En conversación con InfoNegocios, Derlis Romero, cofundador del taller mecánico Torque Py, explicó que el octanaje es un factor directamente relacionado con el funcionamiento y la compresión del motor.
“Dependiendo del rendimiento que tenga, cada vehículo tiene un rango de compresión y, según ese rango, va a necesitar un nivel de octanaje más alto o más bajo”, explicó.
Básicamente el octanaje está relacionado con la capacidad del combustible de soportar la compresión dentro del motor antes de encenderse. Por eso, no todos los vehículos requieren el mismo tipo de nafta.
En el mercado, los combustibles más utilizados se encuentran, generalmente, en rangos de entre 92 y 97 octanos. También existen opciones con niveles superiores, destinadas principalmente a motores de mayor rendimiento o vehículos de competición.
El problema aparece cuando el combustible utilizado no responde a las necesidades del motor. Según Romero, si un vehículo requiere un determinado nivel de octanaje y se utiliza uno inferior, la combustión puede producirse antes del momento adecuado.
“Si esa nafta no está preparada para cuando el cilindro está subiendo y está comprimiendo lo suficiente, explota antes y genera problemas en el motor”, señaló.
Ese proceso puede generar autodetonación y, dependiendo del caso, afectar componentes internos. Las válvulas son algunas de las piezas que pueden verse comprometidas y la reparación puede representar un gasto importante.
Desde Torque estimaron que, dependiendo del modelo, una intervención de este tipo puede partir de los G. 3 millones o G. 4 millones en algunos vehículos Toyota, mientras que, en otros casos, como algunos modelos de Kia, el presupuesto puede ubicarse entre los G. 6 millones y G. 8 millones, dependiendo del daño y de los repuestos utilizados.
¿Conviene entonces cargar siempre la nafta de mayor octanaje?
Tampoco necesariamente.
Romero comentó que otro error frecuente es pensar que, si un vehículo necesita una determinada cantidad de octanos, cargar uno superior le dará automáticamente un beneficio adicional.
“Generalmente la gente le está cargando un octanaje mucho mayor a su vehículo de lo que necesita y está gastando más dinero”, afirmó.
Es decir, pagar por un combustible de mayor octanaje no siempre se traduce en un mejor funcionamiento. Si el motor fue diseñado para trabajar correctamente con un determinado combustible, utilizar otro superior puede significar, simplemente, un gasto adicional.
Por eso, más allá de las preferencias de cada conductor o de la costumbre de cargar siempre el mismo combustible, la recomendación es mirar qué pide realmente el vehículo.
“Lo ideal sería siempre cargar la nafta que requiera su vehículo, el octanaje que necesita. Eso ya va a depender de cada fabricante”, finalizó Romero.