Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la evaluación periódica de la salud en la infancia y la adolescencia permite “identificar problemas clínicos o determinantes sociales que afectan el aprendizaje, el bienestar emocional y las actividades físicas”, lo que coincide con la perspectiva de profesionales de la salud escolar.
¿Qué evalúa una inspección médica?
El proceso se desarrolla bajo un protocolo sistemático que examina diversos aspectos de la salud del estudiante. Incluye la anamnesis clínica —con revisión de antecedentes personales y familiares—, el control de signos vitales como la presión arterial y la frecuencia cardíaca, además de un examen físico general que abarca los sistemas musculoesquelético, respiratorio y cardiovascular. También se incorpora la valoración mediante electrocardiograma y la emisión del certificado de aptitud física.
De acuerdo con estudios publicados en la Revista Latinoamericana de Pediatría, el uso de protocolos estandarizados en evaluaciones médicas escolares aumenta la detección de condiciones como anemia, problemas respiratorios y alteraciones cardiovasculares, lo que permite intervenciones tempranas que reducen las ausencias escolares y mejoran la calidad de vida de los estudiantes.
Etapas del desarrollo que requieren atención especial
Aunque todos los períodos del crecimiento requieren evaluación médica anual, ciertos momentos son más críticos. La etapa preescolar, la pubertad y la adolescencia son fases de cambios físicos y funcionales intensos, y en ellas pueden surgir alteraciones posturales, visuales o metabólicas que a menudo no se detectan sin controles adecuados.
Lo ideal, según la Dra. Furtado, es realizar la inspección al menos una vez al año, “preferentemente al inicio del ciclo lectivo”, y sumar controles adicionales si el niño “presenta alguna condición crónica o síntomas nuevos” o participa activamente en deportes.
Hallazgos más frecuentes
Durante las inspecciones, es común identificar señales clínicas que requieren atención. Entre ellas se destacan carencias nutricionales como la anemia ferropénica, especialmente prevalente en la infancia y asociada con fatiga, palidez y bajo rendimiento físico y cognitivo. También se detectan con frecuencia arritmias o bloqueos a través de la auscultación y el electrocardiograma que, aunque muchas veces asintomáticos, representan factores de riesgo durante la actividad física.
Estas observaciones están alineadas con informes de la Academia Americana de Pediatría, que señalan que la detección temprana de problemas cardiovasculares y respiratorios en contextos escolares contribuye a prevenir eventos adversos durante la práctica de deportes y promueve condiciones óptimas para la participación física segura.
Prevención y rol de las familias
“La inspección cumple un rol clave en la prevención. Permite anticiparnos, orientar a las familias y promover hábitos saludables que reducen ausencias escolares y complicaciones de salud durante el año”, enfatizó la especialista.
Entre los signos de alerta que indican la necesidad de una evaluación médica inmediata se encuentran “fatiga excesiva, dificultad para respirar, dolor torácico, mareos, desmayos, pérdida de peso inexplicada, infecciones frecuentes o cambios en el comportamiento”.
En cuanto a la preparación previa a la consulta, la Dra. Furtado aconsejó a los padres promover un ambiente de confianza: “La clave es la confianza. Nunca use al médico ni las inyecciones como una broma para sus hijos… Explíquele que el médico es un aliado. Anime a su hijo a expresar sus síntomas si es que siente algo”.
Normativa y contexto actual
En Paraguay, el certificado médico para la participación en clases que incluyan actividad física es obligatorio al inicio del año lectivo. Así lo establece la Resolución N.º 08/2012 del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPyBS), en concordancia con la Ley N.º 1680/2001 del Código de la Niñez y la Adolescencia.
Además, la inspección médica se realiza de manera gratuita en los servicios dependientes del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, lo que garantiza el acceso equitativo a esta evaluación esencial para el inicio del año escolar.
Asimismo, tras períodos de cambios en los estilos de vida que han incrementado el sedentarismo y generado retrasos en controles rutinarios, esta instancia no solo cumple una función normativa, sino que se convierte en una oportunidad estratégica para fortalecer la prevención y priorizar la salud infantil.