El proyecto, liderado por la organización neerlandesa TNO, aplicado sobre superficie curva, logró una eficiencia energética del 12,4 % incluso después de integrarse en la propia teja, una cifra destacada teniendo en cuenta las dificultades de generar energía en superficies no planas. En pruebas de laboratorio, las células alcanzaron hasta 13,8 % de eficiencia antes de ser montadas.
Clave en este avance fue la colaboración con ASAT Energy, una empresa holandesa especialista en tecnologías de energía renovable. ASAT adaptó módulos solares flexibles basados en perovskita a un diseño de teja que conserva el perfil y el aspecto de las cubiertas tradicionales, sin añadir peso o cambios visuales notables.
Lo que hace única a esta tecnología es el uso de perovskita, un material que irrumpió en la investigación solar por ser ligero, flexible y menos costoso que el silicio tradicional. Estas propiedades permiten crear módulos ultradelgados que se pueden aplicar sobre materiales curvos sin perder eficiencia significativa.
A diferencia de los paneles solares convencionales, que suelen ser voluminosos y requieren estructuras específicas de soporte, estas tejas se integran directamente en el diseño arquitectónico del edificio. Esto representa un salto dentro del concepto conocido como BIPV (fotovoltaica integrada en edificios), donde elementos estructurales —como fachadas y techos— funcionan también como generadores de energía limpia.
Especialistas destacan que el desarrollo no se quedó en la fase experimental. Gracias al aporte tecnológico de ASAT, ya se realizaron aplicaciones reales, lo que acerca esta innovación a la producción a gran escala. De hecho, los procesos utilizados son compatibles con técnicas industriales roll-to-roll, lo que facilitaría su fabricación masiva y reduciría costos de producción.
Pese al entusiasmo, existen desafíos. La durabilidad de los perovskitas frente a condiciones ambientales extremas como humedad o calor intenso sigue siendo un tema que los científicos y las empresas deben resolver antes de una adopción generalizada. La resistencia a largo plazo bajo exposición solar continua es clave para garantizar que estos materiales funcionen eficazmente durante décadas.
Este desarrollo abre una nueva posibilidad para integrar generación eléctrica en viviendas y edificios sin recurrir a paneles solares tradicionales. La tecnología apunta a que los techos cumplan una doble función: proteger la estructura y producir energía, lo que podría influir en futuros proyectos de construcción y en la expansión de la fotovoltaica integrada en edificios.