¿Más cerca del sueño de hub tecnológico? Industria del software pide medir la demanda real de talento en la era de la IA

(Por SR) La llegada de School 42 abre una oportunidad para fortalecer el talento digital en Paraguay, pero desde la Cámara Paraguaya de la Industria del Software (Cisoft) advierten que el desafío principal será medir la demanda real del mercado y formar perfiles más conectados con los negocios.

Paraguay volvió a poner sobre la mesa su aspiración de convertirse en un hub tecnológico regional con el anuncio de la llegada de School 42 a Asunción, una academia internacional de programación nacida en Francia, gratuita, abierta y basada en proyectos. La iniciativa aparece como una señal importante para un país que busca posicionarse dentro del mapa regional de servicios tecnológicos, pero desde la industria del software advierten que el salto no dependerá solamente de abrir más espacios de formación, sino de saber con precisión qué tipo de talento necesita el mercado.

Sebastián Ortiz, vicepresidente de la Cámara Paraguaya de la Industria del Software (Cisoft), explicó a InfoNegocios que la formación profesional en tecnología atraviesa un momento de cambio profundo. Según señaló, hace apenas tres años la principal necesidad del sector era contar con una gran cantidad de programadores con formación técnica de alta calidad. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos de desarrollo modificó el perfil que hoy demandan las empresas.

“Antes lo que se necesitaba era una gran cantidad de programadores con formación de alta calidad. Hoy se necesitan programadores que no solo sepan programar, sino que entiendan los procesos de negocio subyacentes”, sostuvo Ortiz. Para el directivo, la programación sigue siendo relevante, pero dejó de ser el único cuello de botella dentro de la industria.

En ese sentido, afirmó que durante décadas el principal desafío estuvo en transformar ideas en código. Hoy, con el uso responsable de herramientas de inteligencia artificial, parte de esa tarea puede acelerarse, por lo que el diferencial empieza a estar en la capacidad de comprender un negocio, interpretar sus necesidades y convertirlas en soluciones tecnológicas útiles.

“El cuello de botella es, por un lado, el entendimiento de los negocios y, por otro, el entendimiento de los sistemas computacionales, no el conocimiento de lenguajes de programación específicos”, remarcó.

Ortiz indicó que incluso el concepto de calidad en la formación está cambiando. Ya no alcanza con medir si un egresado domina determinada tecnología, sino si su perfil coincide con lo que el mercado necesita actualmente y con lo que requerirá en los próximos años. Para la industria, ese punto es central, porque la demanda evoluciona a una velocidad mayor que la capacidad tradicional de los sistemas educativos para adaptarse.

La llegada de School 42 puede aportar valor en ese escenario, especialmente por su metodología basada en proyectos. Para Ortiz, este modelo tiene una ventaja pedagógica importante porque obliga al estudiante a resolver problemas concretos, trabajar con herramientas disponibles y adaptarse a entornos cambiantes.

“El modelo basado en proyectos es importantísimo, porque lleva al alumno a aprovechar todas las herramientas disponibles, incluso la IA”, afirmó.

Desde su mirada, ese enfoque permite una mayor dinámica en el aprendizaje y una adaptación más rápida a las necesidades del mercado. Por eso, considera que el aporte metodológico de School 42 puede ser incluso más relevante que el número de alumnos que forme en una primera etapa. En un sector donde las tecnologías cambian constantemente, aprender a resolver problemas puede pesar tanto como aprender un lenguaje específico.

No obstante, el vicepresidente de Cisoft advirtió que Paraguay todavía tiene una deuda estructural: la falta de datos sobre la oferta y la demanda de talento tecnológico.

“Nos resulta difícil estimar siquiera el número de programadores que tenemos hoy en día”, señaló.

Para Ortiz, sin esa información es complejo diseñar políticas públicas, orientar a las universidades o guiar a los jóvenes que están decidiendo qué estudiar.

El ejecutivo sostuvo que el país necesita una articulación más sólida entre el Estado, las instituciones educativas, el sector privado y los organismos de cooperación internacional. El objetivo debería ser construir información actualizada sobre cuántos profesionales se forman, qué perfiles requieren las empresas y cómo cambia esa demanda con el avance de la inteligencia artificial y la transformación digital.

“Estamos caminando en la oscuridad en ese sentido, cuando el mundo está corriendo con las luces prendidas”, expresó Ortiz.

La frase resume una preocupación del sector: Paraguay tiene condiciones para crecer en servicios tecnológicos, pero necesita mejores indicadores para tomar decisiones. Sin datos, el riesgo es formar talento sin saber si responde a las necesidades reales del mercado.

Ortiz comparó esta situación con otros sectores productivos, donde muchas veces los propios gremios deben financiar estudios que en otros países son elaborados por el Estado. Recordó el caso de una cámara vinculada a la producción agrícola, en la que empresas extranjeras no entendían por qué la organización privada debía pagar investigaciones sobre cifras productivas.

“No les entraba en la cabeza, porque en todos los países donde operaban, incluso en países no muy desarrollados, eso lo hacía el Estado”, comentó.

Para la industria del software ocurre algo similar con el mercado laboral tecnológico. Ortiz reconoció que hoy es difícil precisar cuáles son los perfiles más demandados o los más difíciles de encontrar, justamente porque el mercado cambia con rapidez y porque el país no cuenta con mediciones suficientemente sólidas. Por eso, insistió en que se necesita un trabajo constante para entender la evolución de la demanda.

Más allá de School 42, Paraguay tiene ante sí una oportunidad concreta: convertir la formación tecnológica en una herramienta de empleo, exportación de servicios y desarrollo económico. Pero para lograrlo, el sector considera clave encender esas “luces” del mercado laboral, ordenar la información disponible y alinear la formación con las necesidades reales de una industria que ya no busca solamente programadores, sino perfiles capaces de unir tecnología, negocios e innovación.

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