Caminabilidad urbana: cómo caminar revela el nivel de desarrollo y calidad de vida de una ciudad

La teoría de la caminabilidad parte de una idea sencilla, cuando una ciudad está bien diseñada para caminar, mejora la vida en todo su conjunto y sentido. La idea de que una ciudad debe ser caminable no es nueva. La urbanista Jane Jacobs ya defendía en los años 60 la importancia de calles activas, con “ojos en la calle”, donde la vida cotidiana genera seguridad y comunidad.

En el 2012, el urbanista estadounidense Jeff Speck sistematizó este enfoque en su libro Walkable City, donde propuso cuatro condiciones claras para que una ciudad sea verdaderamente caminable: que sea útil, segura, cómoda e interesante. Estas ideas hoy son centrales cuando se habla de desarrollo sostenible y calidad de vida urbana.

Caminar es una acción cotidiana. Sin embargo, en el ámbito urbano, la posibilidad de desplazarse a pie revela mucho más que una forma de movilidad: puede mostrar cómo se planifica una ciudad, cómo se distribuyen sus servicios y qué lugar ocupan las personas en el diseño del espacio público.

Pensar la ciudad desde las personas

Para el arquitecto Fernando Maidana, especialista en planificación y desarrollo de ciudades, Una ciudad caminable es aquella que fue diseñada considerando primero a las personas; es decir, significa una mayor libertad y capacidad para que las personas puedan satisfacer sus necesidades a menos de 20 minutos caminando, sin tener que comprar o, en muchos casos, endeudarse para tener un auto y así movilizarse.

“Significa una ciudad que promueve la salud física y mental de las personas. También significa menos emisiones de gases contaminantes y de efecto invernadero. Lo más importante de todo esto es la libertad financiera que te da la ciudad caminable. No te obliga a endeudarte un montón para tu movilidad diaria. Y, por supuesto, la salud física y mental”, expresó.

Por su parte, el arquitecto Ricardo Meyer, especialista en recuperación de poblados históricos, señaló que la caminabilidad está directamente relacionada con la accesibilidad y la calidad de vida, porque permite desplazarse de manera independiente, sin importar la capacidad física, ya sea un niño, un adulto mayor, una persona en silla de ruedas o con visibilidad disminuida.

El concepto no se limita a la existencia de veredas, abarca iluminación, seguridad, continuidad peatonal y condiciones adecuadas del espacio público.

Las cuatro condiciones en la experiencia cotidiana

Según Speck, una ciudad es caminable cuando caminar es útil, seguro, cómodo e interesante.

“Depende de la zona y de la persona. Evidentemente falta infraestructura, dinero, superficies que sean seguras y lisas, buena iluminación. Se necesita sombra para que la caminata sea agradable. El camino más corto entre dos puntos no necesariamente es el más breve, sino el que a mí me hace sentir mejor, más seguro y cómodo, con mejores vistas”, comentó Meyer

En ese sentido, Maidana coincidió en que la experiencia urbana en Paraguay aún es limitada: “Hoy en casi todo Paraguay es muy hostil caminar. Las veredas rotas, la falta de iluminación e inseguridad, la creciente tala de árboles y la falta de sombra para caminar en días de calor. Hoy es inseguro e incómodo caminar. Y es el doble de imposible para personas en sillas de ruedas”.

Planificación urbana

En Paraguay, muchas ciudades funcionan como “ciudades dormitorio”. Maidana explicó que esto se debe a que, cuando en una ciudad hay poco trabajo, no existen universidades o espacios de ocio, las personas se ven obligadas a utilizar sus ciudades únicamente como dormitorios y realizar el resto de sus actividades en otra ciudad.

“Si la ciudad es caminable, significa que la municipalidad planificó y fomentó la inversión privada, para que la gente pueda llegar a su trabajo, universidad, restaurantes, etc. Hay una correlación directa con la planificación urbana, la prosperidad económica y la caminabilidad de la ciudad”.

El clima paraguayo refuerza la necesidad de contar con espacios con sombra y árboles. Para Maidana, es imposible pensar en ciudades caminables sin arbolado, por lo que la financiación de programas de arborización urbana resulta esencial si se quiere avanzar hacia un futuro más verde, sostenible y saludable. “En cada vereda donde dé el espacio, debemos plantar árboles”, agregó.

Sobre este punto, Meyer remarcó la diferencia de grados entre una zona arbolada y una zona de cemento, señalando que, además, se trata de una manera económica y ecológica de contribuir a la climatización de la ciudad.

 Caminabilidad, economía local y sostenibilidad

Los especialistas coincidieron en que la caminabilidad tiene un impacto directo en la economía local. Al respecto, Maidana dijo que las ciudades caminables tienden a ser más prósperas, ya que su diseño permite que las personas se detengan de manera espontánea en despensas, cafeterías o comercios durante sus recorridos cotidianos. Este mayor movimiento no solo fortalece la actividad económica, también contribuye a generar entornos urbanos más seguros.

En la misma línea, Meyer sostuvo que una mayor presencia de personas en las calles incrementa la seguridad y dinamiza el comercio local. Fomentar el hábito de caminar también ayuda a reducir la contaminación, disminuir el uso del automóvil y mejorar la salud pública, consolidando así múltiples beneficios para la ciudad y sus habitantes.

Un recorrido a pie como diagnóstico urbano

Si alguien caminara durante 15 minutos por Asunción, se encontraría con realidades muy diversas. Ese recorrido dejaría en evidencia la falta de planificación e inversión en la ciudad, con veredas rotas, marañas de cables y calles con escasa iluminación. “Algunos espacios, como el Parque Caballero, tienen buena sombra y son agradables, pero otros, como la costanera en verano, son casi inhumanos para caminar”, explicó Maidana.

Meyer coincidió en que el Centro Histórico de Asunción posee un gran valor urbano y patrimonial, pero caminar por la zona se vuelve complejo debido a las condiciones de la infraestructura y la seguridad. “Un recorrido a pie permite evaluar de manera concreta cómo estamos planificando nuestro desarrollo urbano y sostenible”.

La caminabilidad no es únicamente una cuestión de movilidad. Es un indicador que integra accesibilidad, medio ambiente, economía local y calidad de vida. Analizar cuánto y cómo se puede caminar en una ciudad permite reflexionar sobre el modelo de desarrollo que se está construyendo.

Porque, en definitiva, el desarrollo sustentable también se manifiesta en algo cotidiano: la posibilidad real de desplazarse a pie de manera segura, cómoda y accesible.

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