En el mundo de las mipymes, muchas veces el problema no es la falta de esfuerzo. Es la falta de herramientas que traduzcan ese esfuerzo en estabilidad. Se trabaja mucho, se venden productos, se atiende clientes, se resuelven urgencias… pero el negocio sigue sintiéndose frágil. ¿Por qué? Porque la fragilidad casi siempre está en lo invisible: en un flujo que no se registra, en pagos que se mezclan, en decisiones que se toman sin información, en días buenos que no construyen futuro y días malos que arrasan con todo.
Por eso, me gusta pensar que la inclusión financiera no empieza con un crédito. Empieza con una base. Y esa base es una cuenta transaccional que permita operar formalmente, ordenar ingresos y egresos, y generar trazabilidad. En términos sencillos: una cuenta es el punto donde el negocio empieza a “verse”. Y lo que se ve, se puede mejorar.
Con ese enfoque impulsamos la Cuenta Básica mipymes a través de Avanza Mipymes, como un mecanismo práctico y accesible para que más empresas puedan dar ese primer paso. Esta iniciativa se apoya en la Cédula Mipymes, que funciona como un instrumento de formalización y validación: identifica al negocio y habilita un proceso más ágil para iniciar la solicitud. Está dirigida a Mipymes con Cédula Mipymes vigente y representante legal identificado, reduciendo fricciones innecesarias y acercando el sistema financiero donde antes parecía lejano. Como información, este producto será lanzado en el mes de febrero, representando un hito relevante dentro de los esfuerzos del Gobierno por generar beneficios concretos para las Mipymes formalizadas.
El proceso es simple: desde Avanza, la Mipymes valida su información asociada a la Cédula Mipymes, elige una entidad financiera (IFI) y hace seguimiento del estado de su solicitud. Y aquí hay algo fundamental que decir con claridad: Avanza facilita el acceso, pero la IFI es quien analiza, aprueba, abre y administra la cuenta, conforme a la normativa vigente y a sus políticas internas. Esta coordinación no solo ordena responsabilidades: también construye confianza.
Lo que viene después es lo verdaderamente transformador. Porque una cuenta no es “solo una cuenta”. Es:
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Orden: movimientos registrados, más control, menos improvisación.
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Trazabilidad: el negocio deja huella, y esa huella cuenta una historia real.
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Eficiencia: pagos y cobros más ágiles (según canales de la IFI).
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Historial: la base para acceder progresivamente a mejores productos y condiciones.
Además, la Cuenta Básica MIPYMES fue concebida para ser un producto de entrada: sin costo de apertura ni mantenimiento, con reglas prudenciales y, en general, sin sobregiro automático para evitar endeudamiento no planificado. Y al operar dentro del sistema, los fondos cuentan con los resguardos establecidos por la normativa, incluyendo la protección del Fondo de Garantía de Depósitos, conforme al marco del Banco Central.
Pero si tengo que elegir una sola idea para resumirlo, es esta: una cuenta convierte el esfuerzo en evidencia. Y cuando hay evidencia, hay posibilidad. Porque el sistema financiero no premia la intención; premia la información. No premia “lo que creo que vendo”; premia lo que puedo demostrar. La cuenta permite demostrar flujo, comportamiento y consistencia. Y eso abre puertas: desde medios de pago y productos más completos, hasta financiamiento productivo, protección y herramientas que fortalezcan el patrimonio del negocio.
Creo profundamente que el desarrollo de las MIPYMES se construye cuando logramos que los pasos correctos sean fáciles de dar. Formalizar, ordenar y crecer no debería ser un privilegio: debería ser un camino posible. La Cuenta Básica Mipymes vía Avanza, apoyada en la Cédula Mipymes, busca exactamente eso: que más empresas puedan pasar de la supervivencia a la estabilidad, y de la estabilidad a la expansión.
Porque a veces, el futuro de un negocio empieza con algo tan simple como animarse a dar el primer paso. Y ese primer paso —bien hecho— puede abrir muchos caminos.