Un ejemplo es la Compañía Paraguaya de Alcoholes SA (Capasa). Su historia se remonta a comienzos del siglo XX, cuando el auge de los productores de caña blanca impulsó la creación de una asociación de destilerías en 1909. Y, si nos vamos unos años más atrás, podemos remontarnos al origen del histórico edificio ubicado en el casco antiguo de Asunción, construido en 1904 a partir del proyecto del Ing. Luis Zini y Natalio Rapetti, que inicialmente fue sede del Palacete Municipal de la Capital.
Sin embargo, durante la Guerra del Chaco fue sede del Ministerio de Guerra y Marina. Ubicado sobre las calles Palma y Garibaldi, fue declarado Patrimonio Arquitectónico Nacional. Décadas más tarde, en 1941, se fundó la Corporación Paraguaya de Alcoholes (Copal), que en 1951 pasó a denominarse Administración Paraguaya de Alcoholes (APAL). Durante gran parte del siglo pasado, la entidad se consolidó como líder del mercado nacional en el segmento de cañas paraguayas, convirtiéndose en una marca profundamente arraigada en la identidad cultural del país.
Con la transición política de los años 90, APAL cambió su razón social y en 1993 nació oficialmente Capasa, empresa que desde entonces continuó con la producción de las tradicionales variedades nacionales bajo la marca Aristócrata.
Actualmente, la compañía atraviesa una etapa de reactivación y reorganización con el objetivo de recuperar posicionamiento dentro del mercado local y fortalecer la industria de la caña paraguaya. José Barbosa, presidente de la entidad, aseguró que asumieron “un desafío muy grande”, teniendo en cuenta el peso histórico y cultural que representa la marca.
“Es una marca que viene desde comienzos del siglo pasado y que nació justamente gracias a la unión de productores de caña blanca del país. Hay generaciones enteras que crecieron conociendo Aristócrata y la historia de Capasa”, expresó. Según Barbosa, hoy la empresa posee alrededor del 10% del market share del mercado de cañas paraguayas y apunta a recuperar espacio dentro de un segmento altamente competitivo. Para ello, uno de los principales ejes de trabajo es el reordenamiento financiero de la compañía.
“El negocio de la caña requiere mucha espalda financiera. Nosotros compramos hoy la materia prima y ese producto recién puede salir al mercado dentro de ocho, diez o quince años, después del proceso de añejamiento. Es una inversión de largo plazo”, explicó.
El proceso de elaboración sigue manteniendo el método tradicional que históricamente caracterizó a la firma. Capasa funciona como una fraccionadora de caña blanca, destinando el producto a toneles y barriles de roble o incienso, donde adquiere su maduración y el característico color ámbar que distingue a la bebida. “La madera le da el bouquet al producto. La caña blanca va transformándose con el paso de los años y luego se baja a graduaciones de entre 30 y 40 grados para su comercialización”, detalló.
Actualmente, la producción mensual de Aristócrata ronda las 30.000 cajas por mes. Sin embargo, Barbosa reconoció que existe una demanda insatisfecha y que el objetivo de los próximos años será ampliar la capacidad de cobertura del mercado nacional. “Tenemos mucho más mercado por cubrir y queremos reconquistar al consumidor paraguayo”, afirmó.
Dentro de ese plan de reactivación, Capasa apunta a fortalecer el vínculo emocional y cultural de la marca con el público. Entre las iniciativas impulsadas se encuentran los recorridos turísticos que se realizan los sábados en la planta, donde visitantes locales y extranjeros pueden conocer el proceso de producción y la historia de la empresa.
Además de Aristócrata, también desarrolló otras líneas de productos, como el whisky Old Cottage. Barbosa comentó que esta bebida nació a partir del trabajo de ingenieros y especialistas encargados del desarrollo de productos dentro de la empresa.
“Es un whisky bastante dulce y tuvo muy buena aceptación. Entrar al mercado mundial del whisky es muy difícil, pero el producto gustó bastante”, indicó. No obstante, aclaró que hoy el foco principal continúa siendo la recuperación y consolidación de Aristócrata como marca insignia.
La industria de la caña de azúcar también tiene un fuerte impacto económico y social dentro del país. Según Barbosa, actualmente existen más de 100.000 hectáreas cultivadas de caña de azúcar en Paraguay, principalmente en zonas como Guairá, Paraguarí y Arroyo Estero. “La mayor parte de la producción se destina a la elaboración de azúcar, seguida por alcoholes para consumo y uso vehicular, mientras que una parte también se utiliza como forraje”, dijo. Asimismo, señaló que el sector genera entre US$ 60 millones y US$ 65 millones mensuales en el ámbito privado.
“Es una cadena que involucra a muchísimas personas y genera una fuente de trabajo muy importante en el interior del país. Permite que mucha gente pueda capacitarse y trabajar en el lugar donde nació”, sostuvo.
En cuanto a las proyecciones para 2026, Barbosa señaló que el principal objetivo será estabilizar financieramente la empresa y continuar abasteciendo el mercado local. No obstante, reconoció que existen oportunidades interesantes para la exportación, especialmente en el segmento del ron paraguayo. “Tenemos interesados del exterior y creemos que, como ron, tenemos futuro afuera. Pero primero debemos cubrir nuestro mercado nacional”, puntualizó.
Por otro lado, Barbosa comentó que la combinación entre tradición, calidad y precio accesible continúa siendo una de las principales fortalezas de Aristócrata y de la caña paraguaya en general. “Tanto la caña como la chipa son productos muy nobles, de buena calidad y económicos. Eso hace que el consumidor siga manteniendo su preferencia”, dijo.