Durante una visita técnica, el equipo del MAG realizó monitoreos agronómicos y análisis químicos de suelo y plantas en una parcela de pimiento que presentaba bajo crecimiento y escasa producción.
“Encontramos una parcela con aproximadamente 10.000 plantas que prácticamente no se desarrollaban, no producían y empezaban a enfermarse. Entonces realizamos el test del suelo y el análisis de la planta para identificar la problemática”, explicó Frutos.
Los resultados del diagnóstico revelaron que el principal inconveniente era un pH demasiado ácido en el suelo, lo que impedía que la planta absorbiera correctamente los nutrientes disponibles.
“El pH es el potencial de hidrógeno del suelo, un parámetro químico que nos indica si el suelo es ácido, neutro o alcalino. En agricultura lo ideal es que esté entre 5,5 y 6,5, porque en ese rango la planta puede absorber correctamente el nitrógeno, fósforo y potasio”, detalló.
Cuando el suelo es demasiado ácido, los fertilizantes aplicados no son aprovechados por la planta, lo que genera síntomas similares a deficiencias nutricionales.
“En este caso había fertilizante en el suelo, pero el pH no permitía que estuviera disponible para la planta. Entonces la planta no podía realizar la fotosíntesis necesaria para generar hojas, flores y frutos”, señaló.
Además del problema de acidez, el análisis detectó déficit de nitrógeno, fósforo y calcio, lo que agravaba el debilitamiento del cultivo.
Ante esta situación, el equipo técnico recomendó una corrección rápida del pH, además de un programa de fertilización con nutrientes hidrosolubles para estimular la recuperación de las plantas.
“Como la parcela ya estaba implantada, tuvimos que hacer una corrección rápida del pH y recomendar aplicaciones semanales de correctores de acidez. A la par, se aplicó fertilización con productos ricos en nitrógeno y fósforo para que la planta pueda regenerarse”, explicó Frutos.
Los resultados comenzaron a observarse en pocas semanas. Según el especialista, 18 días después de la intervención el cultivo mostró una clara recuperación.
“La planta se recuperó, se está desarrollando y la cantidad de fruta que está cuajando es suficiente para que el productor pueda tener una buena cosecha y recuperar su inversión”, afirmó.
Aunque el calibre de los frutos todavía es intermedio, el especialista indicó que el objetivo inicial fue rescatar la producción.
“No apuntamos ahora a un calibre de 220 o 250 gramos porque la planta estaba prácticamente en terapia intensiva cuando llegamos. Lo importante es que hoy tenemos buena cantidad de frutas por planta”, señaló.
Diferencias entre pimientos y morrones
Frutos también explicó que la mayor parte de la producción nacional corresponde a pimiento verde, mientras que los morrones de colores tienen menor presencia en el mercado local.
“Los pimientos verdes generalmente se cosechan antes de su maduración completa. Dependiendo de la variedad, cuando maduran pueden volverse rojos o amarillos, pero estas plantas no están preparadas para llegar a esa etapa porque reduce su rendimiento”, explicó.
En cambio, los morrones —rojos o amarillos— son variedades desarrolladas específicamente para completar su proceso de maduración en la planta.
“Los morrones son más carnosos y pesados, pero también más sensibles a enfermedades y a las altas temperaturas. Además, se dañan y se pudren con más facilidad”, indicó.
Por estas razones, gran parte de los morrones que se comercializan en el país proviene del exterior.
“Hoy casi el 100% de los morrones de colores es importado, porque su producción local requiere un manejo más complejo y tiene un nicho de mercado más reducido”, añadió.
Producción nacional
Actualmente, el MAG trabaja con 160 productores dentro del plan pimiento, aunque la superficie cultivada sigue siendo menor que la del tomate.
“El consumo nacional de pimiento es de entre 70 y 90 toneladas mensuales, mientras que el tomate llega a unas 220 toneladas diarias”, detalló Frutos.
A pesar de las diferencias en volumen, el especialista destacó que la producción de pimiento verde logró estabilidad en los últimos años.
“Hace casi tres años estamos manteniendo una producción bastante estable de pimiento verde. No tenemos caídas extremas en el mercado”, señaló.
Hacia una política de extensión más tecnológica
Frutos remarcó que el uso de equipos de diagnóstico en campo permite detectar rápidamente los problemas productivos y aplicar soluciones inmediatas.
“Si uno va a la parcela sin equipos, puede mirar la planta pero no saber exactamente cuál es el problema. Con estos equipos podemos detectar la falla y dar una solución que en 15 a 20 días ya muestra resultados”, explicó.
El especialista sostuvo que este modelo de asistencia técnica podría convertirse en una política pública de extensión agrícola.
“Si demostramos que funciona y es sostenible, este modelo con equipamiento de diagnóstico en campo debería aplicarse en todo el sistema de extensión para mejorar la productividad”, afirmó.
Finalmente, Frutos adelantó que el país también busca avanzar hacia mayor industrialización de la producción hortícola, comenzando por el tomate.
“Cuando hay exceso de producción muchas veces se pierde fruta que ya no tiene valor comercial, pero que sí puede tener valor industrial. El primer paso es producir pulpa de tomate, lo que permitiría aprovechar esos excedentes y generar valor agregado”, concluyó.