La banana sobra, pero faltan compradores: productores venden desde G. 15.000 la caja

(Por SR) Productores de Guajayví enfrentan dificultades para colocar su cosecha de banana, pese a contar con unas 500 hectáreas cultivadas. La caja se comercializa desde G. 15.000 y el sector busca nuevos canales de venta.

La producción está disponible, pero el mercado no responde. Productores de banana de Guajayví atraviesan un escenario de baja demanda y precios que presionan la rentabilidad de una actividad de la que dependen numerosas familias rurales de la zona.

Guajayví cuenta actualmente con unas 500 hectáreas destinadas al cultivo de banana, según estimaciones de los productores, sin incluir las superficies cultivadas en Yrybucuá y Santaní. El volumen convierte a la zona en uno de los principales núcleos productivos del rubro y genera movimiento económico para familias dedicadas al cultivo, cosecha, transporte y comercialización.

Sin embargo, el problema está en la salida de la producción. Los agricultores advierten que actualmente cuesta cada vez más encontrar compradores dentro del país, mientras que el precio recibido por caja puede partir de G. 15.000.

La situación contrasta con los valores que puede alcanzar el producto en determinados puntos de comercialización. Los productores señalan que una caja puede llegar hasta G. 40.000 en el mercado, lo que evidencia la brecha existente entre lo que recibe el agricultor y el precio final.

Para los productores, esta diferencia no representa solamente una cuestión comercial, sino también una amenaza directa a la rentabilidad de las fincas. Cuando la demanda disminuye, el agricultor queda expuesto a vender a precios más bajos o, directamente, a no conseguir una colocación rápida para una producción que tiene una ventana limitada de comercialización.

El impacto trasciende a quienes cultivan directamente la banana. De acuerdo con los productores, cerca del 70% de las familias asentadas en el área rural de Guajayví dependen de esta actividad para generar ingresos.

Por eso, la dificultad para colocar la cosecha repercute en toda la cadena. Menores precios significan menos recursos para cubrir costos de producción, contratar mano de obra, transportar la fruta y mantener las plantaciones.

El escenario también plantea un desafío para una producción que necesita consolidar mercados estables. La disponibilidad de superficie productiva no necesariamente se traduce en mejores ingresos si no existe una demanda capaz de absorber el volumen generado.

La búsqueda de compradores fuera del mercado nacional aparece como otra alternativa para los productores. Sin embargo, el sector también enfrenta dificultades para conseguir precios que compensen los costos y riesgos asociados a la exportación.

En mayo de este año, productores de banana advirtieron sobre el impacto que estaba generando la caída del dólar en el negocio exportador. Según estimaciones difundidas por el sector, una cotización cercana a G. 6.000 podría generar pérdidas de hasta G. 40.000 millones para los exportadores, frente a un promedio de G. 7.500 registrado durante 2025.

El contexto muestra que ampliar mercados es necesario, pero no suficiente. La actividad requiere compradores que permitan sostener precios competitivos para el productor y cubrir una estructura de costos cada vez más exigente.

Ante la dificultad para colocar la producción, los agricultores de Guajayví también miran hacia el programa Hambre Cero como una posible vía para generar una demanda más estable.

La incorporación de la banana a canales institucionales de compra podría permitir que parte de la producción tenga un destino asegurado y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de intermediarios.

Para los productores, el objetivo es avanzar hacia esquemas de comercialización que permitan conectar directamente la oferta rural con grandes compradores y mejorar la previsibilidad de los ingresos.

El desafío de Guajayví, en definitiva, no pasa por producir más banana, sino por encontrar mercados capaces de absorber lo que ya se produce. Con 500 hectáreas cultivadas y una importante cantidad de familias vinculadas al rubro, cada caja que no encuentra comprador representa un impacto directo sobre la economía de la zona.

En un negocio en el que el precio puede pasar de G. 15.000 en finca a G. 40.000 en determinados puntos de venta, el gran reto está en acortar esa brecha y conseguir que una mayor parte del valor quede en manos del productor.

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