Paraguay amplió su ventaja comercial frente a Uruguay y llevó el saldo favorable a US$ 105,4 millones en el periodo de 2026 contemplado en el Sistema Informático de Comercio Exterior (Sicex) del Banco Central del Paraguay (BCP). El resultado surge de exportaciones por US$ 163,6 millones frente a importaciones por US$ 58,2 millones.
El superávit representa un crecimiento del 21,4% frente a los US$ 86,8 millones registrados en 2025. La particularidad es que este aumento se produce pese a una caída de las exportaciones paraguayas, que retrocedieron 15,5% respecto al periodo anterior. La explicación está en el fuerte descenso de las compras a Uruguay, que se redujeron 45,5%.
En términos simples, por cada US$ 1 que Paraguay compra de Uruguay, coloca aproximadamente US$ 2,81 en productos en ese mercado.
El intercambio también deja en evidencia una matriz comercial bien diferenciada. Paraguay concentra sus ventas en productos agropecuarios y agroindustriales, mientras que las importaciones desde Uruguay presentan una composición más diversificada, con alimentos, medicamentos, agroquímicos, productos de higiene y equipamientos.
Entre los principales productos exportados en 2026 aparecen la harina y los pellets de soja, con US$ 25,6 millones; la carne bovina fresca o refrigerada, con US$ 21,8 millones; el maíz en grano, con US$ 19,7 millones; y los salvados y residuos de maíz, con US$ 11,6 millones.
Solo estos cuatro productos concentran cerca del 48% de las exportaciones paraguayas hacia Uruguay, confirmando el peso del complejo agropecuario en la relación bilateral.
También aparecen arroz con cáscara, salvados y residuos de leguminosas, carne bovina congelada, sebo bovino fundido y vacunas contra la fiebre aftosa. Entre los bienes industriales figura, además, la exportación de barcos para transporte de mercancías, por US$ 4,8 millones.
La composición muestra, por tanto, que la soja, el maíz y la carne son los principales motores del comercio paraguayo con Uruguay.
Del otro lado, la canasta de productos uruguayos que ingresa a Paraguay es diferente. El principal producto es la malta sin tostar, con US$ 5,3 millones, seguido por compresas, tampones y pañales; queso fundido; aparatos elevadores y transportadores; vacunas veterinarias; conductores eléctricos; fungicidas y medicamentos.
Para Federico Esmite, presidente de la Cámara de Comercio Paraguayo-Uruguaya, la relación bilateral ya excede ampliamente el comercio de bienes. La organización cuenta actualmente con más de 80 empresarios vinculados a ambos países, frente a poco más de 30 socios hace cinco años.
“Ya no son solo los rubros tradicionales, no hablamos solo del agro. Pasamos a real estate, inversiones inmobiliarias, servicios de arquitectura, software”, destacó Esmite en entrevista con InfoNegocios.
El dato comercial, de hecho, convive con una creciente presencia de capital uruguayo en Paraguay, particularmente en inversiones inmobiliarias, agricultura, tecnología agropecuaria y servicios profesionales. Esmite también resaltó el papel de Uruguay como puerta de entrada y salida de productos paraguayos hacia el exterior, especialmente por su infraestructura y conexión portuaria.
En ese sentido, representantes del Instituto Nacional de Logística de Uruguay (INALOG) mantuvieron reuniones en Paraguay para explorar mecanismos de cooperación con organismos locales del sector, con el objetivo de mejorar las condiciones logísticas y la conectividad.
Otro movimiento interesante aparece al comparar la composición de las exportaciones. En 2025, los porotos de soja representaban US$ 23,9 millones entre los principales productos vendidos a Uruguay, mientras que en 2026 dejan de figurar entre los primeros puestos. En contrapartida, la harina y los pellets de soja avanzan de US$ 24,9 millones a US$ 25,6 millones y la carne bovina fresca sube de US$ 15,3 millones a US$ 21,8 millones.
El comportamiento podría estar reflejando una mayor participación de productos procesados y agroindustriales dentro de la canasta exportadora, aunque el agro sigue siendo el denominador común del intercambio.
Así, mientras Paraguay mantiene una posición claramente favorable en bienes, la relación bilateral comienza a abrirse hacia nuevos negocios. “Tratamos de potenciar la hermandad para que se convierta en productividad y que esa productividad termine en el bolsillo de la gente y en la mejora del bienestar”, resumió Esmite.