IA y productividad: Paraguay avanza en adopción, pero sigue rezagado en innovación e infraestructura

(Por MV) Según el informe Panorama económico de América Latina y el Caribe: Aprovechando la transición de la IA, del Banco Mundial, Paraguay registra un índice de preparación para la inteligencia artificial de 0,41, por debajo de varias economías de la región. Aunque las empresas locales ya incorporan estas herramientas en tareas cotidianas y procesos como el desarrollo de software, especialistas advierten que el verdadero salto llegará cuando la IA permita transformar procesos, generar nuevos productos y elevar la productividad.

La inteligencia artificial puede parecer una herramienta capaz de generar mejoras inmediatas apenas se incorpora a una empresa. Sin embargo, el Banco Mundial advierte que su impacto se parece más al de tecnologías de propósito general como la electricidad o la máquina de vapor: disponer de ellas no garantiza automáticamente aumentos de productividad.

Para aprovecharlas, se necesitan inversiones complementarias, capacidades empresariales, trabajadores preparados, financiamiento, infraestructura y, sobre todo, organizaciones capaces de modificar la manera en que producen y toman decisiones.

Ese desafío adquiere especial relevancia en América Latina y el Caribe, donde la elevada presencia de pequeñas empresas, la informalidad, las restricciones de financiamiento y las diferencias en capacidades de gestión pueden limitar una adopción más profunda.

En este contexto, Paraguay obtiene un índice general de preparación para la IA de 0,41. El resultado se desagrega en 0,43 en políticas de capital humano y mercado laboral; 0,39 en innovación e integración económica; 0,43 en regulación y ética; y 0,39 en infraestructura digital.

La cifra coloca al país por debajo de economías regionales como Chile, con 0,59; Uruguay, con 0,55; Costa Rica, con 0,54; México, con 0,53; Brasil y Panamá, ambos con 0,50; y Perú y Colombia, con 0,49.

La distancia también aparece frente al promedio de los países de la OCDE, excluyendo América Latina y el Caribe, que alcanza 0,69.

Pero, más allá del índice, ¿qué tan preparadas están realmente las empresas paraguayas para transformar la inteligencia artificial en productividad?

La IA ya está dentro de las empresas

Para Sebastián Ortiz Chamorro, vicepresidente de la Cámara Paraguaya de la Industria del Software (Cisoft) y CEO de Tesabio.ai, Paraguay no es ajeno al proceso que atraviesan las compañías a nivel internacional.

“Paraguay está utilizando la inteligencia artificial de la manera en la que se está utilizando básicamente en la mayoría de las empresas del mundo”, explicó.

Uno de los impactos más visibles aparece en el desarrollo de software. Según Ortiz Chamorro, tanto las compañías tecnológicas como aquellas que mantienen sistemas propios utilizan actualmente herramientas de IA para apoyar los procesos de programación.

El especialista señaló que estudios internacionales estiman mejoras de eficiencia cercanas al 30% en el desarrollo de software, lo que convierte a esta actividad en uno de los primeros sectores donde el impacto puede observarse de manera directa.

A esto se suman usos más generalizados, como la búsqueda de información, la síntesis de documentos, la toma de notas y otras tareas apoyadas en modelos de lenguaje.

Sin embargo, existe una diferencia entre utilizar una herramienta y transformar un proceso completo.

Del entusiasmo a la transformación

Jorge Figueredo, director de Líderes Digitales y máster en Innovación Empresarial, identificó precisamente tres etapas distintas: entusiasmo, adopción y transformación.

Según explicó, en 2023 las empresas preguntaban principalmente qué era la inteligencia artificial y para qué podía servir. En 2024 aumentó el interés por capacitarse y comenzar a utilizarla. Actualmente, el desafío pasa por experimentar con aplicaciones capaces de modificar procesos concretos.

“Paraguay está buscando pasar de esa experimentación a realmente generar valor”, señaló. Para Figueredo, tener miles de personas utilizando IA no significa necesariamente que el país esté construyendo una economía más productiva o innovadora. El cambio llegará cuando estas herramientas se integren a procesos, permitan crear productos y generen aumentos efectivos de productividad.

Esta situación coincide con la advertencia del Banco Mundial sobre la denominada “adopción superficial”: empresas que acceden a nuevas herramientas, pero que todavía no reorganizan sus sistemas, responsabilidades y procesos alrededor de ellas.

El principal cuello de botella no es tecnológico

Si bien el indicador paraguayo muestra debilidades en infraestructura digital e innovación, Ortiz Chamorro consideró que el principal obstáculo actual para el sector privado está en la gestión de la innovación.

“En Paraguay se compran cosas esperando resultados medibles e inmediatos. Incorporar una tecnología nueva no es como comprar un auto, es básicamente arriesgarse a repensar ciertas partes de la organización”, sostuvo.

Una empresa no necesariamente debe realizar grandes desembolsos, sino aprender a experimentar de manera gradual e inteligente, aceptando que algunos proyectos tecnológicos no tendrán inicialmente un resultado completamente predecible.

Figueredo coincidió en la importancia de la capacidad interna de las organizaciones, aunque puso mayor énfasis en otros dos factores: talento y ejecución.

