenta propia junto con algunos amigos.

La inversión inicial fue de aproximadamente G. 7 millones, destinados a herramientas. Comenzaron con tres motosierras, un soplador, sierras manuales, rastrillos, machetes y cuerdas, entre otros elementos.

Según Franco, en los primeros 15 días ya había recuperado esa inversión, lo que le mostró que existía una oportunidad comercial.

El emprendimiento fue creciendo, sumó más integrantes y posteriormente incorporó maquinaria, entre ella camiones para el retiro de residuos. Hoy son siete personas y realizan trabajos en Asunción, Central y otras zonas del país, dependiendo del acuerdo con cada cliente.

De marino mercante a un negocio entre amigos

Antes de dedicarse de lleno a la poda y tala, Franco trabajaba como marino mercante. Su actividad implicaba viajar durante largos períodos: podía pasar aproximadamente dos meses fuera y luego regresar por un mes.

Durante esos períodos en tierra comenzó a realizar trabajos de poda y, con el tiempo, la actividad que inicialmente era secundaria empezó a convertirse en una fuente de ingresos cada vez más importante.

Finalmente, decidió dejar la marina mercante y apostar por el emprendimiento.

“Honestamente, es un trabajo que reditúa mucho”, comentó.

Actualmente, Franco estima que el negocio puede generar entre G. 10 millones y G. 15 millones por semana, dependiendo de la cantidad de trabajos y de la temporada. Como referencia, señaló que en una jornada pueden tener tres podas, con trabajos de alrededor de G. 1,5 millones cada uno.

Así, lo que comenzó con un problema en su propia casa y una inversión de G. 7 millones terminó convirtiéndose en un emprendimiento de siete personas que encontró un nicho en un servicio que combina trabajo en altura, herramientas especializadas y una necesidad que aparece cada vez que un árbol crece demasiado, amenaza una estructura o necesita mantenimiento.

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