El agro cerró el primer semestre de 2026 con un escenario de contrastes. Mientras la producción alcanzó niveles históricos, especialmente en soja, el comportamiento de los mercados internacionales limitó parte de los beneficios económicos para los productores. Aun así, el balance es positivo y el sector proyecta una segunda mitad del año con expectativas favorables, impulsadas por un escenario climático que, de confirmarse el fenómeno de El Niño, podría favorecer el desarrollo de los principales cultivos.
Para Héctor Cristaldo, presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), el principal dato del semestre fue el desempeño de la soja, que volverá a consolidarse como el motor del agro nacional.
“Desde el punto de vista productivo fue un año muy bueno. Vamos a superar los 12 millones de toneladas, algo que nunca se había dado”, afirmó en entrevista con InfoNegocios.
El volumen representa un nuevo récord y confirma la recuperación del sector luego de campañas marcadas por eventos climáticos adversos. Sin embargo, el excelente rendimiento no estuvo acompañado por un contexto internacional igualmente favorable.
Cristaldo explicó que el mercado atravesó meses de fuerte volatilidad debido a factores geopolíticos, primero por las tensiones comerciales relacionadas con los aranceles y, posteriormente, por el conflicto en Medio Oriente, particularmente la guerra entre Israel e Irán, que alteró las expectativas sobre los precios internacionales de los commodities agrícolas.
Como consecuencia, una parte importante de la cosecha fue comercializada por debajo de los valores que esperaban los productores. No obstante, los elevados rendimientos permitieron compensar parcialmente esa caída de precios.
“Desde el punto de vista económico fue un año razonablemente bueno gracias a la productividad alcanzada”, sostuvo.
Uno de los aspectos destacados durante el primer semestre fue el mayor nivel de industrialización de la soja y de otros productos agrícolas. Según Cristaldo, la combinación de una mayor disponibilidad de materia prima y condiciones de mercado más favorables permitió que las industrias locales incrementaran el procesamiento interno.
El dirigente destacó que el país cuenta con una importante capacidad instalada para agregar valor a la producción, aunque esa infraestructura no siempre opera a pleno.
“Este año se dieron las condiciones para que la industria avance en el procesamiento. Había suficiente materia prima y las empresas decidieron aprovechar esa capacidad instalada”, señaló.
Este mayor procesamiento representa un paso importante para fortalecer la cadena agroindustrial, ya que permite generar más valor agregado, impulsar las exportaciones de productos industrializados y aumentar la demanda interna de granos.
Mientras la soja prácticamente cerró su ciclo, otro cultivo estratégico continúa en plena etapa de cosecha: el maíz zafriña.
Cristaldo explicó que las abundantes lluvias registradas en las últimas semanas complicaron las labores en el campo, aunque todavía se mantienen expectativas positivas respecto del rendimiento.
Las estimaciones preliminares sitúan la productividad entre 3.500 y 6.000 kilos por hectárea, aunque el dirigente aclaró que aún es prematuro proyectar el volumen final, debido a que la cosecha continúa avanzando.
En paralelo, el trigo, sembrado durante mayo, ya se encuentra en pleno desarrollo vegetativo y dependerá del comportamiento climático durante los próximos meses.
El Niño genera expectativas positivas
De cara al segundo semestre, la principal variable que sigue el sector es la evolución del fenómeno de El Niño, cuya ocurrencia estaría prácticamente confirmada según los pronósticos climáticos. Lo que aún está bajo análisis es la intensidad que podría alcanzar.
Para Cristaldo, en términos generales, un escenario de mayores precipitaciones resulta más favorable para la agricultura que un periodo de sequía.
“Para el campo, que haya lluvias siempre es mejor que una sequía. Con lluvia puede haber producción, aunque existan dificultades para trabajar; con sequía directamente no hay alimentos”, afirmó.
No obstante, reconoció que un exceso de precipitaciones también puede generar complicaciones operativas, especialmente durante la cosecha o las tareas de preparación de los suelos.
Respecto del arroz, Cristaldo indicó que el sector viene de atravesar un periodo de precios deprimidos, aunque recientemente comenzó a observarse una leve recuperación que mejora las expectativas para la nueva campaña.
Sin embargo, aclaró que un exceso de lluvias tampoco representa una ventaja para este cultivo, ya que dificulta las labores agrícolas, pese a que los productores cuentan con infraestructura, como canales de drenaje y taipas, para manejar el agua.
En el caso del algodón, el crecimiento continúa concentrándose en el Chaco, donde la mecanización y la incorporación de nuevas variedades adaptadas consolidaron un nuevo modelo productivo.
El presidente de la UGP explicó que el cultivo prácticamente dejó de tener relevancia en la Región Oriental y hoy se desarrolla principalmente bajo sistemas altamente tecnificados.
Actualmente operan cinco desmotadoras en el Chaco, una señal del proceso de consolidación de esta cadena productiva y de las expectativas de expansión para los próximos años.
Como lo resume Cristaldo, la agricultura paraguaya continúa adaptándose a un negocio en el que el clima siempre marca el ritmo. “Estamos acostumbrados a convivir con las contingencias. A veces sale mejor y otras no tanto, pero nuestra producción está a la intemperie y debemos aprender a trabajar con esa realidad”, concluyó.