En los negocios la ética y la integridad son fundamentales, al generar el conocimiento común de confiabilidad necesario para que los mercados y las organizaciones funcionen eficientemente, reduciendo riesgos y costos de coordinación. Ahora, la gran mayoría de las capacitaciones de compliance preparan a los colaboradores de las empresas para reconocer y rechazar situaciones que, en la práctica, casi nunca ocurren.
Los casos de estudio típicos presentan un proveedor ofreciendo abiertamente una comisión ilegal, un funcionario público que sin rodeos solicita un soborno, o un superior que sin ambigüedad ordena a su subordinado que mienta o falsifique un documento. Aquí, la intención corrupta es tan clara que cualquier persona razonable, capacitada o no, sabría qué hacer. Son proposiciones directas que generan lo que se denomina "conocimiento común" de la transgresión propuesta.
El problema es que con generosidad, los escenarios descriptos representan el 1% de las situaciones de riesgo ético capaces de suscitarse. El otro 99% sucede en la zona gris de la ambigüedad calculada: insinuaciones, eufemismos y conversaciones aparentemente inocentes, cuyo significado real todos entienden.
Lo que falta: conocimiento común y lenguaje indirecto
Ahora, existe una teoría del conocimiento común que ofrece el marco conceptual que falta en la literatura sobre integridad empresarial.
La diferencia es sutil pero decisiva en términos operativos. Existen tres supuestos. El conocimiento privado: la persona A conoce un hecho X, la persona B también, pero ninguna sabe que la otra lo sabe. Se da una atomización que frena cualquier respuesta colectiva. El conocimiento recíproco: A sabe que B sabe, y B sabe que A sabe, pero sin certeza mutua de ese reconocimiento; un estado de sospecha informada sin validación pública. Y el conocimiento común: A saber X, B sabe X, A sabe que B lo sabe, B sabe que A lo sabe, y así infinitamente. Este último estado pasa de una curiosidad lógica a un punto focal que transforma cualitativamente las relaciones sociales.
¿Cuál es la diferencia práctica? Cuando una proposición se vuelve conocimiento común, genera obligaciones, compromisos y exposiciones imposibles de ignorar. Es irreversible. Una vez que algo se dice abiertamente, no puede retirarse.
Por qué el lenguaje indirecto no es una falla gramatical
De esta forma, las personas sistemáticamente usan el lenguaje indirecto para evitar generar conocimiento común en situaciones delicadas, con una sofisticación que desafía las explicaciones simplistas.
La mecánica es clara. El lenguaje indirecto permite que una intención se entienda en privado, sin que se convierta en verdad oficial entre los interlocutores. Si la propuesta es rechazada, ambas partes pueden actuar como si nunca ocurrió. Lo que se niega plausiblemente no es necesariamente la intención, que suele ser evidente al 99%, sino el conocimiento común de esa intención.
Esta distinción tiene consecuencias jurídicas directas. El directivo que indirectamente pide un "favor" mantiene la relación en una zona de ambigüedad. Para un auditor o investigador, la situación presenta un desafío particular: aunque ambas partes entienden la intención, no existe validación pública del intercambio. Lo "conocido" en sentido cotidiano no equivale a "conocimiento común" en sentido técnico, y la corrupción se refugia en esa distancia.
Lo que entiende el gerente y no entiende el manual de capacitación
Un colaborador que completa una capacitación de compliance estándar está preparado si le dicen: "Le ofrecemos una comisión del 10% si nos adjudica el contrato." Pero estará completamente desarmado si le dicen: "Valoramos construir relaciones de largo plazo con nuestros aliados estratégicos. Las empresas que entienden esto suelen encontrar que hay varias formas de generar valor mutuo más allá del proyecto específico."
Ambas proposiciones pueden cargar la misma intención subyacente. La segunda, sin embargo, evita deliberadamente generar conocimiento común, con lo cual ambas partes pueden mantener la ficción de una conversación de negocios legítima.
Los programas tradicionales ignoran que la ambigüedad no es un defecto de comunicación, sino una característica estratégica valiosa para ambas partes de una transacción potencialmente corrupta. Para el proponente, la ambigüedad ofrece negación plausible, reducción del riesgo de rechazo, y preservación de la relación si la propuesta no prospera. Para el receptor, permite evitar una confrontación capaz de dañar la relación, mantener opciones abiertas y rechazar sin acusación explícita. La prevalencia de las proposiciones indirectas no es accidental; resulta de una optimización racional por ambas partes.
Repensar la capacitación: cuatro principios operativos
Así, es necesario repensar las capacitaciones de compliance desde sus fundamentos, en base a cuatro principios:
- Enseñar a reconocer patrones lingüísticos: Es necesario aprender a identificar los marcadores de proposiciones indirectas: eufemismos vacíos, condicionalidad estratégica, reciprocidad implícita, presuposiciones cargadas. No como evidencia concluyente de intención corrupta, sino como señales que justifican una respuesta calibrada.
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Desarrollar conciencia metacognitiva sobre el conocimiento común. Una respuesta como "entiendo perfectamente" o "sé exactamente de lo que habla" puede inadvertidamente convertir una propuesta ambigua en conocimiento común, forzando una decisión binaria que puede evitarse. Los colaboradores necesitan practicar respuestas que afirmen límites éticos sin acusar explícitamente, que reorienten la conversación hacia marcos institucionales legítimos, y que dejen registro de la posición ética sin generar confrontación innecesaria.
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Simular la presión psicológica. Los métodos tradicionales, casos escritos y discusiones de grupo, no replican la presión psicológica de situaciones donde el proponente puede ser un cliente importante, la relación empresarial tiene valor legítimo, rechazar torpemente puede tener costos empresariales reales, y la ambigüedad genuina coexiste con sospecha razonable. Si la capacitación no reproduce esta complejidad, no prepara para la realidad.
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Entrenar en documentación de la ambigüedad. ¿Cómo se denuncia algo que nunca se dijo explícitamente? ¿Cómo se documenta una insinuación? Se necesitan herramientas para distinguir entre interpretación subjetiva y evidencia objetiva, para documentar contexto además de palabras textuales, y para explicar por qué una proposición aparentemente inocente resulta sospechosa dado el contexto específico. Los canales de denuncias suelen estar diseñados para recibir reportes de transgresiones explícitas, pero no para procesar estas señales más sutiles.
Implicaciones para el diseño de los sistemas de compliance
Como se ve, la integridad real no resulta de reglamentos privados que nadie lee ni de capacitaciones que nadie recuerda, sino de convertir las normas éticas en conocimiento común capaz de eliminar cualquier espacio para la hipocresía organizacional. Cuando la ética es lo que todos saben que todos saben, la excelencia se convierte en la única convención posible.