“El principal desafío es la generación de talento que sepa no solamente conocer y usar la inteligencia artificial, sino aplicarla y transformarla realmente en una herramienta de valor”, explicó.

También señaló debilidades en la investigación científica y en la capacidad de las organizaciones para seleccionar cuáles de sus procesos deberían transformarse primero mediante inteligencia artificial.

Las mipymes también pueden jugar

Uno de los puntos en los que ambos especialistas observan oportunidades es en las pequeñas y medianas empresas.

Ortiz Chamorro consideró que la inteligencia artificial está democratizando el conocimiento empresarial que anteriormente estaba reservado a compañías con capacidad para contratar grandes consultoras.

Herramientas capaces de analizar información, ayudar a estructurar estrategias o brindar asistencia en decisiones comerciales ofrecen ahora a pequeños negocios posibilidades que anteriormente tenían un costo elevado.

Figueredo sostuvo que la barrera económica para utilizar IA se redujo considerablemente.

Entre las aplicaciones que ya observa en mipymes paraguayas mencionó la elaboración de propuestas comerciales, la redacción de correos, la atención al cliente, las cobranzas y el análisis de inventarios.

Su recomendación es comenzar por un problema concreto de la empresa, identificar posibles soluciones y utilizar la IA para transformar progresivamente ese proceso.

“Como mipyme, yo tengo acceso a esta herramienta que me permite hacer todo esto a un costo casi gratis y me permite redefinir mi manera de trabajar, siempre y cuando conozca qué hago y cómo es mi proceso actual”, explicó.

¿Desarrollar IA propia o utilizar soluciones existentes?

Para Ortiz Chamorro, otra decisión importante pasa por determinar cuándo tiene sentido desarrollar una herramienta propia.

Una empresa constructora, por ejemplo, no debería necesariamente asumir el costo de crear desde cero una solución de inteligencia artificial aplicable a todo el sector. Ese espacio corresponde, en gran medida, a startups y empresas tecnológicas capaces de desarrollar productos escalables para múltiples clientes.

“Hay una cuestión de economía de escala. El papel que juegan las startups en ese sentido es muy importante, porque son las que tienen que crear esa tecnología que se tiene que adoptar”, explicó.

Por eso, considera que una empresa debería destinar recursos propios principalmente a aplicaciones que le otorguen un elemento verdaderamente diferenciador frente a sus competidores.

Software primero, pero el impacto puede extenderse

Los sectores intensivos en trabajo intelectual aparecen entre los primeros candidatos a experimentar cambios importantes.

Ortiz Chamorro mencionó el software, la contabilidad, los servicios legales e incluso actividades vinculadas al Poder Judicial.

“A medida que uno se acerca al mundo físico, eso es algo que todavía no ha tenido un impacto tan grande, pero esa es una segunda ola que vendrá en los próximos años”, señaló.

Figueredo amplió ese mapa hacia sectores centrales de la economía paraguaya.

En el agro y la ganadería, identificó oportunidades en planificación de cultivos, análisis climático, optimización de recursos, inventarios y seguimiento de la salud animal.

En la manufactura, mencionó planificación productiva, mantenimiento de equipos, control de calidad y logística. Para el comercio y los servicios, señaló posibilidades en atención al cliente, análisis de patrones de venta, cobranzas y toma de decisiones.

También incluyó al sector financiero, donde la digitalización ya permite avanzar en evaluaciones crediticias, análisis de riesgo y eficiencia operativa, y a la salud, donde la IA podría utilizarse para mejorar la administración hospitalaria, los inventarios, la disponibilidad de medicamentos y los procesos administrativos.

El Estado también tendrá que transformarse

Para Figueredo, la discusión no debería limitarse al sector privado. Consideró que Paraguay necesita incorporar la inteligencia artificial dentro de una agenda nacional orientada a resultados económicos y sociales, con objetivos medibles en capacitación, competencias, proyectos tecnológicos y productividad.

También apuntó a fortalecer la infraestructura de datos, la conectividad y el acceso a información, además de utilizar la IA para modernizar el Estado, reducir la burocracia y disminuir los tiempos y costos de los trámites públicos.

La oportunidad de pasar de usuario a productor

El Banco Mundial advierte que América Latina corre el riesgo de convertirse simplemente en consumidora de herramientas desarrolladas en otras economías o en proveedora de infraestructura y materias primas vinculadas a la revolución tecnológica.

Paraguay enfrenta ese mismo desafío, pero dispone de algunas ventajas que podrían permitirle capturar una mayor parte del valor generado.

Figueredo mencionó especialmente la disponibilidad energética y la posibilidad de utilizarla no solamente para albergar infraestructura tecnológica, sino también para desarrollar servicios, soluciones empresariales e innovación basada en IA.

Su visión apuntó a que Paraguay pueda evolucionar hacia una economía donde el diferencial no sea únicamente el costo de la mano de obra, sino también la capacidad analítica y tecnológica de sus trabajadores.

“Ya no ser el país que tiene la mano de obra más barata, sino ser el país que tiene la mejor mano de obra y que tenga capacidades analíticas utilizando inteligencia artificial”, expresó.



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