“Me gustó pintar y dejé la panadería. Empecé otra vez en mi casa y así comenzó todo”, recordó emocionada en conversación con InfoNegocios.
Lo que pocos saben es que el emprendimiento también nació en un momento difícil de su vida. Tras regresar del exterior, atravesaba un periodo de estrés y depresión.
“La pintura fue una terapia. De a poquito me di cuenta de que el estrés y la depresión desaparecieron gracias a esto”.
Con el tiempo, abrió un local sobre la avenida Mariscal Estigarribia, en Fernando de la Mora, pero la llegada de las obras del metrobús la obligó a cerrar y volver a trabajar desde su casa. Pensó que perdería toda su clientela.
Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. “Creía que ya no iba a tener clientes, pero me equivoqué. Todos vinieron conmigo, incluso mis alumnas”.
Hoy, además de producir piezas decorativas, Alicia también enseña distintas técnicas de pintura decorativa. Sus talleres comenzaron apenas unos meses después de iniciarse en este oficio, impulsados por los vecinos que la veían pintar y le pedían aprender.
El boom de los paraguayitos
Actualmente, el producto estrella de Lo de Aly Athelier son las figuras de yeso inspiradas en elementos tradicionales del Paraguay: chiperitas, paraguayitos, tatakuás y otros objetos típicos que funcionan como portallaves, portarrollos o accesorios decorativos para la cocina y el quincho.
Todo se fabrica y pinta completamente a mano. “Subí dos cuadritos a mis redes y fue un boom. Ahora todo el mundo quiere que les envíe al exterior”.
Las piezas tienen precios que van desde G. 220.000 hasta G. 280.000, dependiendo del modelo, mientras que otros artículos decorativos comienzan alrededor de G. 80.000.
Pero detrás de cada obra existe un proceso muy complejo, ya que el yeso es especialmente sensible a la humedad, por lo que el clima puede extender considerablemente los tiempos de producción.
“Si el tiempo ayuda, termino una obra en tres días. Cuando hay mucha humedad, puedo tardar hasta cinco”.
Mucho más que decoración
Aunque algunos consideran elevados los precios de sus productos, Alicia asegura que muchas veces el público desconoce todo el trabajo artesanal que existe detrás.
“No es lo mismo que comprar algo hecho en una máquina. Nuestro trabajo lleva creatividad, paciencia, tiempo y mucho cariño”.
Incluso admite que prefiere rechazar un pedido antes que entregar una pieza que no cumpla con sus estándares.
“Si veo que algo no va a quedar lindo, prefiero no hacerlo. No quiero que digan ‘eso se hizo en Lo de Aly’ y que no represente la calidad de mi trabajo”.
Después de más de una década desde aquella primera bandeja pintada, Lo de Aly Atelier sigue creciendo desde el mismo lugar donde comenzó: un taller en casa donde cada pieza busca llevar un pedacito del Paraguay a distintos rincones del país y del mundo.