De la tornería a los locales gastronómicos: la historia detrás de Apyka y sus sillas de cable

(Por NL) No todos los emprendimientos nacen de un plan perfecto. Algunos aparecen en momentos de incertidumbre, cuando hay que reinventarse. Así empezó la historia de Apyka Sillas Cable, un negocio que hoy equipa desde jardines hasta locales gastronómicos, pero que surgió como una alternativa para sostener una tornería que no estaba funcionando.

Desde InfoNegocios hablamos con Araceli Maldonado (28), propietaria del emprendimiento, quien recordó cómo una simple idea terminó cambiando el rumbo de toda su familia.

Su papá había decidido independizarse en 2014 y abrir una tornería, pero los primeros meses fueron difíciles. Fue entonces cuando su mamá propuso probar algo distinto, aprovechando las herramientas que ya tenían.

“Mi mamá tuvo la idea de hacer sillas de cable como un extra, ya que teníamos todas las herramientas para hacerlo, y así fabricamos la primera silla de cable, la Acapulco”, contó.

Esa primera silla no solo ayudó a generar ingresos: marcó el inicio de algo que empezó a crecer casi sin darse cuenta. Los clientes comenzaron a pedir más modelos, versiones modernas y opciones personalizadas.

“Las sillas tenían buena aceptación, nos pedían modelos más modernos, personalizados y poco a poco fue creciendo”, explicó.

Hoy, Apyka se dedica de lleno a la fabricación de muebles personalizados, pero las sillas de cable siguen siendo el corazón del negocio. Desde opciones para jardín hasta equipamientos completos para locales gastronómicos, ese producto fue el que abrió todas las puertas.

Con el tiempo, también fueron incorporando distintos materiales, como cable PVC, ratán sintético, cuerda y tricot náutico, este último en su línea más premium.

Uno de los momentos que marcó un antes y un después fue un pedido de gran escala: la fabricación de 300 sillones hamacables con mesitas para un colegio muy grande y reconocido del país, destinados a regalos de fin de año. “Fue una de las primeras ventas grandes que tuvimos”, recordó Maldonado.

A ese tipo de trabajos se suman otros más artesanales, como un cartel completamente liado en cable que realizaron para la marca Pilsen, uno de sus primeros proyectos de gran visibilidad.

Pero más allá del crecimiento, Maldonado asegura que el diferencial sigue estando en lo cercano. “Nos diferencia principalmente la personalización y la buena atención, asesoramos en todo lo que necesiten y por sobre todo la calidad y garantía que ofrecemos”, afirmó.

El nombre del emprendimiento también tiene una historia familiar. Fue elegido por su mamá, quien buscaba algo en guaraní que represente el origen del proyecto: Apyka, que significa “silla”, en referencia directa al producto con el que empezó todo.

Actualmente, trabajan desde Fernando de la Mora (zona norte), donde producen principalmente sobre pedido. Los precios arrancan desde G. 250.000 por silla y desde G. 1.100.000 por juegos completos, dependiendo del diseño y los materiales.

Incluso, como parte de su crecimiento, hoy apuntan con más fuerza al rubro gastronómico y lanzaron un sorteo dirigido a emprendedores del sector, con G. 15 millones en muebles.

La historia de Apyka no tiene un inicio glamoroso ni una estrategia perfecta. Tiene algo más simple: una familia que probó, insistió y encontró en una silla una forma de salir adelante.

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